“Manada”, de Santi Sendo

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“Manada”, es el último acto íntimo de Santi Senso, un experimento en que la oscuridad, los efectos y la música son un marco de acero para la palabra. La obra nace de un curso que impartió en Biribo Teatro, del que ha germinado un experimento testimonial tan obscuro como lo son el dolor o el miedo.

En sus actos íntimos Senso, incita al que asiste desnudar a una cebolla, tan real como simbólica, de sus capas para llegar a su corazón, y he sido testigo de como esta invitación se entendía como una propuesta para desnudar su cuerpo, cuando el cuerpo lo hemos desnudado muchas veces, y lo difícil es lograr llegar al centro de uno mismo sin sentir vértigo.

En “Manada”, Senso, se reserva un lugar de líder observador, y acierta porque es lo novedoso de su nuevo trabajo, y toman el centro de la Sala los doce testimonios que arañan y escuecen porque son verdad, unos testimonios dolorosos tanto si se guardan como si se verbalizan, hieren como la única luz que ilumina la escena. Una linterna cegadora e inclemente que localiza y persigue al que actúa mientras su voz y cuerpo manifiesta su queja.

Santi Senso afirma que la función surge después de imbuirse en el texto de Mario BenedettiPedro y el Capitán”, si bien este será el punto de inflexión, pero dado que el infierno de la tortura de la guerra y las dictaduras por fortuna sólo la han sufrido determinadas personas, Senso trae a su terreno la tortura, dando libertad a sus actores para que hablen y se liberen de esos verdugos, que en la mayoría de los casos no son mas que hijos de sus miedos y residen únicamente en nuestra imaginación.

Nuestro imaginario se puebla de ogros, dragones, príncipes y princesa, según como se haya nutrido, el mayor aporte de combustible lo asimilamos con lo aprendido en la niñez. La educación se trasmite de manera oral o escrita, pero no suele ser ahí por donde se nos inoculan los materiales para que nuestra vida sea un ejercicio de gozo o de dolor. El poder que ostentan las personas que tutelan nuestra infancia suele ir mas allá de la palabra, está en el gesto o su expresión corporal, la alusión de sus referentes de lo tolerable y lo intolerable o en lo que no dicen, y nosotros con esos ingredientes cocinamos nuestra forma de ser y estar, nuestra seguridad y nuestros temblores por no estar a la altura de lo que se nos pide, por no ser los mejores.

Personalmente no le temo a la muerte mas que al dolor, la muerte es redentora de todo sufrimiento o tortura y ella nos hace libres, el dolor y el miedo esclavos, por lo que cualquier ejercicio libere del dolor y el miedo me parece plausible y sin duda para los integrantes de esta “Manada” lo es, para el público es otro cantar, no sé si logra aprovechar la incomodidad que se le proporciona para poder reflexionar, pero lo que es seguro que no saldrá indiferente, los actores en un acto de exhibicionismo y generosidad se abren en canal para que veamos sus carencias afectivas. Efectos, luz y música tienen una factura potente en su estética tremendista.

Las propuestas de Senso, suelen ser muy dogmáticas, en este caso no lo es más que en otros actos íntimos, aún declarándose abiertamente como Macho Alfa y líder de la Manada, le gusta zarandera al público. A veces poniéndole en una situación de indefensión, jugando con la baza de que al extremeño le ha crecido la barba sobre un escenario, pero da una de cal y otra de arena, también he visto como lo mima, porque Senso en el fondo lo que quiere es ser amado por su público, como todos deseamos serlo.

El trabajo deInca Princess, Lya Serrano, Diego Martínez, Ismarú Góngora, Lidia Méndez, Goyo de Pacheco, Aitana Torrero,  Esther Sererols, Carlos Munera, Liber Pozo y Citlali, Amalia G., Carlos Lombao y uno mas, es mas que plausible, porque se dejan girones de vida y de piel en el escenario, como lo hace Santi siempre, puedo nombrarlos y voy a dejar un documento grafíco de todos los integrantes menos de ese “uno mas” que tambien lo mererece pero no lo tengo, pero no puedo dedicarlos un espacio uno por uno, aunque me gustaría  y lo merecen, pero para el lector que no haya visto la función no sería mas que un nombre seguido de una loa, pero que quede claro que son oro molido.

Sin Santi Senso no existiría “Manada”, un grito tremendista y sin ellos tampoco, o sería otro.

 

Dónde Teatro Biribó Elenco: Lobos, hienas y chacales (actores, actrices, dramaturgos y creadores): Ismarú Gongora,  Inca Princess, Lya Serrano, Diego Martínez, Lidia Méndez, Goyo de Pacheco, Aitana Torrero,  Esther Sererols, Carlos Munera, Liber Pozo y Citlali, Amalia G., Carlos Lombao y uno mas / Macho Alfa dominante de la Manada (dirección y dramaturgia): Santi Senso / Pieles, pelos, cornamentas, pezuñas (vestuarista): Fede Pouso / Fotos y edición del Cartel: Josep Artés / Música:  Pablo Gómez Suárez y Eva Kurli.

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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