Los viernes en Enrico´s, de Don Carpenter

Los viernes en Enrico´s, de Don Carpenter

El grupo de Portland se formó en torno a Dick Dubonet, después de que él vendiera un relato a Playboy por tres mil dólares. Playboy normalmente pagaba mil quinientos por un cuento, pero Dick descubrió que si anunciaban el tuyo en la cubierta de la revista pagaban el doble. El alquiler de Dick era de treinta dólares al mes y gastaba casi lo mismo en comida…

Los viernes en enricos carpenterSer escritor es siempre la misma deyección.  Ser un auténtico literato de raza (de casta, de estirpe) es que te apasione esa mierda y dejes de vez en cuando de molar en Facebook, con tus cuentos de idiotas que pierden la calma por la cocaína,  putas, borrachos, miserias de novelista  y ese mode scélérat que te pide una maduración. Es decir, amas a todos esos capullos de los cincuenta que estaban todo el puto día con las drogas, la filosofía oriental y la libertad sexual (follar como conejos). Y tú quieres ser Ginsberg. Claro,  pero hay que intentar decir cosas, y Kerouac y Burroughs las decían. Tú no sé yo.  Los viernes en Enrico´s  sí dice cosas. Principalmente porque es un producto de la fortaleza y la entereza de la auténtica literatura desde un punto de vista literatura valga la demasía y que yo sea tan superfluo.  Literatura, no congresitos, ni México de gorra, ni hostias, ni leerle un cuentito a tu pobre novia. En tu casa, jodido, sudando,  y después  seamos amantes de pequeñas lolitas con tirabuzones y un delfín en la teta derecha. Lo mismo que los curas que no se andan con sensualidades y genitales con críos: la vocación.  La pasión, la fama cuesta. Gracias Lydia Grant. Una clara diferenciación entre el escritor de raza y el autor puta, debate adaptable a la figura de Carpenter, un novelista colosal con pocas credenciales en la farándula y en la industria, es decir jugando en Las Gaunas pero de Stamford Bridge.  Los reconocimientos extemporáneos (tardíos).

Al final, Dick se cansó de la charla de los locos del esquí. Quemó sus notas para una novela, regresó a Portland, encontró el piso perfecto para un soltero y se puso a aprender a escribir. Era una persona ordenada y sabía que la mejor manera de tener éxito era trabajar con tesón y ser meticuloso. Mantenía un registro de sus gastos, que eran pocos. Ser escritor casi no costaba nada: máquina de escribir, veinticinco dólares, una bonita Smith Corona portátil de segunda mano; papel, un dólar la resma, más papel carbón y papel de prensa para las copias; sobres y sellos; y nada más. El negocio estaba en marcha.

Cada descenso de la colina era un viaje en la montaña rusa de la marihuana. A medio camino de la colina se acordó de su llamada de Hollywood, y comenzó a soñar con escribir el guión de una película…

Los viernes en Enrico´s es metaliteratura, quicir, literatura sobre literatura, con total consciencia de la miseria, los amores,  los tragos y las exudaciones, y cierta difuminación a la deducción y el entendimiento del lector entre ficción y realidad.  La prosa viene nítida y esmerada en las intrigantes crónicas de una cuadrilla híbrida de escritores en búsqueda de la notoriedad editorial, con todo el romanticismo del relato  (Una época en la que los cuentos se pagaban con miles de dólares. Ahora el cuento es para abuelas, guays y los absurdos concursos de cuentos poco guays, con poca tarjeta roja y mucho gol en offside. Es decir, que Cortázar era Maradona pero sin cocaína y sin mariconadas, y ahora los goles los meten Pedro León y el Tren Valencia que deben jugar en el Trapo Tongue F.C. o algo así). La reminiscencia de Bukowski, Hollywood, San Francisco, el whisky, los cigarrillos, rubia va, rubia viene,  la revista.  Quiero decir, conclusión: hay autores canónicos, casi doctrinales y autores más olvidados que paraguas en bares y la abuela en la gasolinera, en mitad del camino autores a descubrir, no para ser postergados o conseguir la santidad, ser preceptivos, sino para ser tu puto comodín en el paisaje literario que te alivia de dioses y pobres diablos abandonados. Don Carpenter, as de picas.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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