Mefisto For Ever de Tom Lanoye. Adaptación libre de «Mefisto» de Klaus Mann, dirigida por Álvaro Lavín, indaga en la capacidad de corromper que gasta el poder, y en el elixir adictivo del Teatro que, una vez saboreado, no se puede vivir sin él. Eso le ocurre a Kurt Köpleral, protagonista de la obra. Un actor vocacional hasta la médula, que cuando gana las elecciones el partido de Hitler en el 36, se le encomienda la dirección del Teatro Nacional, a pesar de no haber sido militante del partido.
La puesta en escena de la pieza, celebrar los 30 años de la compañía Meridional con un ejercicio de cómo larva y anida el poder en quien lo roza. Visto desde tres tiempos diferentes: Mann, propone un retrato en caliente, Lanoye lo mira con perspectiva yLavín puede dibujar la historia como el que la mira a través de un espejo retrovisor, conociendo ya, el siniestro final del nazismo, y desarticulado el poder de la Unión Soviética.
Mefisto For Ever, es un texto tan vigente como cuando denuncio el abuso de poder de los vencedores, que avasallan por norma al vencido, en nombre de una “ideología”. El poder parece devastar como un fenómeno natural abstracto, pero para hacerlo precisa de manos que lo ejecuten. La función que nos presenta Lavín, es muy sugerente porque se adentra en lo inescrutable del comportamiento humano, y el ego que se apodera de nosotros, en cuanto encuentra la menor oportunidad.
La obra se detiene en el detalle de las personas que, con nombre y apellido lo imponen sin miramiento, y de sus cómplices necesarios, que se justifican primero en base de ser paladines de la cultura -más listos que nadie- “don” que les permitirá burlarse del mismísimo poder, y después justificando el hecho, como supervivencia, y también aporta una mirada que es oro molido, que es señalar la falta de conocimiento que tiene el pueblo llano, incluso el militante, cuando se suceden los hechos, en que se puede empedrar el mismísimo infierno, con la mejor de las intenciones.
En la imagen: Nacho Redondo Esperanza Elipe Darío Frías, Elisabet Gelabert, detrás Iván Villanueva y Cristina Varona “Mefistero For Ever”, de Tom Lanoye @Lenrechphoto
Los personajes tienen su color, y su brillo particular, pero en la obra hay un marcado antagonismo entre el General encargado de cultura apodado “el gordo” y Kurt, ahora director del teatro. Un duelo titánico, entre la fuerza del General que representa al poder, y el ego del artista que no le permite calibrar la complicidad de sus actos.
A Kurt Köpler, el egocéntrico actor ascendido a gerente, lo asume la actriz Sonia Almarcha, que afronta el papel con vigor, porque prácticamente no abandona el escenario durante toda la representación, y al General encargado de cultura, lo interpreta sin fisura el actorDarío Frías, que está rotundo y poderoso.
Para calentar motores, cuando la sombra del nazismo aún, es una nube negra sobre el teatro, o simple promesa de futuro para miles de votantes. Se representa un enfrentamiento escénico entre de Gertrudis, y su hijo Hamlet, que marcará la función entera. Una escena bellísima protagonizada por Sonia Almarcha,como Hamlet y Elisabet Gelabert-, como reina Gertrudis. La escena marca la ruptura entre la lírica del arte, y la inclemente realidad, cuando la intocable soberana teatral, es despreciada hasta la humillación por un joven componente del elenco, interpretado con vehemencia por el actor Nacho Redondo, que le acusa de tocarle, y de ser judía, guiado por el fanatismo de una ideología en la que cree.
Paula García Lara Elisabet Gelabert, Cristina Varona e Iván Villanueva en “Mefistero For Ever”, de Tom Lanoye @Lenrechphoto
El elenco de la función y de la ficción lo componen, Kurt, y la gran dama del teatro judía, el gerente del teatro y actor –Iván Villanueva-, que muere sin cejar en su empeño. La madre del propio Kurt, camaleónica y apuntadora de la realidad y de la ficción, encarnada en su poderío por la actriz Esperanza Elipe. Las dos actrices del elenco de ficción, una –Paula García Lara– que abandona la compañía por solidaridad con la la primera actriz, con la que emprenderá el camino del exilio, pero volverá, y otra – Cristina Varona– que se integra, al grado que será defensora del nazismo pagando con su propia vida, como el joven, que vehemente se movía por la fe en el social nacionalismo, y será ajusticiado por sus mismos coreligionarios, y la amante del General, una actriz sin talento impuesta, de la que también se encarga con acierto la actriz Elisabet Gelabert.
La puesta en escena de Álvaro Lavín, es de un plástica bellísima, en un suma y sigue de aciertos como es la iluminación deLuis Perdiguero, la escenografía y el vestuario deAnna Tussell y Arantxa Ezquerro, el diseño audiovisual de Elvira Ruiz Zurita, la música de Iñaki Salvador, y el espacio sonoro de Alberto Granados.
Los actores están marcados por Álvaro Lavín, para no dar tregua al espectador, como describe el General, que sueña con una sociedad ideal, que sería como un desfile militar uniforme e imparable.
Si tienen oportunidad de ver una representación de Mefisto For Ever, no se la pierdan, el trabajo de todos los que la hacen posible es enorme, y lo merecen.
Elenco real y ficticio mas “General”: Elisabet Gelabert, Darío Frías, Nacho Redondo, Iván Villanueva, Sonia Almarcha, Esperanza Elipe, Paula García Lara y Cristina Varona “Mefistero For Ever”, de Tom Lanoye @José Luis Sixto
Mefisto For Ever, estará del 2 al 25 de marzo de 2023 en el Teatro Fernán Gómez Centro Cultural De la Villa -Madrid-,
Adaptación libre de Mefisto de Klaus Mann Texto: Tom Lanoye Traducción: Julio Grande Dirección: Álvaro Lavín
Iluminación: Luis Perdiguero Diseño audiovisual: Elvira Ruiz Zurita Música: Iñaki Salvador Espacio sonoro: Alberto Granados Escenografía y vestuario: Anna Tussell y Arantxa Ezquerro Diseño Gráfico: Causa efecto Ayudante de dirección: José Luis Sixto Asistente de producción: Sara Pérez Dirección técnica: Rafael Catalina
Una Producción: Meridional Producciones, Vaivén Producciones y El Gatoverde Producciones Meridional Producciones cumple 30 años de trayectoria este año.
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador.
Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo.
Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.
“Los hombres de Putin” de Catherine Belton, nos regala una investigación profunda sobre el ascenso de Vladímir Putin y cómo el KGB secuestró el Estado ruso.
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