Narcisa, de Jonathan Shaw

Narcisa, de Jonathan Shaw

Narcisa shawSu sonrisa torcida de Mona Lisa ilumina la noche como el destello de una navaja de afeitar, y ya no hay marcha atrás. Nuestras miradas se cruzan y sé que estoy jodido. Pillado. Condenado.

Atrapado en esos ojos como un insecto, se me hiela el estómago.

Narcisa es sicalipsis, dolor, putas, alcohólicos, amor, egoísmo, pistolas, miserables, basura, drogas, y una perfecta extracción de la loca del coño máxima del universo. Narcisa tiene 700 páginas de lo antecedente y mucho más. A Narcisa le sobran 350 páginas y le faltan 350 matices de gradación normal (aparentemente ordinaria y humilde) de las personas. En Narcisa están todos como cabras. Narcisa es violencia hasta extremidades infernales, mefistofélicas. Narcisa te dice que tu vida es una puta balsa meciéndose en un estanque.

Lo pillaba. Cada vez que Narcisa no se salía con la suya se ponía de morros y se enfurruñaba , o gritaba y pataleaba, irritable como un cruce entre un mocoso autista mimado y una vieja arpía amargada.

Pero al mismo tiempo, porque sí, también podía ser dulce, encantadora y compasiva; zalamera, desprendida y generosa con esa particular temeridad con la que sólo pueden serlo los niños, los animales salvajes y tal vez Lucifer.

Me ha gustado mucho Narcisa.

Me han gustado muchísimo las primeras 350 páginas de Narcisa.

El Amor era mi peor crimen contra Narcisa, porque la amaba tan completa e incondicionalmente que, por más que el Monstruo del Crack se esforzase en ahuyentarme o ponerme en su contra, siempre la perdonaba.

Los drásticos cambios de humor de Narcisa eran el precio a pagar por vivir en compañía de aquella belleza sobrenatural, de aquel carisma espectacular y de aquel sufrimiento insondable.

Narcisa se estructura en muchos breves capítulos, todos con grandes calvarios, torturas y hostia va, hostia viene, entre polvo y polvo, más crack hijo de puta,  como si cada episodio fuera un proyectil, balarrasa para sintetizar la guerra y las hostilidades. Esta estructura es tan dinámica, enérgica y agresiva que la novela se lee vertiginosamente, por un lado por cierta fluidez literaria, por otro, por la quemadura en los ojos de la última gran bronca antes de la próxima reconciliación de Narcisa y Cigano.

La vuelta a casa con ella fueron tres horas en el cielo… ¡Triunfo! ¡Éxtasis! ¡Victoria! Surcábamos la carretera y ella no es que se agarrase y punto, es que me hacía el amor, me apretujaba el alma con todo su ser, con su inextinguible e insaciable Necesidad; recibía todas mis células en un abrazo, como sostiene una madre un feto en el sopor atemporal, cálido y opiáceo del vientre.

En resumidas cuentas, es la misma mierda (aunque a veces haya sido delic) de siempre. Un novelista americano, de mitológica aureola, vanidad argumentada y ambiciones derrotistas, escribe su novela de 700 páginas buscando un lector con dos pelotas para leerse un tocho de tal magnitud y trascendencia, independientemente de que Narcisa está muy, muy, muy buena, que es el primer motivo por el que se pide esta novela. La portada. Yo ya me siento hombre leyendo algunos poemas de Facebook como para acudir a bobadas de virilidad y yo puedo soportar este dolor.

  • …Sólo una cosa distinta: la Narcisa no le hace daño a ninguna chica. ¡Nunca! ¡No como los hombres! ¡Ja! ¡Ridículo! A ver, Cigano: si ese Dios Machirulo quiere las mujeres sólo hagan el sexo en la dichosa edad <<legal>> de dieciocho años, ¿por qué crees que las crea para que puedan hacer bebés desde los doce o los trece, eh? ¿Demasiado jóvenes? ¿Por qué? ¿No crees que igual el Dios Machirulo se equivoca? ¿Un errorcillo de cálculo? ¡Ups! Lo siento, inténtelo de nuevo, ¿eh? ¡Ja! ¡Esas reglas hipócritas  que se inventan los hombres son tan estúpidas, tan antinaturales! ¡Reglamentos para estúpidos carademonos ignorantes clónicos con el cerebro lavado!

 

  • Me vuelvo a ese puteiro de mierda y me follo a todo dios, pero a ti nunca más! Va se foder! ¡Me voy a follar los enanos! ¡Me voy a follar los payasos! ¡Me tiro el ejército, la marina, doscientos enanos, payasos y pordioseros y lisiados también, pero a ti nunca más, Cigano, nunca! Vá pro inferno! ¡¡¡Te follas tú, si te llegas, por toda eternidade, puta mierda humana!!!

 

Lindezas aparte, no deja de ser una novela socialmente disolvente y precipitada al abismo de la mayor miseria, sordidez y pornografía. En un momento dado da un poco igual porque se reitera en la putada, el dolor y el regreso, como la gran historia de la loca del coño cósmica suramericana, la misma biblia, las auténticas sagradas escrituras de universo de hijos de la gran puta, donde la bella Narcisa es mártir y verdugo. Un libro realmente importante. De lectura categórica.

 

 

 

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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