TERRITORIO DE LUZ, YUKO TSUSHIMA

TERRITORIO DE LUZ, YUKO TSUSHIMA

La literatura japonesa resulta distante y misteriosa, de ello podemos suponer que es una consecuencia de la lejanía y la diferencia cultural. Por eso, Japón tiene tanto encanto en Europa, porque lo lejano y lo enigmático intriga a los lectores curiosos. Con sus libros, tratamos de entender su cultura, sus bosques, sus keyaki, sus tatamis, sus gentes, sus kagiori, sus bares impolutos. Aunque hay cosas que no cambien, pues en Tokio: El sol del oeste reverberaba con tanta fuerza que deslumbraba, trémula como un espejismo. La gente destila soledad y los vecinos a menudo son unos miserables. Tampoco cambia demasiado el dolor de una separación matrimonial, y así, en esta balanza, hay una distinción entre lo cotidiano y lo profundo. Lo corriente o familiar, lo narrado sobre la crianza de la hija, los vecinos, los incidentes del hogar, los parques. Lo oculto, de igual manera, reclama todo tipo de actos burocráticos y domésticos, pero todo esto camina hacia la tristeza del alma. Primero, los niños son tan adorables como crueles, salvo que los compares con Hitler o Videla. Segundo, el amor es igual de despiadado que el desamor. Son coordenadas, sistemas geométricos perfectos.

“Al parecer, mi hija se había acercado al aula de los bebés con unas tijeras, y cuando nadie miraba había intentado cortarle el lóbulo de la oreja a uno de ellos. Las cuatro maestras de mi hija y la directora me acorralaron durante un buen rato…”.

Porque la realidad es preciosa para luego ser cruda, fría y macerada como un steak tártar. La adversidad del amor y la educación compartida de los hijos son el desamor y el desamparo. Por tanto, Territorio de luz es una historia sobre la maternidad, el abandono, el recogimiento, sobre la vecindad y los asuntos cotidianos de las casas con sus averías y sus inundaciones. La compañía y el cariño necesitado de los demás, el suicidio, la desesperación, los trenes, la realidad onírica como obertura del naufragio y la reminiscencia del pasado, pero sobre todo, la crianza de una hija en un mundo no del todo amable ni empático.

  • Que se vayan los malos sueños. Que ninguna pesadilla se acerque a esta niña. Es una niña buena y solo se merece los sueños buenos. Por favor. Por favor… Que se vayan los malos sueños. Que ninguna pesadilla se acerque a esta niña. Es una niña buena y solo se merece los mejores sueños. Que sueñe con algo alegre. Que sueñe con flores bonitas brotando a su alrededor. Que sueñe que lleva un vestido bonito y está bailando…

Mi hija dejó de llorar, sonrió y acercó sus oídos a mi voz. Motivada por su sonrisa, me entregué en cuerpo y alma a seguir recitando el conjuro.

La maternidad adopta diversas variantes, con una premisa permanente: todas las madres son hijas. A su vez, la variedad estriba en el matrimonio heterosexual y homosexual, los hijos biológicos, adoptados, la vertiente monoparental, la pareja de hecho, y todo lo que Dios, la ciencia y la política social quieran darnos, aunque… ¿Cuándo se inicia la maternidad? ¿Cuándo acaba? Probablemente dura toda la vida, y es la aceptación desprendida de todos sus contratiempos, porque ser madre es, también en Territorio de luz, dar mucho y pedir poco, lidiar con mil batallas diarias, disimular, inventar: tratar de que una niña sea feliz navegando entre la culpa, el miedo, la separación, el dolor de vivir. Y la metáfora de la luz en Japón, o en el lugar más remoto que podamos imaginar. Ya fuera la Conchinchina.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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