The host (La Huésped), de Andrew Niccol

The host (La Huésped), de Andrew Niccol

Andrew Niccol adapta la exitosa novela de Stephenie Meyer en una película digna pero altamente irregular.

 

Stephenie Meyer se dio a conocer en todo el planeta cuando, con apenas 34 años y gracias al éxito de su primera novela (Crepúsculo), se convirtió en la autora más vendida de todo el año 2008 (título que revalidaría doce meses después). Aquel parecía un motivo suficiente para pensar que cualquier nueva publicación que llevase la firma de la escritora de moda estaba destinada a convertirse en un absoluto éxito de ventas. En ese 2008, con todo a su favor, Stephenie Meyer publicaba The host, una novela de ciencia ficción para adultos que debutaría en el primer puesto de la lista de Best Seller del New York Times y se mantendría en ella a lo largo de 26 largas semanas. Era de esperar (más después del abrumador éxito en las salas de la adaptación al cine de la saga Crepúsculo) que la historia de alienígenas que había visto la luz en ese año 2008 no tardaría en ser llevada al cine. Apenas cuatro años después de aquel lanzamiento nos llega The host (La huésped): la primera entrega de una trilogía aún por escribir que promete relanzar aún más la carrera comercial de la escritora norteamericana.

The host (La huésped) nos narra la historia de una invasión alienígena, una colonización tras la cual los seres invasores se han terminado apoderando de las mentes de los humanos. Cuando Wandered invade el cuerpo de Melanie no cuenta con que su anterior dueña mantendrá una firme resistencia a cederle el control de su mente.

Saoirse Ronan en The host (La huésped)

El resultado de la adaptación de esta novela adulta de Stephenie Meyer (lo de adulta se perdió definitivamente en la adaptación) se antoja quizá algo agridulce. Y es que puede que esta película encuentre tanto en su trabajo actoral como en la construcción de sus personajes, el punto más débil de todo su metraje. Saoirse Ronan (que ya fuese nominada a un Oscar con tan solo trece años por su papel de Briony Tallis en Expiación, más allá de la pasión), al timón esta vez de uno de los trabajos más flojos de toda su carrera, se ve obligada a sostener el peso de una cinta en la cual sus partenaires masculinos apenas consiguen imponer su presencia, dos jóvenes actores que terminarán convirtiéndose en meras comparsas de una historia en la que el plano masculino se erige como un universo absolutamente desdibujado. A ello también ayudará un mediocre trabajo de casting del cual salieron dos actores tan similares (en algunos momentos podríamos incluso hablar de tres) que colaboraron a deconstruir sus ya de por sí débiles identidades. Sorprende, eso sí, el excelente trabajo del jovencísimo Chandler Canterbury, que en cada una de sus contadas apariciones consigue eclipsar, y de qué manera, el trabajo realizado por cada uno de sus “hermanos mayores”. También son de agradecer las apariciones en pantalla de William Hurt (al cargo de ese papel adulto interpretado por actor de renombre del que ya hicieron gala otros títulos similares como Harry Potter o Hermosas criaturas) o Diane Kruger, en un papel de villana que inevitablemente nos terminará remitiendo a aquella otra Diana que algunas décadas atrás inmortalizase para siempre a Jane Badler en la ya mítica serie V.

Max Irons y Saoirse Ronan en The host (La huesped)

Pese a todo ello The host (La Huésped) consigue mantener a lo largo de todo el metraje una cierta dignidad. Y esto es doblemente meritorio teniendo en cuenta que los diálogos que el ente invasor mantiene con su alma hospedera resultan altamente forzados, dando lugar a momentos realmente cuestionables, algunos de los cuales llegan incluso a rozar la parodia. Andrew Niccol termina optando por la salida más fácil al insertar una voz en off proveniente del cerebro del personaje cada vez que el alma invadida intenta reclamar su sitio, una solución sencilla pero ciertamente discutible que ensombrece la credibilidad con la que habría de tomarse toda la historia, pero que no parece suficiente para arruinar el éxito de esa complicada empresa de crear dos personalidades distintas y claramente diferenciadas, huéspedes ambas de un mismo cuerpo.

Absolutamente reseñable su banda sonora, como también destacables su correcto ritmo y ese extraño universo onírico (atención al campo de trigo y al firmamento de luciérnagas) que Andrew Niccol consigue recrear en las entrañas de aquella inaccesible montaña, una realidad que contrasta con la excelente frialdad estética latente en el universo invasor.

Diane Kruger en The host (La huesped)

Y es que The host (La Huésped), pese a sus muchos aspectos mejorables, goza sin duda de buen pulso. Es posible que en ocasiones se deje llevar por esos terrenos tan recurrentes en narraciones creadas por y para un público adolescente (aunque ésta originariamente no lo fuera), pero es innegable que su historia, tan ingenua como emotiva, terminará despertándonos un sentimiento de extraña aceptación en el momento de asistir a sus bellos y conclusivos títulos de crédito.

 

The host (La huésped) (2013), de Andrew Niccol, se estrena en España el 22 de marzo de 2013.

 

*José Gómez Fernández es licenciado en Comunicación Audiovisual. Ha sido guionista y director de diversos cortometrajes amateur y presentador de diferentes programas para radio y televisión local. Trabajó en el departamento de dirección en series de TVE y Antena 3, así como ha escrito diferentes artículos de cine en guías y revistas especializadas, tales como lanetro o Travelarte.

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Licenciado en Comunicación Audiovisual. Ha sido guionista y director de diversos cortometrajes amateur y presentador de diferentes programas para radio y televisión local. Trabajó en el departamento de dirección en series de TVE y Antena 3, así como ha escrito diferentes artículos de cine en guías y revistas especializadas, tales como lanetro o Travelarte.

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