SAFARI de Ulrich Seidl.

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Por NACHO CABANA.

Dos jubilados austríacos con sobrepeso toman el sol en bañador en la piscina de un resort venido a menos de Namibia como si estuvieran en Málaga. No hay nada alegre a su alrededor. De hecho, no hay nadie excepto Ulrich Seidl y su equipo grabándoles en los mismos planos fijos y simétricos con que ha construido su ejemplar filmografía. Lo mismo ocurre cuando las tomas se trasladan a los interiores y los entrevistados pasan a ser una pareja más joven de la misma nacionalidad y que dentro de cuarenta años será como los primeros.

Como falleras en Tokio.
Como falleras en Tokio.

¿Y de qué hablan ellos y otros personajes igualmente descontextualizados de su Europa natal? De matar animales. Para eso han ido a África. Para sentirse superiores a las bestias; a los compatriotas que no pueden gastarse el mismo dinero que ellos en pasar una semana jugando a ser cazadores; a los africanos que les guían hasta los animales salvajes para, una vez muertos, despiezarlos y comerse lo que no necesita el taxidermista.

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Van a matar a África para hacerse fotos con los cadáveres de una cebra, de un antílope, de una jirafa cuyo cuello se convierte durante su agonía en algo parecido a una escultura de Henry Moore. Y están allí, sobre todo, para darse golpecitos en la espalda, para alabar unos los tiros de los otros. Para sentirse paternalistas y orgullosos de las mujeres que les acompañan porque siguen su camino de machotes.

Qué bien lo pasamos entre machotes.
Qué bien lo pasamos entre machotes.

¿Y de qué hablan? Pues de lo que han matado y de lo que esperan matar aunque elijan las piezas de un menú a la carta con los precios marcados. Pero sobre todo balbucean una tras otra las excusas que se ponen a ellos mismos por hacer lo que hacen. Por jugar a ser la fotocopia borrosa de los cazadores que retrataron Howard Hawks o Clint Eastwood aunque probablemente nunca hayan escuchado hablar de ellos.

El fin de la naturaleza.
El fin de la naturaleza.

Seidl filma a sus criaturas (humanas y animales) de manera opuesta a como ambos maestros lo hicieron en ¡Hatari! (1962) o Cazador blanco, corazón negro (1990). En los espacios abiertos que el director austríaco no acostumbra a frecuentar, con una cámara en mano que no suele utilizar consigue ser más claustrofóbico que en los sótanos de su anterior película (En el sótano -2014-) y despoja de esta manera de cualquier grandeza los cielos, las armas, las bestias, los hombres.

Mucho trabajo para el taxidermista.
Mucho trabajo para el taxidermista.

El director de la trilogía Paraíso (2012-2013), nada sospechoso de ser un animalista (basta con ver su algo más digerible película Animal love -1996- para atestiguarlo) utiliza la crueldad para indignar progresivamente al espectador y llevarle luego a algo peor que la pornomiseria y la denuncia en las que con sumo cuidado ha evitado caer plano tras plano. Para dejarte solo como a un perro en la puerta de un hotel en el final de los viajes y el final de la naturaleza.

No le pidas que cuide a tu perro.
No le pidas que cuide a tu perro.

El malogrado Michael Glawogger (que firmó con Seidl en 1989 Krieg in Wien, un documental que contrastaba las noticias que se produjeron durante cuatro días en determinados países del mundo con la vida diaria en Viena durante ese mismo periodo de tiempo ) retrató con similar crudeza un mercado nigeriano en The workingman´s death (2005).

El fragmento nigeriano de Workingman´s death.
El fragmento nigeriano de Workingman´s death.

Era tanta la sangre de animales derramada sobre el suelo que éste se convertía en un lienzo pintado con aerosoles sobre una superficie giratoria. Pero al menos, en aquella masacre había una finalidad alimenticia. Aquí tras la muerte solo hay fotos con las que dar envidia a los amigos antes de volver a casa.

Qué lastima que Seidl no se encontrara con Juan Carlos I durante el rodaje de Safari.

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(Buena parte de la filmografía de Seidl se encuentra disponible en ese paraíso cinéfilo que es la plataforma Filmin) 

 

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Nacho Cabana

NACHO CABANA (Madrid, 1968) es guionista de cine y televisión y escritor. Desde “Colegio Mayor” (1993) a “Matadero” (2018) pasando por “Policías en el corazón de la calle”, “Médico de familia”, “Compañeros”, “U.C.O” numerosas series de TV llevan su sello . Así mismo es el coguionista de dos largometrajes de ficción, “No debes estar aquí” (2002) y “Proyecto Dos” (2008) y los documentales “Arizmendiarreta, el hombre cooperativo” (2019) y “Aute retrato” (2020) que fue nominado al Goya. También es el responsable de “Tres caídas” (2006), documental sobre lucha libre mexicana presentado en el Sitges Film Festival y otros certámenes internacionales. Como escritor ganó en L´H Confidencial 2014 con “La chica que llevaba una pistola en el tanga” (Roca editorial), el “Ciudad de Irún” de novela en 2004 con “Momentos robados” y el de cuento en el mismo certamen con “Los que comen sopa” (1993). “Verano de Kalashnikovs” (Harper Collins, México) es su última novela. Actualmente es tutor del módulo de ficción televisiva del Máster de Guion de The MediaPro Studios con la ESCAC y escribe críticas de cine, teatro y música en la revista cultural on line “Tarántula”. Viaja todo lo que puede y escribe aunque no pueda.

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