En la imagen Eduardo Gallo y Pilar Massa en “Vincent River” de Philip Ridley, adaptada y traducida por Manuel Benito, y dirigido e interpretado por Pilar Massa. Foto ©Sofía Moro
Por Luis Muñoz Díez
Vincent River de Philip Ridley, un thriller cruel como la peor pesadilla, adaptado y traducido por Manuel Benito, y dirigido e interpretado por Pilar Massa.
Massa se ha implicado en la puesta en escena y en la interpretación de Anita con una entrega que solo se alcanza cuando se está seguro de tener entre manos un proyecto muy especial.
Philip Ridley, además de construir la estructura del thriller, explora profundamente las relaciones entre padres e hijos y la repercusión fatal que los actos de unos tienen sobre los otros. Los hijos cargan con los estigmas de sus padres, y estos desconocen a sus propios hijos cuando no actúan como ellos esperaban. Si este hecho trasciende socialmente y es condenado, puede ser la losa que sepulte a unos padres.
Este tipo de situación puede despertar el instinto filial y hacer que los padres defiendan al hijo por un amor infinito, aunque en ocasiones el inconsciente les juega malas pasadas, y lo hacen también para librarse del pánico que les causa haber traído al mundo a un “monstruo”.

Los medios de comunicación suelen cebarse en los detalles más sórdidos, y la sociedad actúa con un efecto gregario, señalando a los progenitores con el dedo.
Anita, una mujer hermosa en la cuarentena, recibe la visita de un joven llamado Davey, un prototipo generacional que va de duro porque en una sociedad tan competitiva los débiles no tienen lugar. Sin embargo, él no es ni fuerte ni débil; fluctúa, como todos lo hacemos.
La visita tiene lugar en la casa a la que Anita acaba de mudarse, aún llena de cajas. La presencia del joven no sorprende del todo a Anita, pues ella ya lo ha visto rondar la casa cada noche. Davey tiene un ojo morado y sangra, y Anita decide limpiarle la herida como lo haría un adulto con un niño, pero él rechaza ser tratado así.
Pronto sabremos que el hijo de Anita ha aparecido muerto en los urinarios de una estación de tren abandonada, un lugar frecuentado por homosexuales. La muerte de Vincent, su único hijo, se vuelve aún más desgarradora ante la exposición implacable de los medios de comunicación y el rechazo de los vecinos. No es la primera vez que Anita sufre la soledad.

Davey justifica su presencia diciendo que él fue quien encontró el cadáver torturado de Vincent, aunque no tuvo el valor de ir a la policía y fue su novia quien lo denunció. Confiesa que no puede sacarse de la cabeza la imagen del chico muerto y acude a Anita para que le dé una visión más completa de Vincent, que le permita ver más allá del cadáver con el que se han cebado.
Anita no se conforma con la explicación del joven y acepta contarle detalles de su hijo si él le describe lo que vio al encontrar el cadáver. Siente que se le escapa algo importante: el recuerdo de una vida feliz junto a su hijo se rompió abruptamente cuando lo vio desnudo y torturado sobre una mesa de autopsias. Desde entonces, todos los sonidos del silencia repiten incesantemente la palabra “marica”.
Sobre lo que la madre y el chico comparten en ese encuentro no diré más, porque mi único propósito al escribir estas líneas es animaros a asistir a una función de Vincent River y acompañar a la pareja en un viaje al pasado de cada uno, un viaje lleno de recovecos que les permitirá entender la angustia de su presente.
Pilar Massa realiza un trabajo excepcional como actriz y directora. Con pulso firme, administra los 110 minutos de la obra, que desde el principio nos mantiene clavados en la butaca con la intriga de saber más. Al final, conoceremos la oscura verdad de ambos personajes, tan dura como la peor pesadilla.

La obra fue escrita en el año 2000. Han pasado 24 años, pero su mensaje sigue siendo estando vigente, ya que en aquellos años la homosexualidad estaba marcada por la sordidez y marginalidad de los encuentros clandestinos, como los que ocurrían en los urinarios públicos. Afortunadamente, hoy en día esta situación ha mejorado, pero desterrar la homofobia del inconsciente colectivo es una tarea de generaciones. La obra sigue siendo válida porque, aparte de la homosexualidad, hay innumerables tabús aún por superar, que la pieza toca.
Vincent River no es solo un cara a cara entre los dos protagonistas; otros muchos personajes flotan en el ambiente y emergen simbólicamente de las cajas apiladas, evocando el poder del teatro, donde lo importante es la palabra. Massa limita la escena a un espacio mínimo, similar al que el destino, los medios y la sociedad han reservado para ella, culpabilizándola y señalándola con el dedo.

La escenografía de Miguel Delgado es aséptica, al igual que la iluminación de Olga García, sin concesiones al lirismo. Son los actores quienes dibujan y borran los sentimientos desalentadores, aunque ambos conservan un instinto de supervivencia que despierta empatía.
Pilar Massa y Eduardo Gallo encajan en la piel de Anita y Davey como si no pudieran tener otro físico, explorando las sombras de sus personajes con el deseo de volver a respirar.

Vincent River, está programada los días 1, 2 y 3 de noviembre de 2024 en La Sala Mirador -Madrid- duración 110 minutos apróx, mas información AQUÍ
Autor: Philip Ridley Traducción y Adaptación Manuel Benito
Dirección Pilar Massa
Reparto Pilar Massa y Eduardo Gallo
Ayudante de dirección David Tortosa Escenografía y Vestuario Miguel Delgado Iluminación Olga García Espacio sonoro Javier Almela
Produce Bravo Teatro



