Ocho apellidos vascos, de Emilio Martínez-Lázaro

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Ocho apellidos vascos es una película escrita por Borja Cobeaga y Diego San José, los dos vascos y conocidos, pero dirigida por uno de los artífices de lo que se llamó nueva comedia madrileña: Emilio Martínez-Lázaro, se trata de una comedia, y como en toda comedia las situaciones se fuerzan para provocar la risa y se permite jugar con la exageración y los estereotipos, en este caso el diferente carácter de andaluces y vascos. El tópico se consuma hasta la extenuación y aún teniendo como escenario el país vasco, todo queda en un paseo de puntillas de un jijiji jajaja.

Rafa, al que interpreta Dani Rovira, es un andaluz de libro. Su vida está marcada por sus colegas, el fino, la gomina y las mujeres. Hasta que un día conoce a una mujer que le rompe los esquemas, se trata de Amaia, a la que pone cara y físico una guapísima Clara Lago,  después de una borrachera monumental acaban durmiendo en la misma cama, y al día siguiente Amaia desaparece dejando como rastro su bolso.

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Dani Rovira, Clara Lago y Carmen Machi en “Ocho apellidos vascos”, de Emilio Martínez-Lázaro

Rafa, decide que es el amor de su vida y se va detrás de ella, cuando la encuentra Amaia no recuerda ni su nombre y le da con la puerta en las narices, él le pide dos días para que le conozca en el mejor estilo del cine americano, y ella se los niega. Pero Amaia está metida en un problema, su padre con el que no se habla desde hace tiempo por un error se entera que su hija se casa, pero la boda no se va a llevar a cabo porque a Amaia le ha dejado su novio con ocho apellidos vascos. El padre solo estará tres días y la joven hace un pacto con el sevillano, al que no le dará dos, sino tres días para que le conozca, si se hace pasar por su novio delante de su padre -interpretado por Karra Elejalde.  La situación está servida y dará pie a todo tipo de equívocos y confusiones en las que Rafa tendrá que pasar por más de un apuro, incluso encabezará una revuelta callejera donde corearé: Euskadi tiene un color especial…

A la pareja y al padre se unirá un personaje tan espontaneo como inverosímil: una extremeña afincada en Euskadi llamada Merche, a la que da credibilidad Carmen Machi, y que -no se sabe muy bien, ni llevada porque generosidad- se hace pasar por la madre de Rafa, reconvertido en un vasco de pura cepa, y Merche pasará a ser Ane.

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Clara Lago y Karra Elejalde en “Ocho apellidos vascos”, de Emilio Martínez-Lázaro

Clara Lago, Dani Rovira, Carmen Machi y Karra Elejalde están estupendos en esta película sin excesivo condimento, que creo no pretende más que hacer pasar un buen rato al espectador, y lo conseguirá si cuenta con buena predisposición. Eso sí, el humor está vasado en la desmesura y el tópico, como que los vascos trabajan para que los andaluces puedan dormir la siesta.

El final es feliz, como le corresponde a toda comedia, y no chirriaría tanto si no se diera el caso del juego de las dobles parejas, la de Rafa y Amaia, se entiende porque los dos personajes consiguen caer en gracia, y lo mismo ocurre con el padre y la falsa vasca, pero después de una noche de amor de la pareja madura se descubre el porqué está en el país vasco y no sé si resulta tan creíble la continuidad de su amor.

Ocho apellidos vascos” escrita por Borja Cobeaga y Diego San José, y dirigida por Emilio Martínez-Lázaro se estrena en España el 14 de marzo de 2014

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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