Muerte en Venecia, de Luchino Visconti. Una reposición con sabor a despedida.

Muerte en Venecia, de Luchino Visconti. Una reposición con sabor a despedida.

Muerte en Venecia es la adaptación de la novela La muerte en Venecia de Thomas Mann, de una forma tan personal como todo lo que hacía Luchino Visconti. Tanto en la novela como en la película, el protagonista, llamado Gustav von Aschenbach, cuyo apellido puede traducirse como “Río de Cenizas”, está claramente inspirado en el compositor Gustav Mahler, y para mayor identificación su Adagietto de la Quinta sinfonía suena como fondo y es protagonista de una película en la que se habla de la belleza y de su posición inalcanzable:

Aquél que ha contemplado la belleza está condenado a seducirla o morir

Björn Andresen, en su papel de Tadzio.

En este caso la belleza o la perfección se materializa en un adolescente llamado Tadzio, al que presta su desmayada belleza Björn Andresen, que representa una idealización, con el que el músico no mantiene, ni lo pretende, contacto físico alguno, ni tan siquiera  intercambia una sola palabra, porque la belleza cuando es completa ha de ser así: un mero reflejo de la verdad.

Dirk Bogarde como Gustav von Aschenbach en Muerte en Venecia

Gustav von Aschenbach, encarnado por un Dirk Bogarde, muy lejano al  tiránico sirviente que interpretó para Losey ocho años antes, llega a Venecia sumido en una depresión profunda después de sufrir un sonoro fracaso en el estreno de su última obra, unido a un fracaso personal que arrastra y que ve reflejado en el espejo en donde no ve reflejado ni resto de juventud ni de belleza, y como contrapunto aparece Tadzio, que significa la belleza, la juventud y sobre todo la esperanza que él ya no tiene. Su drama existencial tendrá como escenario una ciudad que vive a dos ritmos: uno el lujo de los hoteles donde disfruta la aristocracia y otro donde está presente la miseria en la que viven los habitantes de la ciudad. Una ciudad donde las autoridades se niegan a reconocer que hay una epidemia de peste, como si de una metáfora social se tratase, la pobreza del los venecianos no la soluciona la ostentosa estancia de esa aristocracia en sus hoteles, pero si se fueran supondría directamente el hambre.

Muerte en Venecia, cuenta con una ambientación y vestuario cuidados al detalle

La película cuenta con una ambientación y vestuario como solo ha llevado a la pantalla el realizador italiano, que como el mismo protagonista de Muerte en Venecia buscó durante toda su obra la perfección y la belleza. Vestía a sus actores con sedas, encajes y terciopelos recamados en plata y oro, trajes a ser posible auténticos, planchados y almidonanados de la misma forma que se hacía en la época.

El director de El gatopardo mantiene en esta película su preocupación por el fin de una época, de una era en que la aristocrática era la clase dominante. Representada esa decadencia en la figura y la inquietud del protagonista al que Dirk Bogarde interpreta de una manera doliente y que duele al verlo. El fin de la aristocracia es una temática constante en toda su obra, que expone con una dualidad titánica en la que demuestra su lucidez de intelectual brillante mientras ve la necesidad del cambio social, pero se  aferra contando las historias desde su punto de vista: que no es otro que el de un “Príncipe italiano”.

Silvana Mangano, en una imagen de Muerte en Venecia

Visconti supo recrear la decadencia como nadie, quizá porque formaba parte de ella. Un detalle en la película es cuando nos descubre a la madre de Tadzio, a la que da vida una bellísima Silvana Mangano; con la cara velada, abre un valioso libro de una manera tan delicada que casi encierra ahí el espíritu de la película.

Muerte en Venecia fue rodada en 35 mm, aprovechando la luz natural. La publicidad de los Cines Verdi nos advierte que: Debido a la progresiva desaparición de la proyección en 35 mm, se trata de una oportunidad especial para ver “Muerte en Venecia” en este formato en la gran pantalla, para que el cinéfilo pueda disfrutarla de nuevo tal y como la vio por primera vez“.  Este aviso podría achacarse a alguna argucia publicitaria, pero es totalmente cierto y puede ser la última oportunidad de que podamos apreciar el color denso, preciso y precioso con que retrató Pasqualino de Santis la ciudad de Venecia, fiel al colorido preciosista y decadente concebido por Visconti, con una riqueza de tonos que no permite apreciar en el soporte digital.

En esta invitación que se nos hace para ver la película por última vez en su formato original en una sala comercial, también hay algo de nostálgica perdida, como en la obra de Visconti, de una vida y de final de una época.

Este viernes 14 de junio, los Cines Verdi Madrid repone por tiempo limitado Muerte en Venecia. Próximamente también llegará a Cines Verdi Barcelona. Os recomiendo que no perdáis esta oportunidad, porque cada semana se cierra alguna sala y ver una película tal y como fue concebida en celuloide y 35 mm puede resultar a partir de ahora un empeño solo posible en las filmotecas. Viene muy a cuento el miedo a los cambios que reflejó el maestro Visconti en toda su obra, aunque está claro que quien más miedo tiene al cambió es quien más tiene que perder.

Muerte en Venecia (1971), de Luchino Visconti, se repone el viernes 14 de junio en  los Cines Verdi Madrid por tiempo limitado y próximamente también llegará a Cines Verdi Barcelona.

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

2 comments

  • Alfonso

    Realmente se trata de una obra de arte, de lo literario a lo fotográfico y pictórico. Trasciende como pocas del propio lenguaje cinematográfico y de seguro una grata experiencia para quién descubra la película en ese formato.
    Soy un total defensor del cine digital, pero pocas son las restauraciones que logran la calidad de imagen de su estreno (o mejor dicho, de su concepción, puesto que el propio sistema de copiado de los 35mm dejaba bastante que desear). Nos bombardean con datos de resolución, al 1080p le sucederá resoluciones mayores, cuando lo realmente importante es la profundidad de color. Los matices que se pueden alcanzar. Y en esa fase están los Blu-Ray, no es sólamente un formato para pantallas grandes. Es un soporte que permite acercarse a lo que una película de 35mm ofrecía. Quizás se consiga algún día.
    Una reproducción digital de un cuadro puede ser perfecta, pero las pinceladas ya no están. En lugar de partículas fotosensibles tenemos píxeles, y aunque estos sean ya más precisos e imperceptibles, carecen de las imperfecciones que han hecho del cine algo mágico. Bienvenida la tecnología que ha democratizado la fotografía y el cine, abaratando sus costes y logrando altas cotas de calidad, aunque por el camino nos hemos perdido cierta calided de las mismas y ese temor/ilusión que hace ya una década dejamos atrás al abandonar las cámaras de película por las digitales.

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