¡Nápoles millonaria! de Eduardo de Filippo adaptada y traducida por Juan Asperilla, y dirigida por Antonio Simón para el Teatro Español de Madrid.
De ¡Nápoles millonaria! y de Eduardo de Filippo, poco se puede decir que no se haya dicho, pero queda mucho por aprender de este cuento con moraleja, que el autor sitúa en Nápoles, en la larga década de 1940 a 1950 en que Italia, vivió bajo el dominio de los fascistas, primero, los nazis, y después de las fuerzas de ocupación aliadas.
Quizá no tenga fidelidad la moraleja del cuento con la realidad, porque al final en la obra teatral cada uno acaba en el lugar que merece, pero es una utopía que nos gustaría creer.
Sobre la vieja Europa mediterránea han pasado culturas tras culturas, guerra tras guerra. Arrasando siempre con lo anterior, para desconcierto de una población que ha aprendido subsistir, echándole desparpajo, arrestos, y humor aunque sea negro.
Para los que mandan nunca se vivió mejor que en este momento, y no mienten ni engañan, ellos viven mucho mejor. Una vara de medir, de cómo anda el mundo, del tamaño de nuestro obligo, porque no iban a caer en ese engaño tan común, la familia de Amalia y Genaro.
Por otra parte, nuestra dualidad nos hace ser generosos. Una generosidad que normalmente practica quien menos tiene. La vida demanda vida, y no nos engañemos la ética con goteras y el estómago vacío, encuentra muchas razones para dar de sí.
El primer acierto del montaje dirigido por Antonio Simón es el diseño de la escenografía de Paco Azorín, y la iluminación Pedro Yagüea. En principio se nos muestra un decorado costumbrista, con varios huecos para que se asomen los diferentes personajes que habitan en la casa. La escenografía permite ver los laterales del escenario, para que quede claro que lo que ocurre en esa casa, es una simple muestra de cómo se vive en Nápoles en ese momento, y no hay nada que tenga mayor valor universal, que lo cotidiano, lo local.
La familia de Genaro y Amalia y sus hijos, viven un momento en que la carencia de lo más mínimo es costumbre. Amalia mantiene a la familia con un modesto estraperlo, que niega a su marido, que volvió sonado de la guerra anterior, pero con la ética intacta.
La casa es lugar de tránsito, del que procura el estraperlo, de quien lo viene a comprar, de quien ayuda a Amalia, y quien acude pedir consejo a Genaro. Una suerte de personajes que Eduardo de Filippo, sabe plasmar con tanta sensibilidad, que oímos su respiración y sentimos su aliento.
Otro acierto de Antonio Simón es la elección de los actores encargados de representar a los personajes creados por de Filippo.
El espacio escénico, acoge a la familia con el cimiento de la casa en el suelo. Según Amalia prospera con su ilícito negocio, ese cimiento se aleja del eje, y del suelo, parejos con su ética.
Las sirenas que anuncian los bombardeos para avisar a la población que vayan al refugio, son una constante. En uno de los avisos desaparece Genaro, lo que beneficia a Amalia para su negocio, y se asocia directamente con “el guapo”, que a su vez ha ido situándose en la especulación del estraperlo. Su hijo Amadeo lo hace con Pepe el gato, que se dedica al robo y venta de neumáticos, y María Rosaria, la hija, aprovechando el el río revuelto, para gozar de su amor en su propia casa, con un soldado americano.
El inesperado regreso de Genaro pilla a la familia nadando en la abundancia, y el cimiento de la casa en lo alto del escenario, ya no son precisas las puertas para entrar en la casa.
Genaro vuelve horrorizado por todo lo que ha visto, en su huida de Alemania donde le llevaron preso, a Nápoles. Amigos y familia le dicen que olvide, y disfrute de la fiesta. Él no entiende nada, la guerra no ha terminado, y ellos viven en su abundancia totalmente ajenos a la realidad.
Roberto Enríquez hace diana con su recreación de Genaro, el personaje más clarividente y luminoso de la función, a pesar de lo sonado que le dejó la guerra anterior. Interpretando un diálogo sin respuesta con una impotente coherencia que emociona, cuando regresa a su casa con las imágenes de la guerra grabadas, y ve el panorama festivo de su propia familia.
Elisabeth Gelabert se hace cargo de Amalia, que es una mujer muy bien dotada para la vida. Un personaje que le permite a la actriz lucirse en la amplia gama de registros que requiere interpretar a un personaje como Amalia, pleno de arista y matices, y Gelabert sale por la puerta grande, como también lo hace el actor Raúl Prieto, que encarna a “el guapo” estraperlista, con masculina chulería para los negocios, y temblor de párvulo cómo enamorado de Amalia.
Lourdes García compone un personaje de tonta que no da puntada sin hilo, con un talento que convoca la risa del espectador, que ríe con ella, nunca de ella, cómo lo hace con el personaje que recrea con pericia Fernando Tielve, que brilla con luz propia como “cheposo talismán“, al que todo el que entra en la sala le toca la chepa con reverencia, y se santigua.
Los hijos tan diferentes, a María Rosaria la vida la demanda por encima de la situación familiar, de Nápoles, y del mundo, y como corresponde a su edad vive y se enamora. El personaje no puede encontrar mejor acomodo que en la actriz Nuria Herrero, que otorga la juventud y la frescura que el personaje necesita. Dafnis Balduzes su hermano Amadeo, anda desnortado, cómo huérfano, y ese punto de despiste el actor se lo da estupendamente. Balduz es un actor que domina de una manera muy precisa el gesto, y sabe darle a su personaje una agitación contenida.
Ronda la casa el funcionario al que despluma Amalia, pero con ese personaje precisamente nos señala la moraleja el autor. José Luis Trujillo lo encarna atropellado por la vida, tanto cuando suplica, como cuando se muestra generoso, con quien no lo ha sido con él. Rocio Calvo da el punto a una mujer muy común, que se va buscando la vida, y se acomoda con facilidad a lo que hay.
Cesar de la Fuente se hace cargo del policía, que sabe muy bien donde pisa, y la relativo de su labor, que únicamente le permite ser riguroso con los que menos hacen, como le ocurre con Pepe el Gato, un delincuentillo del tres al cuarto al que da vida con toda su sólida humanidad Mario Zorrilla.
Antonio Simón consigue, rodeado por un equipo excelente, que la voz vigente de Eduardo de Filippo, se vuelva a oír.
¡Nápoles millonaria! estará del 24 febrero al 28 marzo de 2021 en la Sala Principal del Teatro Español de Madrid
Autor Eduardo de Filippo Traducción y adaptación Juan Asperilla Dirección Antonio Simón Elenco Dafnis Balduz, Rocío Calvo, Roberto Enríquez, Lourdes García, Elisabeth Gelabert, Nuria Herrero, Óscar de la Fuente, Raúl Prieto, Fernando Tielve, José Luis Torrijo y Mario Zorrilla Diseño de espacio escénico Paco Azorín Diseño de iluminación Pedro Yagüe Diseño de vestuario Ana Llena Diseño de sonido Lucas Ariel Diseño Videoescena Pedro Chamizo Ayudante de dirección Gerad Iravedra Una producción del Teatro Español
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador.
Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo.
Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.
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