Tres hombres para tres ciudades, Javier Divisa

Tres hombres para tres ciudades, Javier Divisa

Una poetisa maldita, una yonqui de las apariciones marianas, un ladrón redimido en bohemio, una chica con “ojos esféricos de gato siamés”, un hindú roba novias, tres ciudades (Madrid, París y Nueva Delhi), una última voluntad, y una mujer que no se enamora del protagonista. ¿Qué quién es él? Se llama Helio, como su padre y como su abuelo, y es profesor de literatura en un Instituto, y aunque enseñar a Galdós, Larra o la Generación del 27 le saldrá caro, en esta novela no le vemos mucho dando clases, sólo un poco, para que nos hagamos una idea. Donde de verdad conoceremos a Helio, será en la calle, en la noche y en los bares. Porque si algo tiene esta novela, es que está bien regada de alcohol y nocturnidad. Pero también, de mujeres, y en este punto, destaca la capacidad de Divisa para generar personajes femeninos tan diferentes entre sí y tan bien acabados. Pero que nadie piense que Helio es un Don Juan, porque el eros que recorre las páginas de esta novela, es el de todo mortal que sólo busca, de vez en cuando, calentar su espíritu con otro cuerpo.

El lector que se asome a las páginas de Tres hombres para tres ciudades, no debe esperar una gran aventura, y eso lo que hace grande a esta novela: ella no se nutre de grandes acciones o grandes dramas, sino de lo cotidiano, de esa superficie que, como dijo Paul Valéry de la piel, es lo más profundo. Así, el ojo del novelista, y su trabajo, se centran en los encuentros que el día a día pude propiciar. Hablamos del potencial de “lo normal”, de aquello que cabe en un día cualquiera. Una conversación, un pequeño viaje, una llamada… y de repente, sin darnos cuenta, con la suavidad que con la que el día se convierte en noche, nuestra vida ha cambiado.

“La muerte viene sola, la vida hay que buscársela, dicen por ahí”, leemos en esta novela. Una vida que hay que buscar en lo que tenemos a mano, en el placer de lo cercano, porque ahí, y sólo ahí, está  la llave de la novedad, pero también de lo imposible. Buscar la vida, dejarla hacer, desentenderse lo que viene solo, y no olvidar que nada lleva más lejos, y a un lugar más impredecible, que la suma de pequeños pasos. Para mí, esta es la lección vital que este libro guarda, y leerlo es ver cómo la vida de cada uno de los personajes que lo componen nos lo confirma: el filósofo de la calle y vitalista Nicolás de Vinarés, el bueno de Helio, una mujer hundida en sombras y cuervos negros, otra con cara de niña ansiosa de ser salvada, adolescentes con ojos de anfibio, un bedel con alma de rumiante… y muchos otros personajes que el lector irá conociendo según pase las páginas. Algo que no le costará mucho, porque este libro se lee prácticamente solo gracias a dos motores: el estilo ágil de Divisa y su humor polimorfo: oscuro, irónico, canalla y a veces tierno.

Tres hombres para tres ciudades es su primera novela, y así da gusto empezar a leerle.

Tres hombres para tres ciudades, Javier Divisa, Amargord, 2013.

Autor

Gonzalo Muñoz Barallobre
Soy filósofo y hago cosas con palabras: artículos, aforismos, reseñas y canciones. De Tarántula soy el cocapitán y también me dejan escribir en Filosofía Hoy. He estado en otros medios y he publicado algo en papel, pero eso lo sabe casi mejor Google que yo.

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