Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, de Robert M. Pirsig

Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, de Robert M. Pirsig

zen motocicleta PirsigZen y el arte del mantenimiento de la motocicleta. Si nos querías acojonar con este título, Pirsig, te felicito. Diana. Gracias a la metafísica es más interesante que otros  modèle infantil como Las ardillas de Central Park están tristes los lunes o  Mi hermana que vive sobre la repisa de la chimenea. Ya os vale. No obstante si es una novela de arroz con cosas, con muchas cosas, igual adivino que la brevedad, tan cercana a la larga memoria, sea más axiomática si luego vas a meter guisantes, gambas , chorizo y pimientos de Padrón. 2666 (1.126 páginas). La Regenta (998). Pero es tu vida, es tu puto best seller.

Y ahora, sí. Bienvenidos al laboratorio de la filosofía y la vida del motero. Aunque el tipo empieza flipándose en exceso, con cierta reiteración ( intensito ) por los tordos alirrojos, y los pantanos, y otra vez los tordos,  la evolución de la novela será inminente y ha lugar a un montón de movidas filosóficas, las leyes de la razón (ahí estriba según Pirsig el funcionamiento de las motocicletas) y la brillante introspección desde la moto. En una moto el marco desaparece. Estás en completo contacto con todo. Estás dentro de la escena, no tan sólo contemplándola, la sensación de presencia es abrumadora. Ese hormigón que pasa zumbando diez centímetros de tus pies es lo real, el material sobre el que caminas está allí mismo, tan borroso que no puedes enfocarlo, sin embargo en cualquier momento puedes bajar el pie y tocarlo, y todo el asunto, la experiencia total, permanece siempre en tu conciencia inmediata. 


La tragedia no será desvelada.


El libro, a medio camino entre novela (tiene cierta caracterización literaria, no total, trama y personajes) y ensayo, hace filosofía casi por razones éticas y honestas. Algo hay de sentido pragmático en los efectos del pensamiento (darle vueltas a la puta bola), desde una motocicleta o en la vida diaria, aunque parezca que lo práctico está en el fútbol y la barbacoa. Pues no.

Afortunadamente a menudo con un tono bastante fresco, desenfadado. Vaya por delante.

Hablé del rumbo lateral de Fedro que finalizó con su entrada en la disciplina de la Filosofía. Concebía a la filosofía como el peldaño más alto de toda la jerarquía del conocimiento. Es una verdad tan generalizada para tantos filósofos que es casi una obviedad, pero para él fue toda una revelación.

Vemos a un hombre franco, sencillo, aunque también te hace saber que tal humildad fue descubierta gracias  a toda la metafísica de Fedro ; la tragedia del otro, siempre tan utilizada para buscar la felicidad.  Te lo dice , te lo cuenta: escarba, que de los delirios no se salva ni Dios.

La segunda fase metafísica de Fedro fue un completo desastre. Antes de que le colocaran los electrodos en la cabeza, ya había perdido todo lo tangible: dinero, propiedad, hijos; incluso le habían retirado sus derechos como ciudadano por orden de un tribunal. 


No recuerdo en qué narrativa lo hablé. La última parte de la vida viene con hospitales y hostias. El puto miedo a caerse.

Algo de que la filosofía aplicada a la vida es la culpa, esa segmentación entre la reflexión y el hecho. Vive pero soluciona tus movidas filosóficas. No rayado; empeño.

Zen y el arte de mantenimiento de la motocicleta son unas memorias de viaje; como ya anticipamos, una insólita paella con caldo y cosas (Ensayo, opinión, pajaritos, montañas, asfalto, Sócrates, Kant, bujías, gasolina, lógica inductiva y deductiva, chavales, calidad, lluvia y fogonazos, a menudo, con talento) que no se hace insoportable porque rehuye de la tomadura de pelo. Es decir, que el ego pasa desapercibido y ni siquiera llega a soberbia entretenida. Bien , otra vez, Sexto Piso.

Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, Robert M. Pirsig, Sexto Piso: 2015. 

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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