Riccardo Rigamonti es «Kohlhaas» de Marco Baliani y Remo Rostagno

 Riccardo Rigamonti es «Kohlhaas» de Marco Baliani y Remo Rostagno

En la imagen el actor Riccardo Rigamonti, protagonista absoluto de «Kohlhaas», de Marco Baliani y Remo Rostagno, basado en “Michael Kohlhaas” de Heinrich Von Kleist, y dirigida por María Gómez Foto Áureo Gómez

 

Por Luis Muñoz Díez

 

Kohlhaas, es un texto de Marco Baliani y Remo Rostagno, basado en “Michael Kohlhaas” de Heinrich Von Kleist, traducido por Beatriz Castellary y dirigido por María Gómez, con un sólo interprete el actor Riccardo Rigamonti, que se basta y se sobra para dejarnos atornillados a la butaca durante todo la función, narrada en primera persona.

La obra es un cuento medieval de iniciación. En que un hombre honrado descubre la existencia del mal como algo gratuito, y la necesidad de algunos hombres en humillar a sus semejantes como medio de autoafirmación de su escasa estatura.

El personaje Michael Kohlhaas, es un criador de caballos que vive convencido de que forma parte de un universo en el que él, es una pieza importante. Al atardecer le gusta mirar a sus caballos sanos y bien alimentados, con la satisfacción de que cada cosa está en su sitio en el universo.

El criador acompañado de un empleado inician un viaje a la ciudad para vender unos caballos. Mientras avanzan por el camino Kohlhaas fabula una suerte de cuento de la lechera, en que se ve de vuelta con la bolsa repleta de oro, pero en este cuento no se rompe ningún cántaro material, sino los pilares de su propia existencia.

El actor Riccardo Rigamonti interpretando a Kohlhaas Foto Áureo Gómez

El actor Riccardo Rigamonti interpretando a Kohlhaas Foto Áureo Gómez

La lluvia comienza a caer como un mal augurio y pronto tendrán que detener su camino, porque un tronco impide su paso. Un servidor de un noble, y después el propio noble les dirán que para cruzar esas tierras, que son suyas, es necesario un salvoconducto. Kohlhaas que es un hombre de ley, no duda que lo que dice el criado y el noble sea cierto, y deja en prenda a sus dos mejores caballos -medio apalabrada su venta al noble-, y a su ayudante para que le permitan el paso. A su vuelta con el salvoconducto en la mano, acabará de cerrar la venta de sus caballos con el noble, y recogerá a su ayudante.

En la ciudad conocerá que el noble se ha burlado de él, de vuelta intentará recuperar sus caballos y a su ayudante. Unicamente hallará dos animales enfermos, y ni rastro de su ayudante, de vuelta a casa sabrá por él, que los caballos y el mismo habían sido víctimas de vejaciones y golpes, hasta dejarles impedidos.

Kohlhaas que aún no ha perdido su fe en la justicia, pondrá el caso en manos de un abogado, que en principio aceptará el caso, pero pronto le hará desistir ante el peso del noble en la corte. Tanto interés tiene en retirarse del caso que incluso le devolverá la minuta cobrada. Ante la incrédula impotencia del criador de caballos, su mujer se ofrecerá para ir ella en persona para pedir clemencia al mismísimo emperador.

El saldo de Kohlhaas después de fiar su suerte a la justicia, y el viaje de su esposa para reclamar clemencia en donde no había justicia, era de dos caballos agonizantes, su ayudante impedido, su mujer aplastada por la multitud de personas que pedían clemencia, y una versión del noble sobre los hechos pasada por la trituradora del poder burocrático, que le nombran como delincuente ante tan noble y gran señor.

El actor Riccardo Rigamonti interpretando a Kohlhaas Foto Áureo Gómez

El actor Riccardo Rigamonti interpretando a Kohlhaas Foto Áureo Gómez

Semejante epopeya nos la cuenta en primera persona un actor sentado en una silla. Valiéndose de su gesto y sus brazos para narrar su personal travesía por el desierto, con el movimiento de sus pies marcará el movimiento.

El actor Riccardo Rigamonti sentado en medio del escenario se apodera del público. Conoceremos con el arma poderosa de su voz y su gesto, el dolor por sus valores arrasados y su impotencia ante un mundo que desconocía. El trabajo del actor es enorme, y no solo con su talento nos hace partícipes de la terrible desolación de Kohlhaas y de su arranque revolucionario. Logra despertar una orfandad en nuestro ánimo que hace que no sentimos ajenos al temblor del personaje. Porque el desamparo en qué se encuentra el criador de caballos medieval, lo sentimos vigente.

A Kohlhaas se le movió el suelo con el tronco que le impedía pasar por el camino que el sentía libre, y acaso a cualquiera de nosotros no se nos movería, por una simple carta de despido, que bien sabemos que puede desencadenar unas circunstancias, que nos lleve por un camino de vulnerabilidad absoluta.

El texto es un caudal de ideas sin duda, pero la potencia del espectáculo está en la voz y el gesto de Riccardo Rigamonti, en una interpretación tan personal, diestra y minuciosa, que es imposible conocer donde termina su interpretación, y donde comienza el trabajo de María Gómez cómo directora, que seguro que tiene mucho que ver con un trabajo tan riguroso.

No se la pierdan.   

El actor Riccardo Rigamonti interpretando a Kohlhaas Foto Áureo Gómez

El actor Riccardo Rigamonti interpretando a Kohlhaas Foto Áureo Gómez

Kohlhaas se puede ver todos los sábados de enero en el Teatro del Barrio de Madrid, más información de y compra de entras AQUÍ.

Interpretación: Riccardo Rigamonti Texto: Marco Baliani y Remo Rostagno. Basado enMichael Kohlhaas” de Heinrich Von Kleist Traducción: Beatriz Castellary Dirección: María Gómez Interpretación: Riccardo Rigamonti Iluminación: Magdalena Broto

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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