Un verano ardiente (2011) de Philippe Garrel

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En la imagen el actor Louis Garrel y  la actriz Mónica Belucci, una pareja de guapos pero sin química entre ellos para “Un verano ardiente” (2011) de Philippe Garrel

 

Un verano ardiente, de Philippe Garrel, es la primera película que llega a España del director galo nacido en 1948, padre del protagonista Louis Garrel e hijo del actor Maurice Garrel.  Hace su debut en las salas españolas  con una película fuera de tiempo, que no un clásico, entiéndaseme bien.  Al salir de la sala comentaba con Susana Peral, una compañera de oficio, que si hubiera visto esta cinta en la filmoteca y estuviera fechada en la década de los cincuenta o sesenta, igual tendría otra opinión, concediéndole el beneficio de la duda de que lo que ocurre en la pantalla pudiera ser un fiel reflejo de las normas sociales de una época que desconociera. Pero no, la película está rodada y ambientada en el año 2011.

¿Que plantea? La historia de un doliente pintor francés llamado Frédéric (Louis Garrel), que se ha trasladado a Roma en busca de una inspiración que para nada necesita, porque si su obra son los cuadros que se retratan en la película, entre Francis Bacon y un incipiente Picasso cubista, carece de talento. El pintor está casado porque, cómo confiesa a su mejor amigo Paul: “no puede vivir sin una mujer al lado”. La elegida como esposa es Angèle, nada menos que la exuberante actriz italiana Mónica Bellucci, que con el inconsistente Frédéric, al que da vida Louis Garrel, se puede hacer, literalmente, un llavero.

Jérôme Robart y Céline Sallette, los amigos
Jérôme Robart y Céline Sallette, los amigos

El pretexto de la película es un flash-back a partir de que Paul (Jérôme Robart), su mejor amigo e incipiente actor, conoce la muerte de su amigo el pintor. Una muerte propiciada y elegida, porque como buen héroe romántico, Frédéric (Louis Garrel),  al perder el favor de su amada Angèle empotra contra un árbol su costoso coche.

En el flash-back nos contarán los días que pasaron Paul y Élisabeth, una actriz con vocación suicida (Céline Sallette) y a la que acaba de conocer en un rodaje, en la magnífica casa de Roma de Frédéric y su mujer.

¿Por qué digo que hubiera valorado esta cinta si estuviera fechada hace cuarenta o cincuenta años? Pues muy sencillo, porque todo suena a antiguo. Hasta el director y el guionista, para justificar el desencaje temporal, nos presentan al personaje criado por su abuelo, un comunista millonario. La convivencia de Frédéric y Angèle se basa en las normas de los matrimonios abiertos de otra época, que eran necesarios para cubrir las apariencias, y con el componente machista de que el aprendiz de artista, en un principio, puede tener experiencias extramatrimoniales y su mujer no, por el hecho de ser mujer. Pertenece a otro tiempo desde la visita a una iglesia de Angèle (Mónica Bellucci) después de acostarse con su amante, hasta el concepto de dolor que confiesa sentir el personaje de Frédéric en una confidencia a su amigo Paul, al argumentar que no le duelen los cuernos de su despampanante esposa, sino que lo haya tratado como a un vulgar notario de provincias incapaz de entender estas cosas, dejando claro que él comulga con el arcaico principio aristocrático de que las leyes y la moral sólo atañan a la gente vulgar y a la burguesía.

Mónica Belucci, en un baile de seducción con un desconocido
Mónica Belucci, en un baile de seducción con un desconocido

Quizá, lo mejor de la película sea la presencia del galán Jérôme Robart y de la bella actriz Céline Sallette, que en su papel de Paul y Élisabeth acaban como pareja estable y padres de una niña.

Lo peor, sin duda, es la historia, a lo que contribuye la química inexistente entre el actor Louis Garrel y su pretendida esposa, una señora como Mónica Belucci. El actor está aún más cerca de su papel Theo, el perversillo muchacho que juega a la vida de la mano de su hermana y un amigo americano durante el mayo francés del 68 en Soñadores (2003), de Bernardo Bertolucci, que de un personaje como Frédéric, portador de unas ideas tan arcaicas. Eso está ya superado.

Un verano ardiente (2011) de Philippe Garrel se estrena en España el 19 de abril de 2013

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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