Macbeth. Un proyecto de Gerardo Vera dirigido por Alfredo Sanzol

Macbeth. Un proyecto de Gerardo Vera dirigido por Alfredo Sanzol

En la imagen de Luz Soria, los actores Carlos Hipólito y Marta Poveda Macbeth y Lady Macbeth, para Alfredo Sanzol.

 

Por Luis Muñoz Díez

 

Siempre es una oportunidad irrepetible poder ver sobre un escenario Macbeth. La producción de un Shakespeare con este requiere unos profesionales brillantes que trabajen con el tiempo suficiente, y para que se den estas circunstancias es preciso contar con una producción que los respalde, en este caso el garante es el Centro Dramático Nacional.

Si el garante era solvente el proyecto de Gerardo Vera, con versión de José Luis Collado, y dirigido por Alfredo Sanzol, también lo son.

Hay un Macbeth en mente, de cada adaptador, director o actor de teatro. Pocos logran ponerlo en escena, el resto se ven obligados a archivarlo en trabajos pendientes, dando por cierto que las comparaciones son odiosas, se debe asistir a cada montaje de Macbeth, o pieza semejante, con los sentidos en el estado más virginal posible, únicamente abiertos a percibir y gozar.

La puesta en escena es una rica herencia que dejó Gerardo Vera. Un hombre de teatro que fue caudal de alegrías, y referente para toda la profesión, siempre riguroso, y con un gusto exquisito. La adaptación sobre la que trabajó Vera, se debe a José Luis Collado, que ha realizado un trabajo brillante, porque el resultado es un texto que suena estupendamente, con un ritmo preciso para que las dos horas de función pasen sin sentir, y la historia la siga el espectador de manera diáfana.

Los actores Carlos Hipólito y Marta Poveda Macbeth y Lady Macbeth, para Alfonso Sanzol Foto Luz Soria

Los actores Carlos Hipólito y Marta Poveda o Macbeth y Lady Macbeth, para Alfonso Sanzol Foto Luz Soria

En unas versiones del clásico se cargan las tintas de maldad en la perversa Lady, redimiéndolo a él de culpa, en otras se les muestra como una hidra de dos cabezas, que actúa al unísono, para mí que el trabajo de Collado ha sido dotarlos de vulnerabilidad, y anclar sus pies al suelo.

En este caso Lady Macbeth no siembra, estimula una ambición que ya anida en Macbeth. Ella es el combustible para que ni piense, ni dude. Le acusa de tener fuerza para tramar y ejecutar, pero no la suficiente “maldad” para celebrar lo hecho como un triunfo. Una maldad que es a ella a la que acaba dando la espalda, dejándola enajenada por su antagonista, que es la culpa.

La escenografía de Alejando Andújar es poderosa, sirviendo de marco enfático a tan refinado ejercicio de maldad. Gerardo Vera sin duda hubiera disfrutado de ella. La Iluminación de Juan Gómez-Cornejo, la  música, y espacio sonoro de Alberto Granados,  y la caracterización de Sara Álvarez contribuyen al suma y sigue de aciertos.

Si la mujer oscura predice a Macbeth que será rey, una proyección que simulará como brota sangre de todo el espacio escénico, marcará su sangriento camino. Antes y después este soporte visual, será esencial, por citar uno de sus hermosas funciones: Nos adentrará en el mismo pensamiento del rey Macbeth, cuando comprende el acto inútil que ha supuesto el asesinar al rey Duncan. Su corona se le antoja de paja, porque no será su estirpe quien la herede, si no la de Banquo. El rostro del cabeza de estirpe, se repetirá hasta el infinito en el pensamiento del rey asesino, y al espectador le llegará por las estimulantes imágenes, que subrayan, y significan la historia realizadas primorosamente por Álvaro Luna, acertado responsable de las videoescenas.

En ese precioso marco el director Alfredo Sanzol, sitúa el bosque en donde tienen el premonitorio encuentro Macbeth y Banquo, con la “mujer oscura”, que de pronto surge de la nada. Los recibe en una postura tribal de hechicera africana, con lo que su voz de la adivinadora, se vuelve universal. Augurando unos presagios de gloria y de poder, válidos para cualquier tiempo o lugar. Mientras una proyección tiñe el escenario de sangre.

La sangre será el vehículo conductor por el que circule la sed de poder, llamada con acierto erótica, porque despierta instintos primarios dormidos, irreprimibles e inconfesables, como los carnales.

A partir de ese momento la pieza es el contrapunto de la armonía y el caos, y el saldo de sumar caos y poder, es sangre derramada.

Banquo -Jorge Kent- con Macbeth -Carlos Hipólito-, observados por Ross -Markos Marín Foto Sol Soria

Banquo -Jorge Kent- con Macbeth -Carlos Hipólito-, observados por Ross -Markos Marín Foto Sol Soria

Alfredo Sanzol es un director diestro de sensibilidad, y con magia. Es gozoso ver como mueve a los actores en grupo, con una plástica impecable.  En este caso juega con los tiempos, los marca moviendo a los actores que caminan errantes como en las gestas medievales lo hacían los soldados. En una espiral que no los conduce a ninguna parte, semejando al tiempo que jamás se detiene.

Cómo el delicado trabajo cuando les dirige con texto de por medio. Carlos Hipólito recrea un Macbeth con empaque, poseído de soberbia que él disfraza en dignidad. Marta Poveda compone con fiera fragilidad una Lady Macbeth, rayana en la neurosis obsesiva, que le hace alardear como un juego de su inquebrantable ferocidad, cuando no es capaz de encararlo cuando el juego se torna en realidad.

Carlos Hipólito, al margen de sus parlamentos sobre sus reflexiones, en las que el actor demuestra un aplomo contundente en voz y gesto. Hay tres escenas en que me gusta especialmente: el primer encuentro a tres, con “la mujer oscura”  acompañado Banquo, el segundo a dos, bruja y Rey. La actriz Mapi Sagaseta está regia, y el actor Jorge Kent recrea un sólido y terrenal Banquo, ante el mágico y siniestro encuentro, y la tercera escena que quiero señalar de Carlos Hipólito, es cuando lucha Macbeth rey con Macduff, encarnado por el solvente actor Agus Ruiz

Para un actor como Carlos Hipólito, interpretar a Macbeth es siempre oportuno. Foto Luz Soria

Para un actor como Carlos Hipólito, interpretar a Macbeth es siempre oportuno. Foto Luz Soria

Macbeth es un rico arsenal de buenos personajes, que en manos de un buen actor le permite tener su momento. Es el caso de Chema Ruiz tanto cuando es Rey Duncan, o asesino a sueldo.

El ya citando MacduffAgus Ruiz, que maneja en una única escena tres registros, como noble que acude a Inglaterra para rogar que regrese al joven príncipe de su exilio. Su desconcierto cuando escucha el alarde de defectos de los que el príncipe Malcolm se auto inculpa, con el fin de saber si es legítimo el motivo de la visita del noble. El actor Álvaro Quintana, maneja con acierto su alarde de defectos improbables y su sospecha, bien fundada, de ser blanco de traidores. Al final de la entrevista con él, Macduff tendrá otro reto, cuando recibe la más terrible de las noticias, por voz de Ross al que da vida Markos Marín.

RossMarkos Marín– también comparte una escena clave con LennoxBorja Luna-, cuando este hace balance de las tropelías de Macbeth, y le anuncia su adhesión al joven príncipe, por un momento ambos actores son dueños de aire, y el escenario.

Alejandro Chaparro, es el criado de confianza de los Matbhet, testigo mudo de todos los tejemanejes del siniestro matrimonio. Fran Leal es el noble Noble Seyton, y Fernando Sainz de la Maza es el “hijo” por excelencia, primero del asesinado Fleance, y después del libertador Macduff.

Un reparto que cumple su cometido, aunque siempre que se trata a un clásico, hay roces a la hora de igualar la manera de interpretar, por la pluma de Shakespeare y la adaptación de José Luis Collado, todos los personajes tienen su momento.

El resultado del montaje es compacto, por lo que Alfredo Sanzol puede presumir de haber coronado el reto con éxito. El reto de poner en el escenario el legado del don Gerardo Vera, al amparo del Centro Dramático Nacional.

José Luis Collado, Alfredo Sanzol y Carlos Hipólito, podéis descansar tranquilos por tan brillante trabajo

A la vigilia, quedarán eternamente condenados Lady Macbeth y el rey  Macbeth, como debe ser.

Todo el reparto masculino de la obra, en la espectacular escenografía de Alejando Andújar, creada para el Macbeth, ideado por Gerardo Vera y puesto en escena por Alfonso Sanzol. Foto Luz Soria

Todo el reparto masculino de la obra, en la espectacular escenografía de Alejando Andújar, creada para el Macbeth, ideado por Gerardo Vera y puesto en escena por Alfredo Sanzol. Foto Luz Soria

El montaje de Macbeth estará en el Teatro María Guerrero de  Centro Dramático Nacional del 27 de noviembre de 2020 al 17 de enero de 2021,

Texto William Shakespeare Versión José Luis Collado Diseño de puesta en escena Gerardo Vera Dirección Alfredo Sanzol.

Reparto Alejandro Chaparro (Capitán / Criado), Carlos Hipólito (Macbeth), Jorge Kent (Banquo / Médico), Fran Leal (Noble / Seyton), Borja Luna (Lennox), Markos Marín (Ross), Marta Poveda (Lady Macbeth), Álvaro Quintana (Malcolm), Agus Ruiz (Macduff), Chema Ruiz (Duncan / Asesino), Mapi Sagaseta (Mujer oscura / Lady Macduff) y Fernando Sainz de la Maza (Fleance / Macduff Jr. / Soldado)

En la imagen de Luz Soria, el reparto al completo de Macbeth, dirigida por Alfonso Sanzol

En la imagen de Luz Soria, el reparto al completo de Macbeth, dirigida por Alfredo Sanzol

Escenografía y vestuario Alejando Andújar Iluminación Juan Gómez-Cornejo Música y espacio sonoro Alberto Granados Videoescena Álvaro Luna Caracterización Sara Álvarez Lucha escénica Kike Inchausti Ayudantes de dirección José Luis Arellano García y José Luis Collado Ayudante de escenografía María Albaladejo Fotografía Luz Soria. Producción Centro Dramático Nacional

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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