“El largo camino -Historias de Ucrania- pretende ser un fragmento de historias. Es la única manera que encuentro para acercarme. En la guerra no hay poesía. Solo barbarie y miseria”
El largo camino -Historia de Ucrania- se ha configurado con las entrevistas realizadas por Álvaro Vicente, y la idea de poner en pie el montaje es de su director Miguel Ángel Quirós. El montaje está programada dentro del II Ciclo de Derechos Humanos. Con dramaturgia de Manuel Benito -dramaturgo español-, Viktoriia Chernobuk -dramaturga ucraniana-, y Raúl Quirós -dramaturgo español-
Las personas se han prestado a contar su experiencia a Álvaro Vicente han sido: Andrea Cerezo, Viktoriia Chernobuk, Maryna Hlibka, Anastasiia Hrynzovska, Yevhen Isaiev, Liubov Isaieva, Yuliia Moskovkina y Laura Muñiz.
En el escenario, las actrices Emi Caínzos, Ana Gijón e Ingrid Hernández, se multiplican para interpretar esta pieza, vista por tres autores, desde tres emplazamientos geográficos diferentes.
La primera pieza está ubicada en Madrid, y escrita por el dramaturgo español Manuel Benito. Una ciudad que no está acostumbrada a gestionar entradas masivas, como lo son las costeras puerta directa del mar, provoca un caos ante lo imprevisto, y la fomenta la eterna confusión de no saber diferenciar la caridad, de la justicia.
Era un error creer que por habitar en el mismo continente y tener un color similar de piel, no había diferencias culturales, y las había tanto con otros grupos de migrantes, como con la población que los recibía. Lo que se percibía con desconfianza mutua, por parte de los que proporcionaban la ayuda, no los veían ni humildad, ni agradecimiento -no podían ni estaban obligados a serlo se sentía víctimas acreedoras-, y los que la recibían la ayuda estaban en una posiciones de educación y económicas muy diferentes a otros migrantes, encontraban a todo peros insalvables, como no podía ser de otra forma, por lo irremediable consecuencia del conflicto.
La entrada en Ucrania fue una noticia que impactó en la población, que querían ayudar, pero la realidad cotidiana supera el primer entusiasmo, y como señal, el autor por medio de una cooperante que atiende el teléfono, sabremos que una familia que de entrada abrió su casa desinteresadamente. Ahora se excusan con un “nosotros ya hemos colaborado suficiente”, formulando una pregunta tan desalentadora como entendible ” donde se los dejamos”.
En esta pieza se pone luz sobre el choque cultural. Atendiendo únicamente a cuál fue el marco y las circunstancias vividas en Madrid. Una mujer ucraniana manifiesta abiertamente a la psicóloga que le atiende, su deseo de volver a Ucrania. Se siente discriminada por no pertenecer al patrón de migración de los que llegan en pateras. Argumentando que ella está preparada y educada para obtener un empleo, sin necesidad de que se lo den como limosna. Presume de cuidar su aspecto físico, y forma de vestir. Mientras en España se viste de cualquier forma, y como ejemplo no tiene inconveniente en señalar el desaliño de su psicóloga, restándole toda autoridad.
Manuel Benito juega con la anécdota que le permite no estar en el conflicto, e introduce un humor irónico, por lo paradójico de la condición humana, y sus formas de reaccionar, lo que resta algo de hierro a la tragedia que sabemos qué, nos espera.
La segunda pieza la firma otro dramaturgo español Raúl Quirós, y nos presenta en paralelo a dos madres. Una rusa y otra ucraniana que creen poseer la razón, enardecidas de patria y sedientas de victorias, empujan a a sus respectivos hijos, a alistarse para acudir al frente. Con argumentos tan revisables como manoseados, como que “es su guerra” y “les ha tocado”.
El saldo, dos cadáveres en paradero desconocido, sin un pedazo de tierra para llorarlos, y la sensación de haber vertido la sangre de su sangre, perdiendo todo sentido la palabra “héroe” como les nombran ahora, y lo peor, anidando una insaciable sed de venganza, esta pieza tiene un valor de bisagra para saber que hay “ciencias” opuestas e irreconciliables sobre un mismo hecho, avaladas por una palabreria repetida e incierta.
La dramaturga ucraniana Viktoriia Chernobuk, nos contará la guerra desde dentro. El hambre la miseria, los bombardeos a hospitales, a maternidades sin cumplir los protocoles que, diferenciar a la población civil de la militar. Sí, sé, le puede pedir “rigor” a un sin sentido, como es una guerra abierta, decidida y ordenada en el momento oportuno por un gobernante , y desde otros centros de poder se irán decantado los aliados de cada bando.
La miseria de la guerra es fácil de entender, pertenece a nuestro imaginario colectivo. La mera imagen de un niño muerto, asesinado con un arma o víctima de la inclemencia del mar, nos hace que apartemos la mirada, porque directamente hace daño, como ver a las filas de población civil de todas las edades, que han de abandonar su casa, su tierra, dejando el escenario dantesco de amigos y familiares, muertos en la calle sin enterrar.
El largo camino –Historia de Ucrania-, es un trabajo documental, narrado desde el punto de vista de sus víctimas, y puesto en pie como denuncia bajo la dirección de Miguel Ángel Quirós. Lo que cuentan tiene la desazonada garantía que toca, porque es real y despierta empatía. Son hechos reconocibles muy recientes, por lo que algunos lugares y episodios que se nombran, están frescos en nuestra memoria, y lo peor es que se trata de una guerra que lejos de terminar, barrunta nuevas contiendas similares, por lo que la denuncia es válida, tanto en el arrojo que ponen las tres actrices, como cuando vemos en la pantalla a los políticos responsables pinados limpios y reciéntenlo duchados, aunque nos haga más patente nuestra propia impotencia, ante estos hechos repetidos, que llegan a no ser ni noticia.
Hay que reconocer que el director con unos recursos limitados, logra que se nos atragante la saliva, con la representación de la una guerra, que como todas dejará una herencia irreparable para quienes la sufren. Muchos psiquiatras afirmaban, que como herencia del levantamiento militar del 36, sin bien, la población masculina quedó mermada, la femenina que la vivió con una edad. El apremio sin tregua, y el coraje les mantuvo en pie, pero al cesar el reclamo apremiante les dejó en un estado de vulnerabilidad sin billete de vuelta a la normalidad, que les hizo vivir el resto de su vida con la sombra de peor de los miedos, que es el mismo al mimo miedo.
El largo camino -Historias de Ucrania-está programada del 9 al 19 de mayo de 2024, en la Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez del Centro Cultural de la Villa -Madrid- dentro del II Ciclo de Derechos Humanos.
Personas entrevistadas: Andrea Cerezo, Viktoriia Chernobuk, Maryna Hlibka, Anastasiia Hrynzovska, Yevhen Isaiev, Liubov Isaieva, Yuliia Moskovkina y Laura Muñiz
Iluminación: Noelia Jiménez Sonido: Manuel Solís Comunicación: Manuel Benito Entidades colaboradoras: CEAR, Centro Cultural Paco Rabal y Bululú 2120 Producción: Los sueños de Fausto S.L. con la ayuda del Ayuntamiento de Madrid Distribución: Los sueños de Fausto S.L.
Agradecimientos: Ksenia Guinea, Elena Méndez, Juan Manuel Fernández Lumbreras, Cristina Sirur y todas las personas entrevistadas.
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador.
Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo.
Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.
“Los hombres de Putin” de Catherine Belton, nos regala una investigación profunda sobre el ascenso de Vladímir Putin y cómo el KGB secuestró el Estado ruso.
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