“Sergio es un joven eternamente deprimido, un cantante que ya no canta enganchado a la manta, el helado y a pensar en formas de vengarse de su ex. ¿Cómo superamos la depresión? Ira, negación, sexo…¡Nada funciona! ¿Será cierto que la única salida para Sergio (y para el mundo) es una tarrina de helado?”
La compañía Forja Teatro, ha estrenado en el madrileño teatro Alfil Orgullo, el musical, escrito y dirigido por el dramaturgo Pedro Martín, basado en las canciones de amor y desamor de Alejandro Martínez.
A mí me gustaban aquellas películas con cantante famoso dentro, que sin ser una comedia musical al mínimo pretexto el cantante se arrancaba y te regalaba con uno de sus éxitos, ya fuera en el parque o en el salón de su casa. En Orgullo hay mucho del espíritu de aquellas películas, dado que el espectáculo está basado en el disco del mismo nombre del cantante Alejandro Martínez.
Tanta importancia tienen los temas que su autor e intérprete ocupa una parte del escenario sentado al piano durante toda la representación, menos un momento que en un guiño cómico a su omnipresencia de cantor de la historia, es obligado a abandonar el escenario por el actor Javier Sáez de una manera tan rotunda como cómica.
He de confesar que cualquier música en directo me hace mover los pies con más facilidad que ritmos mejor acompasados que provengan de un enlatado, por lo que esta función con canciones para mi tenía mucho ganado de antemano,me sonó bien la propuesta y no me defraudó el resultado
La historia es sentimental, como apuntaba arriba, pero escrita en tono de comedia, que es la única forma de encarar el desamor sin caer en lo ridículo, cuando el desamor nada tiene de ridículo, al ser un sufrimiento tan común como doloroso cuando se vive en primera persona y por alguna extraña razón produce casi risa cuando lo sufren otros. Así somos.
Carmen Ibeas, Javier Sáez y Sergio Pozo en “Orgullo” de Pedro Martín Foto Marta Pich
Sergio es un músico en la flor de la vida, que quiere a un chico, y el chico no le quiere a él, a su vez el músico comparte piso con otro chico que sí que lo quiere, que a su vez tiene un novio que lo quiere a él, por lo que todos disfrutan de un amor en cadena en que todos aman, pero ninguno es correspondido.
Suele pasar por lo que la historia es totalmente creíble, algo a resaltar en la programación de los teatros madrileños es la cantidad de obras que tratan del amor y el desamor entre hombres, donde besos y arrumacos son lo natural sobre el escenario, y aquí la duda: ¿será sólo una tolerancia del espectador para no ser tachado reaccionario o se corresponde con una verdadera aceptación de que se trata de una opción más?
Yo esperaba que de un momento a otro Sergio, el músico interpretado por Sergio Pozo, empezase a ilustrar sus desdichas con canciones, pero no, la función tiene una variante y es que cuenta con un músico cantante narrador que pone música y letra a los sentimientos del protagonista. Como espectador hubiera preferido que se repartieran la interpretación del repertorio entre el músico real, Alejandro Martínez, que lo hace estupendamente, el músico de la función, Sergio Pozo que lo hace muy bien, y Carmen Ibeas que canta con mucho sentimiento, pero las intervenciones de Pozo e Ibeas son excepción y quien interpreta el grueso del repertorio es Alejandro Martínez.
Javier Sáez y Sergio Pozo en “Orgullo” de Pedro Martín Foto Marta Pich
El espectáculo está bien hilado, parte de un texto ágil de Pedro Martin, que aún tratando el tema del amor con canciones, no cae en ningún momento en la sensiblería, porque tanto Martín como director, como Martínez con sus canciones y los tres actores dan a la representación, llena de pequeñas frustraciones, un punto de optimismo que les permite salir airosos.
Los actores realizan un buen trabajo. Sergio Pozo es un actor con desparpajo y frescura que compone al doliente abandonado con buen tino de una forma cómica sin caer nunca en el disparate. Javier Sáez, busca el punto cómico de una manera mas elaborado, con un resultado más histriónico y acierta porque le va bien a la obra y al personaje, Carmen Ibeas consigue dar color a todos los personajes femeninos de la función y cantar un tema con una hondura que cala.
El resultado es agradable y las canciones suenan bien, con lo que Alejandro Martínez, verdadero alma de la obra se luce y lo merece. Otro aliciente que tiene la obra es que en cada función hay un cantante invitado. La noche que acudí la voz invitada era la de la cantante Conchita, que cantó de una forma muy bonita un tema de Alejandro Martínez a dúo con Sergio Pozo.
Título:Orgullo Autor y director: Pedro Martín, Música original de: Alejandro Martínez, Interpretes: Sergio Pozo, Javier Sáez y Carmen Ibeas, Cantantes invitados el 25 de marzo: Conchita, 1 de abril: Rozalén y Paco Cifuentes, 8 de abril: Andrés Suarez, 15 de abril: Funambulista. Compañia: Forja TeatroEscenografía: Clara Garrido, Vestuario e iluminación: Forja Teatro, Ayudante de dirección: Natalia Narbón, Producción: María Rey,
* Esta crítica la escribí después de asistir a una representación en el Teatro Alfil -Madrid-
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador.
Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo.
Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.
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