Los Hijos de Kennedy o el coitus interruptus de una década prodigiosa

Los Hijos de Kennedy o el coitus interruptus de una década prodigiosa

1963  ha pasado definitivamente a la historia por ser el año del asesinato de Kennedy durante una visita oficial a Dallas. Aquella mañana de noviembre los Estados Unidos de América perdían a un joven presidente; pero también morían todas las ilusiones que supo depositar entre sus conciudadanos y, más aún, en la mayoría de los jóvenes del planeta. La década de los 60 fue un periodo en el que se empezaba a atisbar la luz tras los penosos años de la postguerra mundial, años donde, por fin, se intuía la luz al final de ese túnel; una luz que dejaba atrás las desvaídas imágenes en blanco y negro para dar el relevo al brillo satinado de los colores de una sociedad en la que emergían valores e ilusiones. Fueron los días del I have a dream, del black power, o del movimiento Hippie donde otra forma de vida era posible. Pero el sueño se quebró al poco de nacer y dejó millones de huérfanos de esperanza y desarmados ante el devenir de los acontecimientos.

En todo esto pensaba Robert Patrick al escribir Los Hijos de Kennedy en 1974 y hoy, al cumplirse el 50º aniversario de la muerte de JFK, José María Pou nos invita a reflexionar sobre esa década en la que la ilusión era cosa cotidiana que revolucionaba los anhelos de una generación que, finalmente, no pudo alcanzar lo que soñaba.

José María Pou:

Gracias por estar aquí y por ser siempre fieles al mundo del teatro. Vamos a estrenar Los hijos de Kennedy, pero antes de empezar voy a leer un fragmento de una entrevista con el autor, Robert Patrick, una entrevista de cuando se estrenó la función en Estados Unidos y en el mundo entero, es muy cortito y dice así:

Érase una vez una década fabulosa, la de los años 60, una explosión de vida y de juventud, cantidad de gente joven con ideas sólidas por las que luchar, con auténtica necesidad de afirmación, con fé; pero algo cambió, de pronto me di cuenta de que toda esa gente a la que yo había conocido y tratado, todos aquellos que habían estado conviviendo conmigo durante gran parte de la primera mitad de la década de los 60 se estaban echando a perder. Habían sido valientes y ambiciosos y ahora de repente se estaban convirtiendo en algo estático, quieto, sin vida. Noté, con auténtica alarma, que cuando quería reunirme con alguno de ellos, tenía que ir a un bar. Los bares, dicho sea de paso, habían sido durante esos años, habían sido la antítesis de nuestra forma de vida, vivíamos en la calle, no queríamos pisar un bar ni en sueños, pero ahora, mis amigos, estaban allí, sentados, dejándose morir lentamente ante un vaso de cualquier cosa con el recuerdo de una época que ya terminó, los años, marcados por la impronta del estilo Kennedy, y ahí viéndoles a ellos sentados en el bar, en silencio, aislados, surgió mi función. Estos son los Hijos de Kennedy, antihéroes de una época dramática que prácticamente murió cuando comenzaba a vivir, en noviembre de 1963. En mi obra hablo de los hijos de John Lennon, Mahatma Gandhi, Marilyn Monroe, Luther King, tanto como de los de J.F. Kennedy, porque hablo del fracaso de los héroes, porque la gran tragedia de los años 60 fue, concretamente, que todos los héroes fracasaron, murieron o fueron asesinados, se vendieron o simplemente desaparecieron provocando la fragmentación consecuente. Y Esta es precisamente la estructura de la obra, fragmentos, fragmentos, fragmentos. Esta era la forma que necesitaba y que había estado buscando durante mucho tiempo. Algo abierto a todo tipo de montajes e interpretaciones, algo que pudiera servir para las más variadas puestas en escena en los más diversos puntos del globo; pero algo con lo que expresar invariablemente la falta de relación humana, la falta de comunicación. La tragedia de aquellas gentes que, pudiendo ayudar a sus semejantes que tienen necesidad de comunicarlo y hacerlo urgentemente, que tienen mucho que ofrecer a los demás y que sin embargo están sentados, inmóviles y aislados del resto del mundo.

Esto es exactamente lo que pasa en esta función, ésta es la estructura: cinco personajes en un bar, no están los cinco en el mismo, pero coinciden todos en el escenario. Yo he querido ver esta función como un gran réquiem, casi como un oratorio, pero también como una celebración de lo que fueron los años 60.

La puesta en escena no es más que un acopio de documentación de imágenes de los 60 con el recuerdo vivido en primera persona de esos cinco personajes que son cinco restos humanos.

Si realmente estamos aquí esta mañana presentando este espectáculo es por una idea de su productor Pedro Larrañaga. Es un empeño especial de Pedro, él vivió esa función de manera muy cercana porque la interpretaba su madre: María Luisa Merlo. Éste es un sueño personal de Pedro Larrañaga como empresario en un momento en el que el teatro está pasando tantos apuros, que un empresario se atreva a realizarla es una proeza.

José María Pou posando con el elenco de Los hijos de Kennedy en el teatro Alcázar

José María Pou posando con el elenco de Los hijos de Kennedy en el teatro Alcázar

Los personajes

Sparguer (personaje que interpreta Fernando Cayo) es un actor que vivió el nacimiento de la contracultura y de todo el teatro Underground en la América de los años 60. Allí se inició este movimiento que pervive en la actualidad. En un momento de la función se refiere a pequeños teatros o microteatros como el gran descubrimiento de la época, y eso es algo que en Madrid acabamos de descubrir hace unos años y que ayuda a la supervivencia del género. Estos dos puntos de contacto nos sirven para comprobar que hay mucho en común entre lo que cuentan los personajes y lo que nos está pasando ahora, una época en la que también estamos faltos de héroes y referentes; faltos de líderes que consigan entusiasmar con sus ideas y sus discursos. Spanguer fue, en definitiva el representante de la cultura underground.

Maribel Verdú es Carla

Carla (interpretado por Maribel Verdú) es también una criatura de esa época, una pobre chica aspirante a actriz, aspirante al triunfo de la manera que sea. Cree que un día le llegará la inspiración y el día de la muerte de Marilyn en agosto de 1962, siente la llamada especial de que el mundo la ha convocado para ser la sustituta de Marilyn Monroe. A eso dedica todos sus esfuerzos y toda su vida hasta que unos años después se da cuenta de que ha sido un esfuerzo vano. Es una pobre criatura llena de ternura y de fe y representante de tantísimas chicas y chicos que tienen como referencia a los grandes ídolos del mundo del cine. Creo que es una historia que sigue pasando muchísimo.

Rona (Ariadna Gil) es la cronista oficial de lo que fue todo el movimiento Hippie, y de la lucha y conquista de los derechos civiles. El personaje reivindica y quiere dejar claro la auténtica verdad de los movimientos de esa década. No lo que nos han contado, sino cómo ella los vivió. Rola estuvo junto a Luther King luchando por los derechos de los negros, luchando para que terminara la guerra de Vietnam y lo cuenta con una voluntad enorme de que se sepa.

Ariadna Gil es Rona

Wanda (Emma Suárez) es la representante del americano medio. Es la secretaria de una revista americana que también en un día concreto, el día del asesinato de Kennedy, aquel fatídico 22 de noviembre de 1963 sintió que le cambiaba la vida y, a partir de entonces, dedicó todas sus fuerzas a mantener viva la llama de J.F.K convirtiéndose en una monja laica o monja seglar al servicio de la religión Kennedy.

Emma Suárez es Wanda

Mark (Alex García) Es un pobre infeliz de la América profunda al que un día le metieron en un avión, se lo llevaron a la guerra del Vietnam y le dejaron caer en la selva descubriendo el mundo. Esa guerra, a la que llegó siendo un pobre chico inocente que ni siquiera sabía que existía la marihuana, terminó convirtiéndole en un asesino.

Estos son los hijos de Kennedy. He hablado de réquiem, de conmemoración, pero hay que decir también que la obra es treméndamente divertida, tiene una cantidad de humor increíble motivado por el cinismo de los personajes. En el montaje hemos intentado encadenar la ingente cantidad de música de los 60. Creo que ha sido la década con la mejor música popular de la historia. Tenemos en el escenario una cantidad de imágenes que evocarán y transportarán al espectador a aquellos maravillosos años.

Los hijos de Kennedy no tiene como objetivo la crítica de la sociedad actual. Su objetivo es revisar la época, mostrar cómo fueron esos años en los que existió una ilusión colectiva en la que el mundo entero se aglutinó en torno a una figura y a unos años en los que parecía que todo iba a cambiar. El espectador, una vez recibida esa información, deberá compararla con la época actual, pero no hay ningún mensaje escrito para establecer comparaciones con este momento. El texto es tal cual lo ha escrito su autor, no ha habido que actualizar absolutamente nada porque es la crónica de una época, actualizarlo sería traicionarlo.

Los hijos de Kennedy se estrenó en España en 1977 en el teatro Bellas Artes de Madrid con un reparto extraordinario: Gemma Cuervo, María Luisa Merlo, Marisa de Leza, Paco Valladares y Pedro Civera. Consiguieron un éxito brutal y fue uno de los taquillazos de la década de los 70. Ésta fue mi primera traducción y al retormarla me he dado cuenta de lo que ha cambiado la manera de comunicarnos, las construcciones de las frases y el estilo del texto, por lo tanto, había que actualizarlos; pero no por renovar conceptos, sino porque ahora la comunicación es distinta. Ahora hablamos con frases más cortas: frase punto, frase punto. La de ahora es una traducción nueva a partir de cero.

Yo creo que muchos seguimos colgados de ese sueño de los años 60 porque ahí empezó algo que se rompió bruscamente. Francia con el mayo francés, en Inglaterra con los Beatles y Carnaby Street o con Mary Quant… Eran años que prometían llevar el mundo a la cima máxima, y de repente todo quedó truncado, como un coitus interruptus y se vinieron abajo muchos héroes y muchas ilusiones. Creo que dejó una cicatriz y supongo que es el motivo por el que existe una idealización de esa década. También fueron unos años que dejaron un legado increíble en la literatura, o en la música popular. Hay un fragmento del discurso de toma de posesión de Kennedy en enero de 1961 donde decía:

Dejad que las palabras vuelen lejos, que vayan lo más lejos posible y que alcancen a todo el mundo, desde aquí, desde este tiempo y desde este lugar. Dejadme que pasemos la antorcha a una nueva generación de americanos, dejadnos empezar de nuevo porque juntos exploraremos las estrellas, conquistaremos los desiertos, venceremos las enfermedades, descubriremos los océanos profundos y daremos nuevas fuerzas a las artes y al comercio. Todo esto no podremos conseguirlo en los primeros cien días, pero la energía, la fe la devoción que le demos a este empeño iluminará a nuestro país y al mundo entero y la luz de este fuego puede verdaderamente iluminar a todos.

Estas palabras de Kennedy son las que se creyó el pueblo americano y el mundo entero, pero se quedaron en la arena al cabo de tres años. Éste es uno de los motivos por los que pensamos y seguimos hablando tanto de los años 60.

Los personajes revisan la época desde el desencanto, desde la frustración, desde los sueños rotos. La acción transcurre en 1974 y esos personajes ya son más mayores, ya han transcurrido once años desde la muerte de Kennedy y son residuos que intentan sobrevivir, muñecos rotos, personajes frustrados cuya única actividad es pasarse las tardes enteras en un bar solos, hablando consigo mismo y sin nadie más. Son esos seres producto de las grandes urbes que deambulan solos por la calle; que están sentados en un bar hablando para sí mismos, de los que procuramos, muchas veces, apartarnos no sea que nos comprometan. Estos son los personajes, cada uno está solo en un bar porque no tienen otra cosa que hacer y porque bajan allí solo para hablar y, sobre todo, para amortiguar su dolor intentando anestesiarse con el alcohol. Desde este estado es desde donde nos hablan y nos cuentan sus experiencias, hablan directamente con el público porque éste es su interlocutor imaginario, cada uno está solo en un velador como si tuviera alguien que le escuchara ahí delante porque realmente están deseando poderle contar a alguien, a algún ser humano; pero no lo tienen.

Los Hijos de Kennedy posando en el teatro Alcázar de Madrid

En la función se escuchará Blowin in the wind, por supuesto, California Dreamin… llegué a la conclusión de que la música debería de servir únicamente como leitmotiv emotivo pero, a veces, con las cinco primeras notas de una canción ya es suficiente para que el público siga tarareándola por su cuenta, aunque la canción ya no esté en el escenario. Hay una versión muy muy muy especial del himno de Estados Unidos, está también Casta Diva interpretada por Renata Scotto, no por la Callas; Cole Porter, que no es de los 60, pero sonaba en esos años. Música muy típica de esa que se utilizaba cuando el fumeteo y para las sesiones de relajación… Yo creo que la poca música que suena, es justo la que tenía que sonar. También hemos hecho una selección de imágenes que cuando la vimos nos quedamos con el corazón encogido y creo que al público le va a pasar lo mismo.

Me van a perdonar, pero no podemos despedir esta crónica sin destacar las palabras de José María Pou acerca de las desafortunadas declaraciones del ministro Cristóbal Montoro en las que criticó la calidad del cine español como responsable de la crisis que vive el género en la actualidad.

José María Pou:

A mí también me parece que los ministros son de muy bajísima calidad. Me parece que tienen una calidad ínfima, creo que una de las desgracias que azotan al pueblo español es haber coincidido, por desgracia, en un momento tan histórico como es éste de crisis global, con un gobierno, al completo, tan incapaz, tan mediocre, tan falto de calidad y lo digo con conocimiento de causa porque yo sí veo todo lo que está haciendo el gobierno cada día; pero dudo mucho que el señor Montoro haya visto todas las películas del cine español de las cuales se atreve a opinar.

aplausos, se cierra el telón…

Autor: Robert Patrick
 
Director: José María Pou
 
Elenco: Maribel Verdú, Emma Suárez, Ariadna Gil, Fernando Cayo y Álex García

 

Fechas: hasta el 8 de diciembre de 2013

Lugar: Teatro Alcázar (C/ Alcalá nº 20, Madrid)

Precios: desde 18€. Venta anticipada: entradas.com

Horarios: X a V a las 20.30h,  S a las 19 y 21:30h y D a las 19h.

 

Autor

Jaime Pacios
Nací en Madrid, pertenezco a un ámbito en el que la cultura ha colmado por sí misma muchos de nuestros anhelos y nuestra forma de sentir la vida. La literatura, la pintura, el teatro, la arquitectura, el cine, la música… el ARTE en general, son términos muy ligados a mí. Estudié filología hispánica en la Universidad Complutense aunque los avatares de la vida me empujaron por el mundo de la comunicación. He tenido la suerte de trabajar en algunos de los medios más importantes de España y, aunque no soy experto en nada, me complace ser aprendiz de todo.

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