Zeta, Manuel Vilas

Zeta, Manuel Vilas

Z VilaTodos estos relatos son buenos pero tienen un trasiego de tristeza importante. Llevan medio de sonrisa y un cuarto de estupor , aunque sean más tristes que comerse un kebab en agosto a las seis de la tarde , o unos macarrones de fonda chunga. Tela, Vilas, tela.  Se llama ironía. Reír llorando.  Aunque eso me lo dijo Jacinto Benavente en una tasca del Google. No voy a negar que hay mucha oscuridad y amargura pero de igual manera es esa hostia que se descojona la que se regodea en sus propias miserias y nos da el borde saliente de la vida detrás del costumbrismo.

Y tiene ese hostiazo las vueltas que da el universo en el carrusel del hámster. Todas. Incluido el conformismo con la propia mierda que a uno le ha labrado la vida.

Zaragoza. Zeta. Que puede ser Valladolid o León.

Zeta, así la llamaré, es una ciudad de domingos cristianos, aburridos, malignos, barrios preñados de fantasmas con una mala fe católica, familias enteras que van de visita – domingo por la tarde – al Empire State Building, o sea, al Hospital Clínico Universitario. 

¿ Quién puede soportar un domingo por la tarde  de 1979 cuando se tienen sólo diecisiete años y se vive en un pueblo con casas y sin aceras ? En una aldea donde hasta el Espíritu Santo la acaba de palmar.

La droga y los pueblos. Más aburrimiento que Ricky Martin en la pensión Playboy.

Estoy viendo ángeles en el techo, estos cabrones se me quieren mear encima.

 

Yo estoy viendo monos montados en motocicletas Derby Variant y en Puch amarillas. 


El currante emigrante.

El trabajo es un cuento chino y un cuento triste. Siempre que he tenido que trabajar me ha temblado el alma. En París trabajé de camarero en una cafetería del centro. Yo era un hombre que viajaba con una bandeja en la mano llena de café y cruasanes. Cuando acababa mi turno, salía a la calle y me echaba a llorar. 


Memoria y sarcasmo. Desafíos al lector.

Recuerdo el sermón con que fui enterrado. Recuerdo la enfermedad que me mandó al otro barrio, una enfermedad sucia y deshonesta. 


Las correlaciones del carrusel del hámster.

El dinero es la vida. En eso se ha resuelto la democracia española: el dinero es la vida. Si no tienes dinero, pégate un tiro. Si tienes poco dinero, haz el favor de callarte. 


Naturalmente, está usted en su derecho … de mirarnos como a perros sarnosos recién muertos, como a ” archipobres ” y ” protomiserias “, para decirlo con castellano del Siglo de Oro, y dejarnos a la intemperie, sin ataúd, sin lápida, sin cruz, sin misa, sin dios, sin alma, sin herederos, sin dignidad y sin vergüenza.


Te ríes pero te jodes. Y si a ustedes les gustan mucho las formas literarias como trasfondo de la temática del sarcasmo y la angustia , yo les tengo que decir que estos relatos son la releche y están más currados que la jeta de José Luis Moreno en Noche de Fiesta, aún a costa de emanar una belleza que nace de la tragedia, como si fuera un claroscuro de Caravaggio con sombras del paro, la droga, la muerte, la nostalgia y el dolor.

A ver, también tiene sus pasadas de raya. Puede ser molesto para determinado lector poco experimental el perseverante combate con el absurdo de Manuel Vilas. Vale, mola. Y vale, depende. Hay un Ford Fiesta que habla , y en un momento dado uno puedo valorar que la capacidad de sorpresa, el estupor quede denegado. Con esto , quiero decir que todo puede pasar en Zeta. Y todo, es todo: lo irracional en su integridad. Si tiene usted la continua capacidad de fliparse, esta novela es suya.

Qué bello es vivir. Qué bello es vivir recluido en un piso de dieciocho metros cuadrados con derecho a nevera. Un día de estos me sacó a mis padres del asilo, del asilo al padre, del cementerio a la madre, y me los traigo a vivir conmigo. 


Vaya tela, pero que contundencia. Y qué puta es la vida. Pero te ríes.

Zeta, Manuel Vilas, Salto de Página, 2014.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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