“Love and Bruises” de Lou Ye o la historia de un perpetuo fracaso

“Love and Bruises” de Lou Ye o la historia de un perpetuo fracaso

Esta coproducción franco-china retrata con somero entretenimiento (en el sentido de entertainment) la historia de una víctima, Hua, interpretada por Corinne Yam y de la bestia que le toca en suerte, Matthieu, que encarna Tahar Rahim.

Permítaseme traer a colación un aforismo-río de un autor cuyo nombre omitiré por modestia: “El león dormido sueña con una gacela cimbreante, la gacela dormida sueña con un cuchillo que corta el viento (ella misma) y al tiempo le parte la yugular (el león). Es ella junto con su contrario y al despertar llegará la cancelación y morirá. La gacela tiene un destino, el león, mientras que el león tan sólo tiene un sueño y un bostezo”.

La historia amorosa de Hua, a lo que se ve, es la de sufrir el desprecio, la humillación y la magulladura por parte de los hombres. No concibe otro tipo de relación, salvo cuando se decide a fracasar en el empeño. Aun cuando el fracaso sea perpetuo.

Matthieu, es una bestia que inicia su relación con Hua con lo que técnicamente sería una violación, aunque subjetivamente puede que no lo sea, y la bestia vuelve al lugar del crimen, o no se va, para enamorarse de su víctima.

La víctima-flor, tal es el significado de su nombre, Hua, se las ingenia para atraer la volátil y lábil atención de Matthieu, hombre a su erección pegado, y así se anuda la más bella relación que Hua concebir pueda.

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“Love and Bruises” de Lou Ye

El entorno de Matthieu se encuentra entre lo canallesco y lo cotidiano. Tenemos a dos polos en su vida, hombres, naturalmente. Por un lado Giovanni, interpretado por Jalil Lespert y por otro, Éric, que encarna Vicent Rottiers. Y aunque la atracción por el submundo se renueva una y otra vez, Matthieu siempre emerge a la vida del trabajador manual, hasta el siguiente ciclo de pecado. Pecado y redención, se podría decir, con lo que Giovanni y Éric simbolizarían fuerzas mentales o espirituales.

La película es sólo la larga y perfecta persecución a que somete la bestia a su víctima, punteada de episodios de devoración (sexual por supuesto). En ese sentido no se pueden buscar profundidades o meandros en este ramal del río de la vida.

Narrada con buen pulso por el director-guionista, la acción se autosustenta en la satisfacción del deseo de Hua: ser herida en fantasía y acto, en carne y espíritu, en temblor y fiebre.

Basada en una novela de Jie-Liu Falin, en forma de autobiografía de una mujer, el guión es psicológicamente bastante plano. Casi se podría decir que el amor y los sentimientos se dan por descontado. No puede ser de otra manera cuando el mecanismo que se pone en marcha se puede dar de un solo trazo.

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“Love and Bruises” de Lou Ye

Rodada cámara en mano, Love and Bruises no oculta realmente nada fuera del marco cimbreante de la cámara, todo está dicho ya, sin remedio. Los personajes revelan su confusión en lo que no es sino la expresión de un fatum dictado a perpetuidad, que enlaza inexorable el destino de víctima y bestia.

Al final de la cinta, Matthieu le da a Hua la mayor prueba de amor de que es capaz: la pérdida, momentánea, de su erección. Es el regalo de amor que ofrece vacilante, dejar a un lado, por un instante, el cuchillo que empuña durante toda la película, para postergar un poco la necesaria cancelación de la relación, con la muerte de la gacela y la vuelta del león a su sueño.

El plano final es aparentemente abierto, pero no nos engañamos, Hua seguirá cabalgando al león, lo cual, aparte de imposible, es estéticamente censurable.

Lou Ye es un director chino que ha dado el salto internacional con, entre otros títulos, Spring Fever o Mistery. Corinne Yam ha trabajado en Holy Motors y Tahar Rahim protagonizó Un profeta, de Jacques Audiard. También ha trabajado en Oro negro.

Love and Bruises, de Lou Ye, se estrenó en España el 1 de enero de 2014.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

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