Sacrificio, de Román Piña

Sacrificio, de Román Piña

Sacrificio Román PiñaLe ha quedado cojonuda esta novelita (120 páginas) a Román Piña. Aquí salen más hijos de puta que en una bacanal con aquelarre de Charles Manson y Sandro Rey de la mano de la bruja Lola y el enano Sandoval. Ni aposta ; con premeditación y un ex profeso del copón. Es el MAL. Absoluto. Incondicional. Sin negociación. Risas, todas, de rango tristeza y frivolidad.

Horacio Topp había nacido sin brazos ni piernas. Sólo con una especie de alita, como un dedo extraño, donde debía nacer su brazo derecho.

Horacio Topp no tiene pies ; tampoco piernas. Es pura energía del positivismo. El Mesías del necesitado, aunque el espectador sea una adolescente gordo con granos y una kawasaki-z800 del 98 que se quiere tirar del puente de Segovia  porque su madre es gorda y tiene bigote y en consecuencia él es una obra directa.  Irene Villa, pero a lo bestia. El salvador, el niño del anuncio de Cola-Cao, que hace surf, esquía, vuela en parapente y acaricia la calva de un abuelo moribundo. A Horacio nadie sería capaz de hacerle daño, primero por benevolencia y mansedumbre, segundo porque tiene la misma minusvalía que un caracol común de jardín modelo Helix Aspersa y está fabricado de desechos. Pero desaparece. El tipo que nos convence para vivir, cuando el principal prodigio es cualquier motivo de su sonrisa. Es Horacio Topp.

Si sabes que Topp existe y te fastidia ligeramente ser negro, blanco, mulato, amarillo, o ser judío, árabe o gitano, seguramente no mereces vivir. Suicídate. 

 

– Sabemos que estás escribiendo mucho, Topp. Seguro que esto no va a pararte los pies.

Y se rió de su maldad.

Le torció el dedo hasta oírse una rotura de hueso. La alita quedó colgando por la piel, hasta que Salomón la cortó con unas tijeras de cocina.

 

Escribo, decía el texto, volcado en un teclado que empapo con lágrimas y mocos. No son lágrimas de pena. Son de odio. 


Desconocía hasta la fecha la obra de Piña , pero me declino en la oferta de romper una lanza a su favor porque considero muy difícil la narrativa más bufonesca y transgresora , casi siempre tan poco reconocida por el gran público , tan flipado con la tragedia, la vida de los deportistas muertos y los mitos, y he recaído en el hipnotismo de estar a full con Sacrificio las tres horas que se tardan en leer 120 páginas. Poco más se le puede pedir a la literatura desde un sillón rojo con una birra. El no atender a nada ni a nadie por un puto libro. Ocurre cuando la escritura es heroica y el sarcasmo inteligente. ¿ Quién dijo que la burla, el humorismo puramente negruzco, las discapacidades físicas, los feos , los malísimos, los corruptos de Mallorca, los editores hijos de puta (y graciosos)  y los remiendos del detective no valen para la alta literatura ? Al final es lo mismo, una veces premeditadamente: el alma humana. Otras, con chiste: el alma humana. De ahí que la novela sea más importante de lo que parece. Con chiste. Muy válida como artefacto analítico del está pasando frente a la alcanforada vida fragmentaria e imperfecta de muchas obras literarias.

El humor como tono de reflexión, carente de todo protocolo, como la realidad, el reflejo de la condición humana, y un puñado de miserias. Todas.

Sacrificio, Román Piña, Salto de Página, 2015.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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