Los nadadores diurnos (Salón de belleza) de José Manuel Mora, bajo la dirección de Carlota Ferrer, es heredera de Los nadadores nocturnos.
Inicia la función el hijo que no tuvo Jean G, el cual cuenta con detalle y de una manera hilarante su “no” concepción. Un hijo que busca su origen en Oporto, donde conocerá una suerte de Orlando que ha permanecido reencarnado en varias vidas como gerente del hotel donde vivió su padre, que conserva su habitación intacta, con las sábanas planchadas y perfumadas, y la ventana abierta. Fue también espiritista y un vendedor de artículos de papelería del que se enamoró Jean G. al ver sus manos envolver los cuadernos que compraba.
El hombre reencarnado y sublimado por el tiempo –Juan Codina– plantea la pieza como un autosacramental, en que las almas han de purificarse antes de tomar su destino eterno, o de evangelio apócrifo en el que predica la razón de que Dios creara un mundo para ser habitado por la humanidad para su propia salvación.
El estupendo actor Juan Codina, en su cometido de transcendencia. Un verso suelto en el container de carnalidad de Los nadadores diurnos “Los Nadadores diurnos (Salón de belleza)” de José Manuel Mora
El hijo de Jean G. –Manuel Tejera– está encargado de regentar un salón de belleza que pone a tono los cuerpos antes de que Caronte cruce el lago para su descanso eterno, o sucesiva reencarnación.
El potente Juan Codina, el joven actor todo terreno Manuel Tejera, y la espléndida actriz Julia de Castro, se encargan de los tres personajes más discursivos de la pieza, mientras el resto se encargan de conformar un mosaico de personajes carnales sin mayores inquietudes espirituales.
Una mujer misteriosa –Julia de Castro– pasea por París en busca de emociones y las encontrará en un músico contrahecho –Enrico Bárbaro JR– con el que hará el amor, pero no querrá participar en su performance en las que el artista se clava clavos en la polla.
En la imagen la enigmática dama -Julia De Castro-, y el celo y performance -Enrico Bárbaro JR- “Los Nadadores diurnos (Salón de belleza)” de José Manuel Mora
La misteriosa mujer, hilo conductor, en permanente búsqueda de estímulos de vida, también propiciará un encuentro entre un mendigo sucio y tirado en el suelo, ajeno a cualquier dignidad, al que inclemente despertará de una patada en la cabeza y al que propondrá -y pagará- para iniciar en los placeres de la carne al niño –Alberto Velasco– que pide ser humillado sin llegar a la sangre, y que su olor se asemeje al de un establo, como tributo a su abuela, que le profesaba más cariño según aumentara su nivel de sufrimiento.
Por medio de un hombre que no ha conocido más que el amor fraternal y carnal con su madre que desde que falta busca compañía en los cines X, a esa hora de la tarde que la ansiedad se hace insoportable. En el cine oye el ruido de la cremallera de los hombres que abren su bragueta o escupen saliva en sus manos antes de darse amor, y así se siente acompañado por el mero hecho de unir soledades. El hombre se lo cuenta a la mujer misteriosa que pasea por París, la cual le increpa por haber pegado a la taquillera del cine únicamente por no pagar la entrada.
Carlota Ferrer sublime en su papel de taquillera, en el Salón de belleza con el reparto de chicos al completo @Javier Naval.
La taquillera también ha buscado en las salas X su manera de materializar un sexo que únicamente existe en su interior, juguetona imagina, mientras se seca el pelo y se perfuma, la visita de un grupo de fornidos albanokosovares que le obligan a hacer el amor y al que ella se entrega sin usura, en una escena memorable interpretada por Carlota Ferrer.
En medio de este ambiente erótico festivo, sazonado de traumas, el encargado del hotel de Oporto, hablando a veces como el mismo creador, no ceja en la predicación de su evangelio apócrifo, que contando con la voz y el gesto de un actor impecable como es Juan Codina se hace reiterativo.
La música en directo siempre es un regalo, al cello Enrico Bárbaro JR, al saxo Tagore González, al violín Julia de Castro, y a la guitarra Carlos Beluga. A los ocho artistas, incluida la directora, se les pone el listón muy alto y lo pasan holgadamente con momentos de gran belleza, como cuando hace un solo bailando Alberto Velasco acompañado al cello por Enrico Bárbaro JR y con su voz apoyado por Carlos Beluga que interpretan la mítica Luz de luna.
Julia de Castro y Tagore Gónzales se desplazan por el suelo del escenario, tocando su instrumento tumbados boca arriba y desplazándose al revés entre la bruma que flota en el suelo, como una promesa de eternidad.
El espectáculo cuando pasa de las dos horas de duración, y después de un estriptis de cuerpo y alma de Alberto Velasco, Carlos Beluga, Tagore González, Manuel Tejera, Julia de Castro, y Enrico Bárbaro JR, en que el único que consuma el desnudo es el personaje interpretado por Tejada, quizá por ser el único que realmente no tiene pasado, por lo que tampoco nada que ocultaren Finalizado el striptis, parece que es el final de la función, pero Julia de Castro, Alberto Velasco, Manuel Tejera, Carlos Beluga y Enrico Bárbaro JR bailan una pieza, con coraje, y tesón reiterado que envuelve al público, situando la función de nuevo en todo lo alto.
Una pieza bailable, danzada con coraje por Julia de Castro, Alberto Velasco, Manuel Tejera, Carlos Beluga y Enrico Bárbaro JR, pasada las dos hora y media de la función, envuelve de nuevo al público.
Antes de finalizar, Juan Codina con un abrigo de estrella de rock -o que podría llevar la mismísima madrastra de Blanca Nieves- con su voz y sus gesto vuelve a encauzar la pieza como un evangelio apócrifo. La función la cierra Carlos Beluga que canta guitarra en mano, con una altura y emoción que contagia al público, acompañado al violín por Julia de Castro, una canción con promesas de redención y continuidad.
La obra se cierra con una canción interpretada por Carlos Beluga, de gran belleza.
Los nadadores diurnos (Salón de belleza) estará del 8 de febrero al 5 de marzo de 2023 en la Naves del Español en Matadero / Sala Max Aub (Nave 10)
En la imagen Enrico Bárbaro JR, Alberto Velasco, Carlos Beluga, Manuel Tejera, Juan Codina, Carlota Ferrer, Tagore González el elenco a falta de Julia de Castro de Los Nadadores diurnos.
Diseño de espacio escénico: Eduardo Moreno Diseño de iluminación: David Picazo (AAI) Diseño espacio sonoro y composición musical: Tagore González Diseño de vestuario: Carlota Ferrer Asistente de arte: María García-Concha Ayudante de dirección: Manuel Tejera Colaboración especial en la escritura: Manuel Forcano Asistencia a la dramaturgia: José Manuel Martín Traducción al italiano: Antonella Càron Una producción de Prevee SL, Draft.Inn y Teatro Español en colaboración con el Teatro Principal de Zamora y el Laboratorio de las Artes de Valladolid
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador.
Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo.
Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.
“Los hombres de Putin” de Catherine Belton, nos regala una investigación profunda sobre el ascenso de Vladímir Putin y cómo el KGB secuestró el Estado ruso.
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