Paseando con mi padre

Paseando con mi padre

Eran los paseos con mi padre antes de que saliera el sol.

Él fue el primero que me habló de los nombres de las cosas, del misterio de las estrellas y las plantas, de la belleza de los pájaros y los árboles, y me contó la historia del perro Barba que se enfrentó a una manada de lobos y quedó con una pata herida. Un día se despertó a las seis de la mañana y dijo a mi madre que quería llevarme a lo alto de la montaña. Me desperecé entre grandes aspavientos, me mojé los ojos con la punta de los dedos, me bebí la leche con Cola Cao que siempre preparaba mi madre y salí, aterido, al camino. ¡Venga, cariño, ya queda poco, dame la mano y no te sueltes!, dijo después de atravesar la garganta que bajaba de la sierra. Al llegar arriba, observé la inmensidad del valle y luego lo miré a él. Tenía un rostro de serena felicidad.

En ese momento supe que lo importante no había sido llegar hasta allí.

(para mi hijo)

http://sotelojusto.blogspot.com.es/

Autor

Justo Sotelo
Novelista y catedrático de Política Económica, es profesor en los prestigiosos ICADE (Universidad Pontificia de Comillas) y CUNEF (Universidad Complutense de Madrid). Licenciado y doctor en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y máster en Estudios Literarios y en Literatura Española. Ha escrito varios libros de economía y decenas de artículos, así como cinco novelas (La muerte lenta”, 1995, “Vivir es ver pasar”, 1997, “La paz de febrero”, 2006, “Entrevías mon amour”, 2009 y “Las mentiras inexactas”, 2012), sendos ensayos sobre los escritores Manuel Rico, 2012, y Haruki Murakami, 2013, y un libro de microrrelatos, los "Cuentos de los viernes", 2015. En la actualidad está escribiendo un segundo libro de microrrelatos: "Cuentos de los otros" y una nueva novela.

3 comments

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    Gredos resplandece a lo lejos y una luz ilumina la mente de un escritor en la que permanece una huella imborrable, indeleble; su recuerdo le hace sentir y palpar en aquellos montes de ensueño donde siempre, de alguna forma, permanece su pasado, su historia. Un narrador en primera persona que intenta autentificar su historia donde la Naturaleza, una vez más rodea su palabra; el lenguaje le arranca su fuerza creadora que reside en ella. El ritmo poético marca el texto literario en el que el autor se expresa como un protagonista fiel de su historia; un tesoro escondido o tal vez, a “voces” salta de su corazón: la figura de un padre y su recuerdo. Como una lanza que le atraviesa su garganta, la misma que atraviesa en su relato al bajar la sierra. Lo importante – dice el niño que narra y piensa en boca de los protagonistas, narrador omnisciente, que sabe y conoce igual que su padre le enseña los nombres de las cosas. Pero curiosamente esa herencia recibida del padre recae en enseñarle palabras de la naturaleza donde renace el nuevo día y un acontecer diferente.

    El valle, símbolo de la paz; el Cola-Cao, símbolo de la infancia sumergida; el perro Barba, anhelo y deseo de un padre al que marcó su niñez; el ascenso a la montaña significa la renuncia a los deseos y apegos mundanos y por otra parte, para Nietzsche aparece siempre en la senda que sigue el superhombre… en alquimia aparece como una montaña hueca u horno de los filósofos.

    En el relato se dibuja la misma fusión “palabra y cosa, el nombre y lo nombrado, exige la previa reconciliación del hombre consigo mismo y con el mundo” (El arco y la lira, Octavio Paz) donde el significado y el significante adquieren importancia y sentido en el aprendizaje de una lengua, como vehículo de transmisión de conceptos, conocimientos, vivencias y lógicamente, experiencias de vida, las mismas que relacionaban la metafísica de Kant sobre la verdad y el conocimiento.

    Admirable herencia la figura del padre en la literatura de un escritor posmoderno como Justo Sotelo donde abundan los símbolos, las metáforas y las imágenes (dando autenticidad a la experiencia del mundo).

    Conmovedor y entrañable relato donde el “yo” del autor se despoja de su interior, se desvela, se transmite, llega a la esfericidad del conocimiento. Enhorabuena amigo y escritor por este hermoso regalo delicioso que nos llega cada viernes al corazón. Un abrazo.

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    me vinieron a la cabeza de golpe
    momentos infinitos y bellísimos
    desde la cumbre del Roraima
    hasta la ruta por la cordillera
    del Himalaya

    momentos de gloria
    y de felicidad serena

    Roranna

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    Ahora entiendo muchas cosas… Soy alguien que cree en la identificación con lo que escribe el escritor, no suelo decir que bello, escribes hermoso o que horrible escribe este hombre o mujer, no, no creo en eso, todos tenemos algo que decir… Y eso vale, cuando leo tus cuentos Justo me sucede que me identifico totalmente, no sé si es ficción o no pero me gusta sentirme identificado con quien escribe, porque me gusta que digan por mi lo que siento… De hecho yo también estuve con mi padre en esa montaña…
    Gracias por traerme ese recuerdo!

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