Washington Square, de Henry James

Washington Square, de Henry James

Primer punto:

Es un libro bonito. De esos que adornan la mesa de roble francés Luis XIV, al lado de un tintero de porcelana napolitana , unos papiros egipcios y unas ramas de lavanda. Para ir de guay total. En consecuencia, un libro de estas calidades no merece la estantería Albert Grijander del IKEA. Esta edición está hecha para molar (Tipo: en mi casa tenemos clase, somos gente de pasta dura e ilustraciones de Jonny Ruzzo ; tus ediciones de bolsillo de Paulo Coelho son patéticas y tú eres un cutre). De whisky y chimenea, total. Chapeau Sexto Piso.

Muy respetable que la novela no tenga prólogo. Eso es algo escrito para freaks que cree que entienden la vida a través de un absurdo preámbulo que te viene a decir que eres gilipollas si no lees una novela. Pues bueno, que se prologuen ellos y así advertimos qué tipo de personas nos vamos a encontrar. Bien, por tanto, mola demasiado que no haya advertencia de tres páginas acerca de las doscientas siguientes.

Washington Square

Segundo punto y todo lo demás:

La novela es de Henry James, el puto amo.

Aquí hay un médico, el doctor Sloper, más respetado que Luis Aragonés cuando decía “usted, míreme a los ojitos” . Sabe de todo, tiene mucha destreza, un erudito del copón, y de vez en cuando le da al tema del pensamiento;  un filósofo, muy metafísico él. No existe neoyorquino que no lo conozca, para bien. Un tipo brillante, sobresaliente.

Era un gran observador, un filósofo incluso, y ser brillante era algo tan natural en él o – como solía decir la gente- le salía  de una manera tan natural, que nunca parecía un gesto teatral; jamás echaba mano de los pequeños trucos y trampas a los que suelen recurrir  los talentos de segunda fila.

Bien, sigo procediendo con los trucos.

Hay más, se casa con un pibón, Catherine Harrington. Guapa, amable graciosa, inteligente ; lo tiene todo. Este matrimonio da envida, pero de la mala. Además se quieren de la hostia.  Pero c´est la vie. Su primer hijo muere a la edad de tres años, edad con la que el doctor – fíjense que intuición y que sabiduría – le aventuraba talentos extraordinarios. Que sí, que el tío se sale del mapa territorial de la pericia y la clarividencia ; es alucinante.

Pero llegada una desgracia , vienen más. Catherine tiene otra hija. Una semana después del alumbramiento, aquella joven madre que, dicho coloquialmente, lo estaba llevando bien, fue súbitamente traicionada por ciertos síntomas alarmantes.

Tragedia total. Ahora tenemos un niño y una madre muertos, y un médico guay viudo, aunque los dos primeros ya no van a estar, principalmente porque esta novela no es  The Turn of the Screw. Ahora el doctor Sloper tiene otro problema añadido a las muertes amadas. La niña no le sale tan guapa y tan lista como el chaval, aunque por otra parte está sana como un roble y come como una lima sorda. La niñas es Andreíta cómeteelpollo. Pero alta burguesía.

 No era fea; tenía simplemente, un semblante sencillo, aburrido y tierno. El mayor piropo que le habían dicho era que tenía una cara agradable. Bueno Henry, guapa, guapa, tampoco, eso sí, rebosaba dólares la chavala y era imperturbablemente buena: afectuosa, dócil, obediente y propensa a la verdad. Y glotona. Dios mío, qué peligro. Ahí va Henry James. Bragetazo risk.  Y ahí va el Urdangarín de la novela. Y ahí va papá pensando sobre la nena.

Para una chica poco agraciada y pasiva como ella tiene que ser un placer enorme tener a un joven apuesto a su lado susurrándole adoración eterna…, si es eso lo que le está susurrando ahora. No me extraña que le guste y que piense que soy un tirano…

Claro, entre medias está pasando esto:  Lo que Morris había terminado diciéndole a Catherine era que la amaba, o mejor dicho, que la adoraba.

Pero el camino es espinado. Washington Square es una novela de excelente e irónica prosa principalmente porque está escrita por un narrador colosal, que venía a decir que la literatura debía parecerse a la conversación de un hombre inteligente, por eso la terceras personas de sus novelas, y de ésta en particular, son tan lúcidas y tan cristalinas de narrativa, por eso y porque Henry James era Henry James, y no se llamaba Dan Brown. Igualmente controla de manera prodigiosa la burguesía más acomodada del siglo XIX, y sabe perfectamente del papá severo y talentoso, del hijo brillante, de la mujer bella, de la niña mediocre, de los cazafortunas, que viene a ser la familia norteamericana de 1856 y la familia europea de 2014. Estas sociedades que hemos habitado en las que existe el dinero, la depresión, el éxito, el ¿amor? y la belleza, vienen a ser básicamente iguales, creánme ; no hay que ser Platón para aseverar estas poses de taberna. Nuestras afectaciones, cuando nos ponemos especiales y tal, con tres cervezas. El tema es que James lo sabía escribir. Y tanto. Literatura agradecida, amable de prosa y cruda de contexto. That´s the question. Retrato psicológico.

Y nosotros aventuramos doscientos años más tarde que Catherine Sloper es una muchacha vulgar que tiene mucho dinero y que divaga entre la protección de papá sabelotodo y un tío jeta que le riegue el jardín. Porque ninguna mujer es lo suficientemente torpe para querer marchitarse a conciencia, ni quizá – en un momento dado – suficientemente inteligente para distinguir amor e interés, absorbida por los miedos de irse ajando en el deterioro de la vida. Y money is money.

Al día siguiente, por la tarde, oyó su voz en la puerta y sus pasos en la entrada principal. Lo recibió en el luminoso salón y dio instrucciones al sirviente de que no los molestara bajo ningún concepto….

Morris le aseguró que había sido muy cruel y que le había hecho muy infeliz durante aquellas semanas, y Catherine sintió con intensidad las dificultades de aquel destino suyo que le obligaba a producir dolor en dos direcciones opuestas.

Prosa elegante, burguesa. De señoritos, de folletín. Amable. Hay tres cosas importantes en la vida: ser amable, ser amable y ser amable. Pues bien Henry.

Washington Square, Henry James, Ilustraciones de Jonny Ruzzo, Traducción de Andrés Barba y Teresa Barba. Sexto Piso Ilustrado. Madrid, 2014.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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