Sucia de Bàrbara Mestanza

Sucia de Bàrbara Mestanza

En la imagen Bàrbara Mestanza, autora, directora e interprete de Sucia Foto de Luz Soria

 

Por Luis Muñoz Díez

 

Sucia es una pieza escrita, dirigida e interpretada por Bàrbara Mestanza, que sin mucho preámbulo nos narra un hecho que marcó a una joven actriz. Pasados cinco años siente la necesidad de ver la cara del masajista que aprovechando su profesión, le adentró los dedos en su vagina sin usura, para su placer particular, y ella no solo calló, incluso pagó el masaje. Tardó en asimilar lo ocurrido, incluso restando gravedad al hecho, y sobre todo por no tener respuesta a la pregunta ¿por qué no hiciste nada?

¿Por qué no hiciste nada? Sencillamente porque en el imaginario colectivo persiste la tradición cultural judeo cristiana que da por cierto el axioma, de que si te ocurre algo es porque algo has hecho.

Una violación es algo que llega por sorpresa, avasallando los campos físicos y psíquicos, descodificando la respuesta y retrasando la reacción. Cuando pasa, la victima ha de tomarse un tiempo para asimilar que lo que ha ocurrido ha sido real, normalmente el cuerpo demanda cuidados que palíen el dolor y los desgarros, dando una tregua para asumir la gravedad de lo ocurrido.

Las imágenes que percibimos por los diferentes emisores, conforman un deseo artificial que confunde, y lo que en una pantalla te puede proporcionar un motivo de autosatisfacción sexual, en la realidad no sería nada deseable, porque en tú recreación ocurre todo de la manera que deseas, y dura exactamente el tiempo que quieres.

El personaje de la mujer violada, lo interpreta primero el actor Nacho Aldeguer y después le releva la autora. Sucia de Bàrbara Mestanza Foto de Luz Soria

El personaje de la mujer violada, lo interpreta primero el actor Nacho Aldeguer y después le releva la autora. Sucia de Bàrbara Mestanza Foto de Luz Soria

Por educación se ha trasmitido que en la mujer la sexualidad es algo secundario, porque sus órganos están únicamente para perpetuar la especie, y no para gozar. El deseo sexual es poderoso y se salta la norma, pero deja la culpa, en la mayoría de las veces más por permitirte desear algo, que por haberlo llevado a la práctica. Es una forma de vivir bajo sospecha durante toda la vida de tus deseos, puedes suscitar una confianza total en todo tú entorno y contar con su aprobación, pero para dictar la culpabilidad el juez más implacable es uno mismo.

Bárbara Mestanza ha dirigido una función vital, en la que se alterna la actuación con unas proyecciones que ocupan toda la pared del fondo, y los dos laterales del escenario, que recogen las manifestaciones solventes de la asesora de conciencia género Lídia Casanovas, la psicóloga de violencia machista y abuso Anna Planadevall, la periodista de Investigación Núria Juanico sobre abusos en el mundo escénico, y la abogada penalista Carla Valls.

Mestanza alterna las proyección que recogen los testimonios, con otras imágenes multicolores que, aún restando hierro no pierden el hilo de su denuncia al machismo y a la herencia patriarcal, que se nos han inoculado con leche materna, y nos crea una disputa interna constante.

La autora directora ha creado una pieza incluyente para que nadie sienta el dolor de ser violada como algo ajeno, y no haya escusas de que esta obra es para mujeres, porque el machismo nos afecta a todos, aunque está claro que las violaciones las cometen siempre hombres.

Ahondando en lo anterior Mestanza, hace que sean un actor y una actriz los que representen el personaje de la mujer violada. En  la primera mitad de la función será el actor quien la asuma, y será ella misma la que tomará el relevo de su personaje. El que sea un actor el que represente las situaciones por las que ha de pasar una mujer de la que se abusa, es un símil valido en todas sus lecturas.

En un determinado momento el actor inicia la escena de cuando fue violada la protagonista, y pide a un espectador hombre, que represente al masajista que la violó. En principio a la chica le manoseo el culo, y el actor tumbado bocabajo y desnudo, le pide que lo haga. La escena por el corte del espectador provoca la sonrisa por el apuro que está pasando, pero el culo desnudo del actor a merced de las manos del extraño, recuerda que uno de los mayores pánicos que puede sentir un hombre heterosexual es a ser penetrado por la fuerza. Una razón de peso, para hacerse cargo sin ningún esfuerzo de la grave agresión física y psíquica, que se le infringe a una mujer cuando es violada.

Con Sucia Bàrbara Mestanza no quiere guardas miedos y agravios debajo de la alfombra Foto de Luz Soria

Con Sucia Bàrbara Mestanza Con Sucia quiere levantar la alfombra donde escondemos los miedos y agravios, y en el caso de su protagonista una violación. Foto de Luz Soria

El encargado de representar el dolor femenino con su cuerpo de hombre barbado es el actor Nacho Aldeguer, que alterna con naturalidad el personaje con Bàrbara Mestanza. El trabajo de cuerpo y voz de ambos actores es de nota, y lo realizan con una naturalidad, y una resistencia pasmosa.

Una historia se puede contar en varios registros. La autora ha elegido un tono vital alto, en que pone de manifiesto todas las contradicciones que padece. El aprendizaje de decir que no, contemplando que no se puede decir siempre, y a todo, que no. El celofán que envuelve con música y baile la función, el chándal rosa y la juventud imparable de Nacho y Bàrbara son un acierto porque aún así, el desazonador mensaje le llega al publico integro.

Por las características de la función y la importancia que tiene tanto la estética, como la imagen, y la música. No quiero dejar de señalar el buen trabajo realizado por el equipo: El diseño de espacio escénico y vestuario se ha hecho cargo Paola de Diego, de la precisa Iluminación Adrià Pinar, el diseño de sonido es de JUMI. La dirección de los potentes audiovisuales es de Marc Pujolar, y la grabación y montaje realizados por Ales Alcalde, y del polifacético Mikel Arostegui.

Bàrbara no ha querido dar un final a su búsqueda del violador, porque eso puede ser un camino, o no, pero seguro que esa no es la meta. Su particular travesía por el desierto acabará cuando le pregunten ¿por qué no hiciste nada? Tenga una respuesta rotunda, aunque no lo sea más que para ella misma, que es lo importante.

 

Nacho Aldeguer y Bàrbara Mestanza, reciben el aplauso del público finalizada la representación de Sucia de Bàrbara Mestanza Foto Andrea Perssinotto

Nacho Aldeguer y Bàrbara Mestanza, reciben el aplauso del público finalizada la representación de Sucia de Bàrbara Mestanza Foto Andrea Perissinotto

Sucia se puede ver del 6 al 30 de mayo de 2021 en el Teatro de La Abadía de Madrid en la Sala José Luis Alonso, más información de fechas, horarios, y compra de entradas aquí.

Dramaturgia y Dirección Bàrbara Mestanza Ayudante de Dirección Jaume Viñas Asesora Dramatúrgica y Actoral Laia Alberch Diseño Espacio Escénico y Vestuario Paola de Diego Diseño Iluminación Adrià Pinar Diseño Sonido y Gráfico JUMI Dirección Audiovisual Marc Pujolar Fotografía Luz Soria Grabación y Montaje Ales Alcalde Mikel Arostegui Comunicación CODEA Jefa de Prensa Josi Cortés Asesoras: Asesora Conciencia Género Lídia Casanovas Psicóloga Violencia Machista y Abuso Anna Planadevall Periodista Investigación Núria Juanico Sobre Abusos en el Mundo Escénico Abogada penalista Carla Valls Producción Nacho Aldeguer Mayte Barrera Rosel Murillo Idea original de espacio escénico Anna Cornudella Colaboración especial de Mónica Boromello, Néstor Reina y Kiwi Bravo. Una coproducción de Bella Batalla y Teatro de La Abadía

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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