Nietzsche y el superhombre, conversando con Manuel Penella

Nietzsche y el superhombre, conversando con Manuel Penella

Manuel Penella es Doctor en Filosofía y autor de varias biografías y ensayos históricos. En 2011, la editorial Península publicó su Nietzsche y la utopía del superhombre, un ensayo que recorre la biografía del filósofo alemán desde su infancia hasta el hundimiento en la locura y su trágico desenlace, recorrido que tiene como sentido servir de apoyo para desplegar su filosofía, porque si todo pensamiento emerge de una biografía, el caso de Nietzsche es especialmente paradigmático, ya que sin esas claves vitales su filosofía pierde inteligibilidad, en especial la idea de superhombre, esa misma que tantos estudios ha generado y malentendidos. El resultado, es una obra que emprende la tarea de descifrar al Nietzsche de “carne y hueso” y desde lo revelado exponer su filosofía. Un trabajo que entrega al lector una visión completa que sirve de llave para entrar en el corpus nietzscheano. Estamos, ante una obra de referencia, y no sólo para especialistas, ya que la precisión y pulcritud teórica no están reñidas con un estilo accesible a todo tipo de lector. Hemos quedado con su autor y nos ha respondido a unas preguntas, a modo de aperitivo, que invitan al lector a adentrarse en su Nietzsche y la utopía del superhombre:     

En las más de las historias de la filosofía que conozco se nos presentan a los sistemas originándose los unos de los otros, y sus autores, los filósofos, apenas aparecen como meros pretextos. La íntima biografía de los filósofos, de los hombres que filosofaron, ocupa un lugar secundario. Y es ella, sin embargo, esa íntima biografía, la que más cosas explica. Esta cita de Miguel de Unamuno, entre otras, es la entrada a su ensayo, ¿por qué es especialmente importante en el caso Nietzsche esa llamada a lo biográfico?

Esa cita preciosa de Unamuno, hace referencia a la biografía del filósofo como la referencia suprema, y en el caso de Nietzsche es particularmente aplicable porque hay cosas de él que al margen de su biografía no hay manera de entender.

Para las escuelas clásicas (pitagóricos, epicúreos, estoicos, etc.), la filosofía trazaba todo un modo de vida, que determinaba, en muchos casos, hasta qué comer y cómo ir vestido. Es decir, el pensamiento no era otra cosa que la proyección de un modo de vida, se pensaba para vivir y se vivía cómo se pensaba. Poco a poco, ese sentido de la filosofía fue desapareciendo, perdiendo fuerza, hasta llegar a eso que conocemos como la Academia, ese lugar en el que la filosofía se cultiva alejada por completo de la forma en la que los antiguos la entendían. Pero Nietzsche, su pensamiento, y es algo que en su libro se ve perfectamente, se mantiene fiel a la búsqueda originaria.    

Nietzsche quería una filosofía para ser vivida, y a parte de Schopenhauer, no nos ha quedado otro ejemplo intenso de esa manera de enfocar la filosofía. De hecho, cómo dices, la Academia hoy no es más que un muestrario de fantasmas, y por lo tanto, la filosofía decepciona a las personas que buscan una orientación para vivir.

En su ensayo, la correspondencia de Nietzsche juega un papel decisivo. Siempre me ha atraído la idea de hacer una Historia de la Filosofía a través de la correspondencia de los  filósofos…

Me parece un proyecto precioso, porque podrían encontrarse fragmentos especialmente jugosos sobre casi todos los temas, a veces, mejor tratados que en los libros mismos, de forma más incisiva y menos acartonada.

¿Logró Nietzsche cumplir la promesa de su filosofía, realizarla?

Es un tema polémico, pero en mi caso, y al valorar mucho sus último escritos y ese trágico momento en el cual pasa de la cordura a la locura -ese tránsito, que en él fue muy corto hablando objetivamente-, puedo decir que en cierta manera pudo estar a la altura de sus libros, como también quizás lo estuvo cuando escribió la primera y la segunda parte de su Zaratustra. Para mí, Nietzsche fue plenamente Nietzsche y estuvo a la altura de sí mismo.

Nietzsche y la utopía del superhombre Penella

En el prólogo, escribe que esta obra tiene detrás 30 años de trabajo. Durante todo ese tiempo, su trato con Nietzsche, su relación, despertaría numerosas emociones, ¿entre ellas, cuál ha quedado especialmente fijada en usted?

Una de las cosas importantes, fue la referencia o concepto del superhombre como un desafío personal. ¿Qué significa realmente esa novedad en la historia de la filosofía? Pues significa algo a lo que la filosofía no se ha querido volver a enfrentar por miedo a Nietzsche, pero no cabe duda que existen otras maneras de concebir al superhombre. En el fondo, lo que él hace es invitarnos a autosuperarnos, aunque luego nos desafiará al decirnos que sólo podemos ir al ocaso y dar paso al superhombre, pero eso no hay por qué tomarlo al pie de la letra.

El hilo conductor de este ensayo, no es otro que seguir el camino que Nietzsche esboza hacia superhombre, ¿cuál es la esencia de ese recorrido?

Él le concede una importancia suprema a liberarse de la moral heredara, la cristiana, para él eso tiene un sentido dramático: relaciona, de alguna manera, su malestar y sus enfermedades con estar atrapado en esa red de la moral cristiana que él pretende superar. Desembarazarse de esa moral heredara, es el requisito para su propia autosuperación, para lograr su salud.

Esta obra se encara sin miedo la idea del superhombre, otros la endulzan. De hecho, en él se hace referencia a una carta en la que Nietzsche dice que un ejemplo de superhombre es César Borgia, ¿por qué esa atracción por el Valentino, pero también,  por el clima vital que generó el Renacimiento?

Lo que él ve más fascinante del Renacimiento es la manifestación, la novedosa manifestación, de hombres liberados de todo prejuicio moral. Naturalmente, esta es una idealización del Renacimiento, porque el hombre del Renacimiento estaba escindido entre esa potencia, ese vigor, y la vieja moral. En el caso de Borgia, ve en él a un individuo liberado. De alguna manera, nos lo lanza a la cara como un desafío, a nosotros y a sí mismo. Lógicamente todos sabemos que Borgia era un energúmeno del poder, un asesino. Nietzsche nos provoca, nos desafía, y a ese desafío no hemos sabido nunca responder: o nos afirmamos en que Nietzsche tenía razón, o nos imaginamos a un superhombre recortado y alicaído, en definitiva, aceptable. Pero el que él proponía no era aceptable.

Nietzsche siempre se vio asociado a un destino trágico, en este sentido, hay una conversación con su alumno Lanzky especialmente esclarecedora y que recoge en su ensayo:

-Si yo tuviera poder, sentiría en mí la fuerza necesaria para cambiar todos los Estados de Europa; pero sólo tengo tres mil marcos de pensión, […] y un editor perezoso; si tengo suerte, un día me puedo morir de hambre. Preferiría suicidarme antes que pedir dinero. Hágame un pronóstico honrado de cómo, a su juicio, voy a terminar.

-Si usted sigue así, terminará loco –aseguró Lanzky.

-Si yo me volviera loco, me adelantaría al destino y me mataría.

¿Qué debemos aprender de este extraño oráculo?

Nos muestra a Nietzsche en el límite ideal de su autodominio, que trasciende lo que luego será su realidad, acabar cuidado por su madre y su hermana, pero nos da una idea de cómo se representaba a sí mismo y a su tarea: en la medida en la cual la cumpla, vivo, y si enloquezco, yo mismo me voy. Sabe que su tarea no es ligera y que corre el riesgo de llevarse a sí mismo por delante, lo sabe y lo acepta. Él se desgarra, de alguna manera, va contra sí mismo, y eso también nos invita a reflexionar, a partir de él, acerca del conocimiento y la preocupación de contar con la autodestrucctividad como un referente insoslayable. Lo que también quiero decir, en referencia a la pregunta anterior, es que el superhombre es un constructo que puede aterrar o puede sorprender en una época en la que cultivamos un igualitarismo farisaico, pero que sin embargo, es una referencia ineludible, ya que en todas las épocas se ha propuesto un ideal de ser humano: el guerrero homérico, el filósofo, el santo, el caballero medieval… Siempre ha existido una propuesta cultural que proyecta un modelo de ser humano, y lo que Nietzsche trae, por primera vez, es la invitación a la pregunta de cuál es nuestro modelo.

Michel Onfray, tomando como referencia a Geroge Palante, hace una lectura de Nietzsche de izquierdas. En ella, el ideal superhombre, ese camino de la superación, se pretende extensible a todos, pero, ¿todo el mundo está dispuesto a ese empeño? Y es más, ¿todo el mundo tiene la capacidad?

No, sin duda, no, por eso Nietzsche ataca duramente al rebaño, da por descontado que no todo el mundo tiene esa aspiración. Nietzsche es un elitista, y desde mi punto de vista una lectura de izquierdas de Nietzsche sería una lectura traída por los pelos. Nietzsche es un liberticida. El asunto, es cómo se puede aprovechar su revisión del hombre, o del ser humano, para nuestros propios propósitos, no veo que haya que practicar una escolástica nietzscheana, incluso a él le había repugnado, se trata de que volvamos a tomar como reflexión qué ser humano deseamos. Hay una nota en la Genealogía de la moral en la que él dice, “bueno, porque no se ponen todos a estudiar en las diversas universidades qué tipo de ser humano deseamos criar”, esto puede sonar mal, pero es una llamada de atención acerca de que si no se da una cierta orientación creativa a la crianza, lo que tendremos son diversas formas de rebaño, de termiteros, y contra eso hay que revolverse.

El pensamiento de Nietzsche, busca habitar la inmanencia (nos dirá que es lo único que existe) de la manera más plena posible. Ahora bien, venimos de dónde venimos, de la tradición judeocristiana, y una vez que hemos conocido la trascendencia parece que al retirarla surge en nosotros un vacío, la llamada de un fantasma, que se traduce en que la inmanencia a veces se nos revela como algo demasiado estrecho, sin profundidad. ¿No puede la idea del eterno retorno tener como función salvar este problema, es decir, dotar de profundidad a la inmanencia? 

Me da la impresión, de que la idea del eterno retorno en él ha tenido diversos momentos. En algunos, la toma al pie de la letra, incluso con terror de que pudiera ser verdad la idea del eterno retorno de lo mismo. En cambio, en otros, la considera un mito, un cuento, con el valor que se puede atribuir a un cuento, y en ese sentido, sí, sería una forma poética de dotar al instante de esa dimensión perdida.

En Nietzsche aparece la idea de la vida como obra de arte, una llamada al esteticismo que muchos han señalado como peligrosa. Recuerdo cuando a Feyerabend le preguntaron que por qué participó en el movimiento nazi y respondió “por estética”.

Puede ser peligroso, sobre todo, cuando se conecta con fenómenos tales como el nazismo, ahora, no veo que haya que renunciar al esteticismo en el sentido de que es una forma de trascender la simpleza, de dotarse de una dimensión creativa, y en ese sentido, creo que el esteticismo no sólo no es peligroso sino enriquecedor. Se puede aplicar en un sentido o en otro, no veo porque hay que renunciar a él.

Nietzsche es un pensador profético, entre sus profecías, ¿cuál cree que se ha realizado de manera más exacta?

Dos profecías se han cumplido, dos que en el fondo están unidas. Cuando Zaratustra anuncia la muerte de Dios y que esa muerte va a traer terribles consecuencias de las cuales la humanidad no parece ser consciente. Creo que da en el clavo proféticamente cuando anuncia que el siglo venidero será un siglo de guerras espantosas y de una desvalorización de todos los valores, el reinado del nihilismo.

Cuando hablamos por teléfono para concertar esta entrevista, me dijo algo que quiero ahora preguntarle: “Nietzsche se parece mucho al descubrimiento de la sexualidad”.

Cada generación hace su descubrimiento de Nietzsche, como cada ser humano hace el descubrimiento de su sexualidad. Uno lee libros informativos y pornográficos para ilustrarse, y lo que quiero decir, es que con Nietzsche se van renovando de generación en generación los lectores y le van dando una interpretación diferente, y lo que pretendo, es  que mi libro sea una especie de manual o de guía para no perder la cabeza.

Hay un vídeo en internet, en el que un cura, creo que es chileno, aparece realmente preocupado e insta a su rebaño a no leer a Nietzsche, no que lo lean y lo refuten, no, directamente que nos se acerquen a él por ser puro veneno. Por otro lado, encontramos a una serie de teólogos haciendo un uso de Nietzsche que él mismo temió, ya que al derribar una idea determinada de Dios, del cristianismo, de alguna manera, posibilita su renacimiento, una “resurrección” que tiene en cuenta su crítica y que puede trae un Dios y un Cristianismo aún más fuertes.  

Probablemente sí, pero no es la intención de Nietzsche, él apunta a una cultura radicalmente anticristiana, y entiendo que el chileno recomiende a sus alumnos no leer a Nietzsche.

¿Qué lector desea para su Nietzsche y la utopía del superhombre?

Quisiera que tuviera dos lectores, o el mismo con dos dimensiones, por un lado, quien busca ilustrarse y aprender a relacionar la vida de Nietzsche con su pensamiento, porque en su caso es muy difícil entender su filosofía al margen de su vida. Es importante saber que su abuela era una enamorada de Napoleón, porque eso le lleva a tener una determinada idea de cómo debe ser el ser humano superior, también que es hijo de un pastor protestante y que tiene ínfulas pastorales que a veces no puede contener, etc. El segundo lector, es aquel que está dispuesto a realizar una aventura personal a partir de Nietzsche, no con fidelidad a Nietzsche, considerarle un pionero, un adelantado, quizás un extraviado, pero que sin embargo da una idea de la tarea que tenemos por delante y que hasta ahora otros filósofos no han hecho, para gran desgracia de la humanidad.

Parte de esta entrevista, salió por primera vez en Filosofía Hoy.

Autor

Gonzalo Muñoz Barallobre
Soy filósofo y hago cosas con palabras: artículos, aforismos, reseñas y canciones. De Tarántula soy el cocapitán y también me dejan escribir en Filosofía Hoy. He estado en otros medios y he publicado algo en papel, pero eso lo sabe casi mejor Google que yo.

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