“Taxidermia de una alondra” de Iván López-Ortega

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Iván López-Ortega y Macarena Sanz en "Taxidermia de una alondra" ©Olivier Theurillat

Hay trayectorias que avanzan sin hacer ruido, como si la obra se abriera paso sola. En apenas unos años, Iván López-Ortega ha ido ocupando distintos lugares de la escena: en el CDN, con trabajos como Vulcano o Blast; en el Teatro Español, como actor y músico en Luces de bohemia o Viaje hasta el límite; en los Teatros del Canal, con Comedia sin título, El público o Mutantes, El Dios de la juventud, como escenógrafo y como músico participó en la presentación de la temporada 24/ 25 del Teatro Español . Su presencia se ha deslizado por múltiples oficios —actor, músico, creador, pintor, escenógrafo— no desde la acumulación, sino desde una forma natural de pensar el teatro en capas. Este mes suma además una nueva escenografía para el Fernán Gómez,otra pieza en un camino que crece con cada proyecto, sin necesidad de justificarse.

Taxidermia de una alondra reúne por primera vez todas esas vertientes: es autor, protagonista junto a Macarena Sanz y comparte la dirección con Sergio Iglesias. Esa codirección no es un detalle técnico: es una mirada necesaria. Cuando alguien escribe e interpreta su propia obra, requiere otra perspectiva que sostenga el conjunto, que vea lo que él no puede ver desde dentro del escenario. Una segunda mirada que no corrige, sino que afina, algo que algunos creadores no alcanzan a entender.

La obra nace de una pregunta que siempre vuelve: ¿por qué seguimos buscando la tragedia? Quizá porque permite bordear el miedo sin atravesarlo, porque al convertirse en relato el dolor pierde filo. La taxidermia hace algo similar: conserva lo muerto con apariencia de vida, lo suspende, lo vuelve soportable. El teatro también: nos ofrece un cristal invisible desde el que contemplar lo terrible sin caer.

Pero hay historias que no admiten solo la vitrina. Incluso disecadas conservan un pulso inquietante. ¿Dónde termina la empatía y empieza el deseo de observar el desastre? ¿Qué revela de nosotros esa atracción por lo que duele? ¿Por qué nos conmueve algo que no nos amenaza? Quizá un derrumbe ajeno —y la posibilidad de mirarlo— nos recuerda nuestra propia fragilidad, nuestra necesidad de sentir algo real entre tanto control.

Toda obra necesita espectadores que lleguen con un hueco para asimilar lo que vana a ver. Yo iré así a Taxidermia, como siempre que voy al teatro: sin anticipar, escuchando, dejando que la escena me encuentre.

Iván López-Ortega y Macarena Sanz en “Taxidermia de una alondra” ©Olivier Theurillat

 

Taxidermia de una alondra, estrena el 13 de noviembre de 2025, y se podrá ver también los días 21 y 28, del mismo mes, en la Sala  El Umbral de Primavera Lavapiés -Madrid- mas información AQUÍ

Autor: Iván López-Ortega Dirección: Iván López-Ortega y Sergio Iglesias Elenco: Macarena Sanz e Iván López-Ortega  Videoescena y diseño promocional: Margo García Fotografías: Olivier Theurillat Colaboración especial: Carmen Longo y Nieves Muñoz

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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