SERIELIZADOS 2018. Crónica 02

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Por NACHO CABANA

Breaking bad es, para el que esto escribe, la mejor de las grandes series de la larga era dorada de la televisión que llevamos viviendo desde finales del siglo pasado. ¿Qué es lo que la sitúa por ligeramente por encima de cumbres como Los Soprano o A dos metros bajo tierra? Primero de todo que se trata de un tratado sobre la masculinidad como nunca antes se había visto en un relato serializado o no; segundo, que no flaquea en ninguna de sus temporadas y tercero, que dirige sus argumentos siempre hacia la evolución del personaje central que recorre un arco de transformación tan implacable como lógico de principio a fin.

Sobre esta segunda cuestión le pregunté a su creador y showrunner Vince Gilligan en su reciente visita como cabeza del cartel del muy simpático y cada año más completo Serielizados Fest de Barcelona. ¿Cómo dosifican la información en la evolución de Walter White sin saber cuántos capítulos van a tener para convertirle en Heisenberg? La respuesta de Gilligan no hace más que constatar su enorme talento y humildad. En la temporada dos, White deja que la novia de Jessie se ahogue en su propio vómito. En la cadena (justo al contrario de lo que suele suceder en nuestro país, donde todo tiene que pasar cuanto antes, preferentemente en el primer episodio) pensaron que era demasiado pronto para una caída tan pronunciada en el lado oscuro pero Gilligan, Peter Gould y los suyos decidieron mantenerlo porque respondía a lo que Walter White necesitaba lograr en ese momento de su conversión a Heisenberg. Y así procedieron siempre, no trazando grandes arcos sino pequeñas montañas que el personaje central tenía que ir sorteando para lograr sus sucesivas metas. “Y mirando constantemente a lo que había pasado antes para reutilizarlo en el futuro y que así la gente pensara que lo teníamos todo más preparado de lo que realmente lo teníamos”.

Gilligan, que tuvo palabras de reconocimiento a su equipo de guionistas, aseguró que cuando hizo el pitching de Breaking Bad a la cadena, al ejecutivo de turno le pareció la peor idea posible para un show y por eso, precisamente, la compró. Como le ocurrió a J. J. Abrams con Perdidos pensaron que no iban a ir más allá de la primera temporada y por eso hicieron lo que quisieron desde la mítica escena inicial de Bryan Cranston corriendo en calzoncillos por el desierto (que el actor temió tener que hacer desnudo) hasta salvar a Jesse Pinkman de la muerte a la que le habían condenado al ver la extraordinaria quimica que mantenía con el protagonista.

Para el desenlace de la serie, estuvieron meses buscando algo que sorprendiera. Un punto de giro final que dejara a la gente con la boca abierta. Se plantearon incluso que muriera todo el elenco excepto el protagonista, sarcástica opción que desecharon para optar por algo que fuera absolutamente coherente con la evolución de White aunque no epatara. Y lo encontraron en la muerte del personaje rodeado de los bidones con la química que tanto amó siempre

Respecto a Better Call Saul explicó Gilligan que al principio crearon una serie cómica donde Saul Goodman resolvía casos desquiciados de su peculiar cartera de clientes. “Pero no éramos guionistas de comedia y optamos por contar cómo Jimmy McGill se convirtió en Saul”. Es decir, seguir la misma estrategia que con White/ Heisenberg, que la serie se vertebrara a partir de la evolución de un personaje con la diferencia de que en la segunda, el final ya lo sabe el espectador de antemano.

Ahora Gilligan ha delegado su responsabilidad en Better call Saul en su socio Gould y se encuentra escribiendo (“debería estar haciéndolo ahora en lugar de estar en Barcelona con ustedes”) una miniserie sobre el asesinato/suicido acaecido entre los fieles de una secta en EE.UU

Serializados Fest 2018 ha contado también con el estreno en España del primer episodio de la serie danesa Liberty de Asger Leth, basada en el primer libro de una exitosa trilogía del prematuramente fallecido (40 años) Jakob Ejersbo publicado en España por Roca editorial. Ambientada en la Tanzania de los años 80 (aunque rodada en Sudáfrica) la serie narra la vida de un conjunto de expatriados en África, alguno para hacer negocios con el algodón, otros trabajando en cooperación y una de ellas ejerciendo de enfermera en un centro de salud. El libro se basa en la relación de amistad de un menor europeo y otro africano aunque en la serie han optado por unas tramas más corales. Liberty está muy bien realizada e interpretada, te crees que los personajes se encuentren el África oriental de los 80 pero fracasa al conformarse con tramas y argumentos planos y carentes de interés. Recurrir en el piloto de una serie al ataque de una serpiente y a un accidente de tráfico es un preocupante síntoma de que no has diseñado bien tu producto.

Menos ambiciosa y más divertida es Wellington Paranormal de Jemaine Clement y Taika Waititi una suerte de spin off de aquella desternillante Lo que hacemos en las sombras dirigida por ellos mismos y centrada en dos de lo policías que aparecían en el largo y centrados en la lucha diaria contra los fenómenos paranormales en su distrito.

La serie funciona mejor cuando lo paranormal tiene su paralelismo con situaciones cotidianas que dos policías urbanos se pueden encontrar en su patrullar (la chica vomitando que resulta estar poseída) y algo peor cuando no hay confusión o ambigüedad posible. Tiene una estructura bastante férrea (lo que provoca que el espectador espere la variación semanal de las situaciones fijas), un personaje (el del jefe) francamente brillante, efectos especiales con un pie en lo cutre (lo que en este caso es un halago) y usa eficazmente el formato de reality para contradecirlo en cada plano. Los momentos de los personajes hablando a cámara contando lo que ha pasado mientras algo absurdo ocurre en segundo término son francamente hilarantes.

Con un maratón de los seis episodios de Wellington Paranormal acabó esta quinta edición del Serielizados Fest. Muy buen trabajo el de sus organizadores Betu Martínez y Víctor Sala, que han logrado además que su evento se convierta en un punto de encuentro de guionistas dispersos por el estado español Esperemos que el año que viene haya, es una sugerencia, alguna representación latinoamericana. ¿México o Colombia como países invitados?

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Nacho Cabana

NACHO CABANA (Madrid, 1968) es guionista de cine y televisión y escritor. Desde “Colegio Mayor” (1993) a “Matadero” (2018) pasando por “Policías en el corazón de la calle”, “Médico de familia”, “Compañeros”, “U.C.O” numerosas series de TV llevan su sello . Así mismo es el coguionista de dos largometrajes de ficción, “No debes estar aquí” (2002) y “Proyecto Dos” (2008) y los documentales “Arizmendiarreta, el hombre cooperativo” (2019) y “Aute retrato” (2020) que fue nominado al Goya. También es el responsable de “Tres caídas” (2006), documental sobre lucha libre mexicana presentado en el Sitges Film Festival y otros certámenes internacionales. Como escritor ganó en L´H Confidencial 2014 con “La chica que llevaba una pistola en el tanga” (Roca editorial), el “Ciudad de Irún” de novela en 2004 con “Momentos robados” y el de cuento en el mismo certamen con “Los que comen sopa” (1993). “Verano de Kalashnikovs” (Harper Collins, México) es su última novela. Actualmente es tutor del módulo de ficción televisiva del Máster de Guion de The MediaPro Studios con la ESCAC y escribe críticas de cine, teatro y música en la revista cultural on line “Tarántula”. Viaja todo lo que puede y escribe aunque no pueda.

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