Una habitación en Europa, de Avelino Fierro.

Una habitación en Europa, de Avelino Fierro.

una habitación en europaNo recuerdo qué escritor dijo en una ocasión que su primer contacto con los libros fue cuando, siendo un crío, colocó varios tomos de una enciclopedia bajo una ventana con el fin de subirse a ellos y alcanzar a ver la calle. Le movía la curiosidad pero sobre todo el secreto deseo de espiar a una vecina por la que se sentía fascinado.

Me ha venido a la cabeza esta historia al leer el libro que aquí reseño, Una habitación en Europa, de Avelino Fierro. Se trata de una serie de dietarios (siete, en concreto), de un lector agradecido, como él mismo los define. En ellos, la literatura y la vida, “como las cerezas que se enganchan en el cesto”, se imbrican, y una nos lleva a la otra y la otra a la una: para el autor, como para el niño que se asoma a la ventana, los libros no son un parapeto donde cobijarse, si no un soporte con el que levantar la mirada y decodificar el mundo.

Este es un libro extraño, articulado en un lenguaje diáfano y situado en un terreno fronterizo entre el ensayo y la poesía.

Una rareza nimbada de brillos. Por momentos me recuerda a Umbral, por momentos La novela luminosa, pero la mayor parte de la lectura he tenido la sensación de estar charlando con un amigo, uno de esos pocos amigos con los que uno nunca se cansa de hablar de literatura.

Una habitación en europa, Eolas ediciones, Avelino Fierro.

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Nacho Abad, León, 1980

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