SITGES 2021: El arte de sobrevivir.

SITGES 2021: El arte de sobrevivir.

Por NACHO CABANA. 

El “survival” (subgénero del terror que, para los no iniciados, engloba a aquellas películas donde la supervivencia de un grupo de personajes amenazados por otro ocupa la mayoría del metraje) tiene las bazas de su éxito y eficacia en un elemento imprescindible: el ingenio tanto de los que han de llegar vivos al final del metraje como de los que han de impedirlo. Todo lo demás (las explicaciones, la psicología de los personajes) ha de quedar en un segundo término sin estorbar demasiado la peripecia central. 

The boy behind the door de David Charbonier y Justin Powell es un excelente “survival” y, junto a la ya comentada Son de Ivan Kavanagh, otro de los grandes títulos que estamos viendo en este Sitges 2021. Y lo es, en primer lugar porque a su director le basta con un prólogo y un epílogo para centrar la personalidad y naturaleza de la relación entre los dos preadolescentes protagonistas y usa el diseño de su antagonista como un estupendo punto de giro a la mitad del metraje con lo que evita que el segundo acto decaiga como suele ocurrir en tantas y tantas narraciones. 

Escamotean Charbonier y Powell (también guionistas) con soltura y sin descaro las informaciones que no les conviene dar, se ubican (y ubican al espectador) perfectamente dentro de la casa en la que se desarrolla la mayor parte de la acción y, además, utilizan una excusa narrativa que impregna todo de un disfrutable mal rollo adicional.

La edad de sus jóvenes protagonistas (excelentes Lonnie Chavis y Ezra Dewey) ayuda a que todos los errores que estos han de cometer necesariamente para darle a su contrincante la ventaja requerida estén plenamente (quizás con una sola excepción) justificados. 

Coming home in the dark de James Ashcroft (coguionista junto a Eli Kent) sustituye el espacio cerrado por otro abierto en su arranque, sustituyéndolo por el interior de un coche después. Y al contrario que Charbonier y Powell, su director sí demuestra tener un especial interés en el porqué sucede todo. La familia víctima de un par de villanos no es aquí elegida al azar sino que hay toda una historia detrás del grupo a cuya explicación se dedica buena parte del metraje y algún que otro flashback. 

Tiene Coming home in the dark un detonante bastante terrorífico (el espectador siente que le puede pasar a él cualquier fin de semana de acampada) y su primer punto fue giro golpea a la audiencia con contundencia. Luego, todo sigue los caminos más o menos habituales, teniendo sus responsables algunas dificultades con el raccord emocional del  matrimonio protagonista. 

Con todo hay secuencias angustiosas que hacen pasar un buen mal rato. 

Veneciafrenia de Álex de la Iglesia, por su parte, es más un “slasher” que un “survival” aunque sus protagonistas lo pasen muy mal durante sus vacaciones en Venecia. Se beneficia la película de un rodaje a lo largo y ancho de buena parte de  la ciudad de los canales, oxigenando de esta manera una selección de largos que (como suele ser habitual en este festival y por motivos presupuestario) sufren de síndrome de encierro en el sentido de que el espectador sabe que en el momento en que los personajes llegan a la casa/cabaña en cuestión no van a salir de ahí hasta los títulos de crédito finales. 

El problema de Veneciafrenia es que pone el humor tan caro a su autor en las víctimas y no en sus agresores cuando la situación (una denuncia del turismo de masas que asolaba las ciudades antes de la pandemia y que ya amenaza con retornar) pedía a gritos sarcasmo e ironía precisamente desde el lado de los que quieren defender su espacio del turista instagramer aunque sea con métodos, digamos, algo extremos. 

El guión de Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría da una serie de explicaciones al relato que dan francamente igual pero no se lía en su tramo final dando como resultado un largometraje muy vistoso, bastante entretenido y tan vendible como olvidaste. 

Finalmente, no puedo por menos que reseñar el enorme disparate y la insana desfachatez de Dasha Nekrasova en su The scare of sixty-first al usar un tema tan candente como los abusos sexuales de Jeff Epstein para poner en pie una delirante historia de posesiones rodada, editada y sonorizada al estilo del cine de terror neoyorquino de los primeros 80 y llena de secuencias de delirante masturbación femenina (principalmente en lugares públicos) que nos han hecho darnos cuenta de lo puritano que se ha hecho el género de terror en lo que va de siglo. 

 

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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