“Pollo para china” de Javier de Dios

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En la imagen la actriz Carmen Mayordomo, enfundada en su uniforme de trabajo, en Pollo para china de Javier de Dios.

 

 

¡Patas de pollo, están muy ricas y dan muy buen rollo!

 

Pollo nEn ninguna lista de derechos fundamentales figuran nuestros anhelos, con el alimento y el cobijo parece que debemos darnos por contentos, pero tampoco en ningún lugar reza que esos mínimos nos vengan de balde, para obtenerlos tenemos que trabajar.

Si bien una mayoría aspira a un trabajo medianamente remunerado, que le permita pagar sus gastos, hay un sector mínimo que nace con la creencia de que puede desempeñar el trabajo que le apasiona, y que este le será suficiente para vivir.

Sin duda hay elegidos por los dioses que lo logran, pero en la mayoría de los casos se gasta la vida en una lucha titánica entre lo que uno quiere y esa realidad que te lo niega.

El  afán empecinado de los “vocacionales” crea una pulsión difícil de controlar, porque el contorno de lo posible y lo figurado es tan impreciso como el trazo de una acuarela o la paciencia de cada uno.

Sobre semejante afán echa el  foco la escritura de Juan de Dios, materializando esa quimera en un disparate cómico tan potente como brillante que titula Pollo para china, en la pieza se masca la pasión, rozando el abismo del desengaño, y capta esa décima de segundo en que barruntamos que nuestro afán es sólo quimera, y que lo que creíamos provisional y alimenticio, es solo un suma sigue en nuestro particular viaje a ninguna parte.

Nuestra protagonista encara de una manera valerosa ese momento, no es mujer que claudique con facilidad y no lo hará. El ring, donde se desarrolla la lucha titánica entre la aspirante pollito publicitario y la que ha de contratarla  -realidad y quimera-, es un cuarto con un variado muestrario de trajes de pollito, que de algún modo todos nos hemos puesto alguna vez.

Si el texto de Juan de Dios araña el alma de nuestras renuncias haciéndonos reír,  tanto la dirección de Pilar Massa, como la interpretación de Carmen Mayordomo y la propia Massa es primorosa.  En décimas de segundo pasan de la comedia al musical y se encalla la historia en un drama victorioso, porque a nadie se le puede tolerar que arrase nuestras ilusiones.

La pieza de Juan de Dios,  se presenta como una “comedia diabólica“, y lo es no cabe duda, pero su verdadero valor es la invitación a no claudicar jamás, aunque para ello hay formas más o menos adecuadas, y es este caso lo es plenamente porque es la vicoria sobre lo que no nos permite ser.

Carmen Mayordomo, Pilar Massa y Ignacio Jiménez en Pollo para china de Javier de Dios Una comedia diabólica
Carmen Mayordomo, Pilar Massa y Ignacio Jiménez en Pollo para china de Javier de Dios Una comedia diabólica

Título: “Pollo para chinaTexto: Javier de Dios Dirección: Pilar Massa Interpretación: Carmen Mayordomo / Ignacio Jiménez y Pilar Massa / Género: Comedia diabólica

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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