“Verano Chéjov”, una iniciativa de María Pastor, Felipe Andrés y José Bustos

“Verano Chéjov”, una iniciativa de María Pastor, Felipe Andrés y José Bustos

En la imagen Felipe Andrés, María Pastor y José Bustos, artífices de  “Verano Chéjov

El teatro es la realidad pasada por un tamiz, facilitando sólo los datos necesarios que nos permita soñar y reflexionar. En el teatro se representan pedazos de vida, para que el espectador arme su propio puzle, pero hay veces que el teatro es grito aislado y seco, sin pasar por tamiz alguno, por eso cuando oímos decir al actor José BustosHoy podría ser la última función de este teatro… nos hace dudar si habla el personaje desde la ficción, o el actor desde la realidad que padece Teatro Guindalera, una sala que ha programado durante años teatro con honrada dignidad, y no sólo han realizado un trabajo brillante, sino que los trabajadores cobraban una nómina, y no se les pagaba con el mero aplauso, que puede ser un alimento para el alma, pero insuficiente para el sustento. Una práctica aceptada por todos, que se está haciendo costumbre, y aquí se podría decir lo mal que está el sector teatral, pero ¿qué sector anda bien?

En la función de Verano Chéjov, está presente la denuncia y el momento que atraviesa la sala, pero en su justa medida, y logran una propuesta refrescante para este caluroso mes de Julio, en que María Pastor, Felipe Andrés y José Bustos En compañía, arman una función cómica perfectamente delimitada en tres partes con final de fiesta.

La primera es una audición que realiza un director, para cubrir los puestos de los actores llamados a representar la función La petición de mano de Chejov, el director, ayudado por una espectadora, realizará la prueba a dos aspirante. José Bustos compone un director tiquismiquis de entrada, que ha de ir bajando el listón, dado que al casting sólo se han presentado dos actores, y poco puede exigir, porque les ofrece trabajar a taquilla, un guiño a la realidad.

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Al piano José Bustos,canta Felipe Andrés en “Verano Chéjov”

José Bustos en este cometido está fresco y brillante, con un vestuario muy bien elegido, luchando entre su natural de artista divino y la precaria realidad terrenal, de esto es lo que hay.

La primera prueba la pasa, la aspirante a actriz –María Pastor-, llegada de Almendralejo con mucha seguridad en sí misma y nula experiencia. Ante el comentario del director que la tilda de mera aficionada, ella arguye que en cuestión de opinión, porque en Madrid será una aficionada, pero en Almendralejo es toda una profesional y tiene su público. La audición da pie a todo tipo de equívocos y disparates, es un pulso entre el desparpajo de la aspirante, contra el muro del escepticismo del director. María Pastor y José Bustos, juegan muy bien sus cartas, logrando momentos deliciosos como cuando la actriz canta acompañada al piano por el director “Hagámoslo

El casting del actor está enfocado por otro lado, y tendrá más protagonismo el aspirante –Felipe Andrés– que vestido de frac, recitará un monologo en forma de conferencia, plagado de connotaciones personales, como que lo hace obligado por su mujer, que regenta una pensión, mientras él da clases de canto, hace las faenas de limpieza y caza ratones. El actor canta mal a conciencia, y sufre un cuadro de síntomas hipocondriacos muy completo ante el público, y Felipe Andrés lo borda, arrancando la carcajada del público.

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María Pastor y Felipe Andrés, enzarzados en una encendida discusión en la función “Verano Chéjov”

La tercera parte es la representación misma de La petición de mano, una obra disparatada desde su escritura que narra como Iván Vassiliyitch –Felipe Andrés– con un cuadro no menos hipocondriaco que el que representaba en el monólogo anterior, se atreve a pedir la mano de una obstinada Natalia –María Pastor– hija de Stepan Stepanovich –José Bustos-, su vecino de linderos. Una boda ventajosa al cien por cien, pero la tozudez de los pretendientes, primero por un trozo de prado en litigio y después por la valía de sus respectivos perros de caza a punto está de irse al traste la ventajosa boda.

La pieza de Chéjov, es una joya que nos recuerda la capacidad para olvidar el fondo y enredarnos en las ramas, porque si la boda se realiza, campo y perro no será ni tuyo, ni mío, sino nuestro.

En la representación de La petición de mano, el director –José Bustos– se ve obligado a representar el papel del viejo Stefanm, con lo que refuerza la comicidad de la obra, y da juego a todo tipo de errores a los que sacan mucho provecho, al salir el anciano unas veces con la barba al derecho y otras al revés.

En esta parte de la función, los actores representan con rigor a un Chéjov cómico, pero Chéjov siempre. Los tres actores forman un trío de altura actoral, con muy buena química, y se lucen en esta representación dentro de la representación, con una puesta en escena, que a veces recuerda el cine mudo, están deliciosos y llegan al público.

En el fin de fiesta los tres actores proponen al público cantar un caraoque con la canción de “Hagámoslo“, a estas alturas ya lo tienen en el bolsillo y está encantado de cantar.

Enhorabuena María, Felipe y José en compañía.

Título: Verano Chéjov / Una iniciativa de María Pastor, Felipe Andrés y José Bustos. En compañía / Intérpretes: María Pastor, Felipe Andrés y José Bustos / Con la colaboración de Teatro Guindalera y la supervisión de Juan Pastor.

Teatro Guindalera

Esta crónica se escribió después de ver la función del 10 julio de 2014, ahora de nuevo en cartel  del 2 al 19 de julio de 2015 de jueves a domingo, 21h.

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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