Reflexiones tras La caza, de Thomas Vinterberg

Reflexiones tras La caza, de Thomas Vinterberg

La caza es una película que despierta la reflexión, que critica con dureza una sociedad asentada en pilares demasiado erróneos.

Si existe algo complejo vinculado por siempre a la existencia humana es la construcción y funcionamiento de una sociedad; un infinito entramado de millones de individuos que requiere, para su correcto funcionamiento, de unas normas o leyes que faciliten la necesaria convivencia de una especie con clara vocación social. Algunas de estas normas podrían no ser apoyadas por una gran parte del grupo pero, o bien son aprobadas por una gran mayoría (democracia) o bien por alguien con el suficiente poder para terminar haciéndolo (dictadura). Existe un segundo grupo de normas que, aún pudiendo ser plasmadas en mil y un documentos, serían tan sobradamente aceptadas por la totalidad del colectivo que hacerlo apenas supondría un mero formalismo, un puro trámite dado el pleno acuerdo en su respectiva aprobación. Así al menos nos lo dictaría esa ética y moral tan característica y distintiva de nuestra orgullosa especie.

La teoría es bastante clara. Sin embargo, cuando uno asiste a la proyección de una película como La caza, la obra danesa ganadora del premio al mejor actor en el último Festival de Cannes y al mejor guión en los Premios del Cine Europeo, comprende que en ocasiones ese segundo grupo de normas, esas otras leyes no necesariamente codificadas, podrían ser a la larga las más peligrosas de todo el conjunto. Y son peligrosas porque difícilmente podrían ser cuestionadas por nadie, porque de hacerlo se atacaría frontalmente a esa moral que nos diferencia sabiamente del resto de los animales. Aquel que osase cuestionarlas incurriría en una falta grave, difícilmente aprobable por el resto del grupo, el mismo que ha dejado de actuar como una suma de mentes independientes para, como ya nos mostrase Lars von Trier en su extraordinaria Dogville, hacerlo en su defecto como un todo, como un ente individual tan cruel como sin duda peligroso. Nos enfrentamos por tanto a unas espinosas leyes que podrían volverse en contra del propio individuo, siempre que éste no fuese capaz de dominarlas o, simplemente, se dejase llevar por las mismas sin comprender que detrás de cada acción, detrás de cada decisión, creencia, actitud o valoración hay siempre una inevitable consecuencia.

El necesario valor de la infancia, la protección del menor ante cualquier tipo de abuso, se ha potenciado acertadamente a lo largo de las últimas décadas. Sin embargo, como miembro de aquel segundo grupo de normas, quizá haya llegado el momento de reflexionar profundamente sobre ello: Y es que una vez se ha puesto en marcha el vehículo, una vez hemos arrancado nuestro coche, si no queremos tener un accidente con él, antes o después tendríamos que pisar su pedal de freno. Nuestra sociedad actual, la misma que durante miles de años ha sido sostenida y levantada por millones de adultos, hoy más que nunca parece haber cambiado de dueños. Nuestra inclinación por lo políticamente correcto, por ese dejarnos llevar por una pedagogía acorde con los tiempos, ha terminado entregando el poder a unos sujetos a los que aún no les había llegado la hora de tomarlo. Por todos son conocidos los testimonios de miles de maestros y profesores amenazados por alumnos, acosados o humillados por los mismos, con verdadero pánico a acudir a las aulas… Una realidad a la que no podemos dar la espalda, que nos recuerda ahora que fuimos nosotros mismos los que un día decidimos darles el poder para hacerlo.

En La caza, basta el falso testimonio de una niña de cinco años (que decide vengarse de un adulto acusándole de abusos sexuales) para que toda su entorno, el mismo que había adulado su trabajo durante años, decida volverse en su contra. Ni tan siquiera parece necesaria una sola prueba que dé veracidad a tan grave acusación. Tan sólo es suficiente el fantasioso testimonio de una pequeña infante, la misma que podría mantener conversaciones con amigos imaginarios o creer en la existencia de unicornios azules, para que la vida de un hombre adulto quede destrozada en mil añicos para siempre. Y esto es así porque fuimos nosotros los que decidimos darle a aquella niña tan magno poder, fuimos nosotros los que decidimos un buen día que la palabra de un niño debía tener más valor que la de cualquiera de sus adultos

La caza me hizo reflexionar, meditar una vez más sobre lo frágil de nuestra propia sociedad, lo vulnerable de un colectivo humano que en ocasiones habíamos creído fuerte, pero cuya fragilidad se asemejaría más a la de un castillo de naipes. Lo que creíamos era una sociedad moderna, con principios y valores ajustados a nuestro tiempo se nos terminó yendo definitivamente de las manos. La hipocresía de toda una sociedad, que decide creer antes a una niña de cinco años que a un adulto de historial intachable me hizo parar y reflexionar. Porque una vez se ha abierto la caja de Pandora, una vez se ha dado pie al rumor y a la infamia, la sugestión colectiva, más contagiosa que el virus de la gripe, se encargará de hacer el resto. Y esto, lamentablemente, hace mucho tiempo que dejó de ser  ficción.

La caza supone todo un regalo, toda una invitación a la reflexión en un momento histórico y social ciertamente necesario, un momento de cambios en el que deberíamos plantearnos la validez y adecuación de muchos de esos pilares en los que hace tiempo decidimos sujetar nuestra frágil sociedad y que hoy más que nunca, se han demostrado totalmente desacertados.

El brillante trabajo del director Thomas Vinterberg, así como el del actor Mads Mikkelsen (Un asunto real), en la piel de ese maestro con el que resulta tan fácil empatizar es, a día de hoy, uno de los más bellos regalos que nos podía entregar nuestro querido séptimo arte. Una recomendable película no sólo apta por su belleza formal, por la exquisitez de sus planos, por lo acertado de su planteamiento, por su excelente trabajo de dirección, por sus brillantes interpretaciones, por su interesante guión… sino muy especialmente por esa reflexión que habría de despertar, hoy más que nunca, a tantas y tantas conciencias dormidas.

 

La caza (2012), de Thomas Vinterberg, se estrena en España el 19 de abril de 2013.

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Licenciado en Comunicación Audiovisual. Ha sido guionista y director de diversos cortometrajes amateur y presentador de diferentes programas para radio y televisión local. Trabajó en el departamento de dirección en series de TVE y Antena 3, así como ha escrito diferentes artículos de cine en guías y revistas especializadas, tales como lanetro o Travelarte.

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