Sexualidad: ¿Universos paralelos?

Sexualidad: ¿Universos paralelos?

Las mujeres ya han dado un gran paso al frente. Son más independientes, más libres, saben mejor lo que quieren, tienen menos fantasías románticas. Así que no es de extrañar que cada vez haya más mujeres que sepan jugar o juguetear con los hombres y “aprovecharse de ellos”. De ahí que cada vez más hombres se sientan tratados como “hombres-objeto”. Y la reacción de los hombres es de lo más curiosa: quieren que les quieran. Lo que constituye una inversión radical de los papeles tradicionalmente atribuidos al hombre y a la mujer.

Pero el rol “conservador” viene propiciado genética y culturalmente por la maternidad y la necesidad subsiguiente de proteger a las crías hasta su maduración. Digamos que es un rol “natural” de las mujeres. Si los varones heterosexuales de repente se encuentran ante una necesidad cultural de responder con un rol conservador, sus puntos de apoyo y sus bases de anclaje serán poco firmes. Y así los hombres “pasan” rápidamente de los chascos afectivo-sexuales que se llevan. Se les pasa el disgusto rápidamente, volviendo a engranarse en la rueda del amor, y vuelta a empezar.

Con este panorama cada vez hay más mujeres solas por elección, o por un acompasamiento que ven natural a las circunstancias de sus cambiantes vidas afectivas. Por un efecto carambola cada vez hay más hombres y mujeres que viven solos y solas. Y la soledad es un estado o un espacio vital mucho más invivible para los hombres que para las mujeres. Pues los hombres no suelen estar adiestrados para tener una vida autónoma en lo material. A diferencia de las mujeres, que todavía portan consigo el bagaje necesario para sacar adelante a una familia, reconvertido rápidamente en un egoísta vivir a solas.

Un efecto colateral de la revolución sexual femenina fue un incremento exponencial de la homosexualidad masculina, en parte porque la visibilidad gay aumentó por un efecto contagio de la liberación de las minorías, y en parte porque efectivamente la proporción de hombres gays se incrementó al disminuir la estigmatización social de la homosexualidad.

Pero en otro sentido, se puede ver al auge de la homosexualidad masculina como un efecto “espita”: se ha dicho que la homosexualidad masculina moderna en Occidente nos permite ver actuar y desenvolverse al hombre tal y como “realmente es”. En cierto sentido, el gay urbano moderno sería el hombre sin cortapisas, sin el freno de la sexualidad femenina que no ha dejado nunca manifestarse libremente a la sexualidad puramente masculina. Es decir, la manifestación de un depredador sexual, que desecha relación tras relación, en una espiral sin fin, con muy escasas y muy poco duraderas, relaciones de pareja.

Paralelamente, los hombres heterosexuales están descubriendo su “lado femenino”, al encontrarse ¿atrapados? en un nuevo nicho ecológico: sus apartamentos de singles. Aprenden a cocinar, a planchar, a organizar la vida doméstica, (al saltar el Amor por la ventana, se refugió en la Protectora de animales a prohijar cachorros) frecuentemente con mascotas. La feminización de interiores tiene su reflejo en el exterior afectivo-emocional. Con lo que damos una nueva vuelta de tuerca y a mayor femineidad masculina emocional, mayor desamparo en sus relaciones, con el consiguiente desamor y vuelta a empezar. Pero como el Amor ha sido expulsado del sexo, esta espiral sin fin es muchas veces más de contenido femenino que masculino (o de pura descarga sexual como practican los varones gays).

Fijémonos con más detenimiento en esta proposición: “el Amor ha sido expulsado del sexo”. No estoy diciendo que el sexo ha sido expulsado del Amor, lo que llevaría directamente a la sexualidad de estos varones singles heterosexuales, partidarios de un ferviente onanismo y en muchos otros casos del sexo de pago. Con mayor frecuencia, estos varones viven una virginidad inducida en la que cada nuevo fracaso amoroso, y van, pone el contador sexual a cero, como si se cosieran imaginarios hímenes masculinos. Psicológicamente es como si la experiencia sexual fuera disminuyendo en lugar de incrementarse. Así, estos varones, cada vez más frágiles, necesitan menos del sexo en sus cuasi-infinitas relaciones amorosas.

Relaciones amorosas que cada vez más son meros amagos y no auténticas pegadas. Flatus vocis amorosas que retroalimentan la soledad y el desamparo. El varón single heterosexual cada vez está más próximo de su perrito faldero, único tamaño de can admisible en espacios vitales reducidos.

Las mujeres singles, por contra, cada vez se ven más reafirmadas en sus posiciones. Enfrentadas a varones cada vez más manejables y deformables, ven gratificadas sus aspiraciones de erigir una vida en solitario, lejos del egotismo varonil. Mujeres fuertes y sobradamente preparadas que pueden aspirar a una maternidad en solitario, controlando la evolución de la prole sin tener que someterse a inclinaciones masculinas.

Creo que las mujeres todavía no están preparadas para dar el siguiente gran paso en la liberación sexual que sería el incremento sustancial de la tasa de relaciones lésbicas. O tal vez las mujeres están esperando ver cómo acaba el experimento de la homosexualidad masculina…Es cierto que en fintas y quiebros mentales no las podemos ganar.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

2 comments

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    Enhorabuena a Pepe Zurriaga, por este análisis realista de la época actual, del cambio de roles establecidos desde hace muchos años y de la visión interesante del autor. Claro esta que la mujer ha adquirido un panel relevante en todos los campos de esta sociedad y que alguno hombres son meros instrumentos en manos de ellas. Es el hombre que aún no es totalmente independiente, básicamente en las tareas domésticas. Por ello el hombre es más reticente a vivir sólo que la mujer.
    Pero creo que estos hombres pertenecen a roles educacionales anteriores a esta época, ya que los hombres del siglo XXI somos más colaboradores en tareas domésticas y de igual forma que ellas, y por este motivo los hombres deciden vivir de igual forma solos sin problema alguno.

    M pregunta es. Es que la sociedad se ha vuelto más egoísta y prefiere no compartir defectos, experiencias y demás sensaciones en pareja, Independientemente del sexo?

    Quizás el hombre pase en el futuro a ser mero proveedor de esperma sin sexo, para abastecer a las mujeres denominadas singles, ya que cada día, y refleja Pepe Zurriaga en su artículo extraordinario, ellas opten a ser madres en solitario?

    Bueno este tema daría para una tertulia y apasionante . Felicidades Pepe por este artículo de nuevo.

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      Muchas gracias por tu comentario, Juanjo.
      Creo que éste es un juego de suma positiva -o negativa, según se mire- en el que las mujeres salen ganando. Y si uno no quiere…

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