Los Elegidos, de Eduardo Iglesias

Los Elegidos, de Eduardo Iglesias

Los elegidosEsta novela va de soledad, carretera, camioneras, putas, pueblos, águilas, amor, follar, furtivos, vagabundos, desahucios, escopetas, sueños, cajas de ahorros, fondas, hijos y el Cid. Si le gusta todo eso, para usted. Todo a ras, sin excesivas honduras. Sin excesivo dolor, sin excesiva violencia.

Muy logrados: el Viejo, el Furtivo y la Camionera.

Más bisoños y divagados: el Chaval y Olivia.

Los personajes principales de Los Elegidos son Viejo y Chaval. Este absurdo lo ensaya Eduardo Iglesias para explicar que la carencia de Pepito o Luis Alfredo puede ser buena para economizar detalles e ir directamente al grano de la cuestión en una novela muy libre de ensoñaciones y personajes complejos y retóricos. Viejo dice mucho más Pedro; mismo número de letras.

El tiempo manda. Una historia acaba porque se muere. Se muere todo, hasta los que no quieren morir, mueren. Solo vale la tragedia. El mundo es tan trágico como una velada romántica y perfumada de psicotrópicos que acaba. 

Claro, ante una lógica tan aplastante, viven en el puto campo. Ellos van a colonizarse una vida de tocarse los cojones y atracar cajas de ahorros de pueblo. Cajitas cutres de ésas de libretas y empleados calvos con coleta que dicen: esto es como si tienes un euro y lo metes en una huchita y cada mes que pasa el euro crece y cuando pasa un año, tienes tanto pero no puedes tocar la hucha. ¿ De acuerdo abuelo ?

Atracar les resulta más fácil que la hostia. No es como Heat. Tampoco Los Ángeles, son pueblecitos de Aragón.

-…Si algo leo, es ese puto libro. Lo tengo aquí. La épica, chaval. No hay otro género. La gente es blanda, come mucho y se esfuerza poco. El Cid cabalga. Desterrado como nosotros. Debe ser nuestro héroe. 


Muy pronto la evidencia. La notoriedad. Apenas llevo 23 páginas de la novela y con una nitidez acojonante ya me estás contando tu referente heroico. Vale, pero igual si me vas contando tu historia , iremos viendo al Cid Campeador , es decir en leves progresiones, le vas contando al chavalín, y luego en plan melancolía de la hostia con brasas y niebla : ¿Conoces el Cantar del Mío Cid? Joder , hay que ser tocapelotas para decirle al narrador como tiene que ir desencadenando los episodios. Sorry , soy muy arrítmico.

Paciencia: no acaba mal.

El chaval. Primera impresión: borderline. Más tarde cae bien. Folla y es el jefe del viejo.

– ¿ Atacamos al moro , viejo ?

–  No, chaval, atacamos al sistema que nos ha jodido. El sistema nos ha invadido como el moro a los cristianos. Es nuestro enemigo. Acabaremos quitándole el pan y la sal. 

La panorámica mola. Son soñadores del copón estos homeless.

– Calentaremos estas dos latas de judías y beberemos café como en las películas del Oeste. Siempre he querido comer habichuelas recostado en una manta al lado de la montura del caballo, mientras él relincha y cocea bajo una luna que ilumina la oscuridad de la llanura. Entonces, sacar la armónica y tocar baladas a la vez que mi caballo se calma


Se puede estimar en la superficie de esta novela que trabajar es un coñazo y recibir pasta por dejarte los huevos en una oficina es una farsa del liberalismo económico, si bien esta evidencia del intercambio trabajo – dinero no se conoce mucho en la literatura y las artes plásticas. También para los trovadores.  Para escribir buena poesía hay que ser pobre, saber ser pobre y seguir siendo pobre. A estos tipos les mola ser pobres, más que nada por una trilogía: leyenda , libertad y carretera. Eduardo Iglesias pasa bastante de la poesía, es decir de la retórica y la música ; y esta novela parece estar escrita con bronquitis, cigarrillos y tercios de mahou, es decir, un novelista infatigable , proletario, con poca prosa lírica. Y eso está muy bien para el entretenimiento. Le van mucho Walter Scott, Jack London, Stevenson ; incluso Baroja.

Por tanto Los Elegidos es un libro de resistencia, literatura frente a un universo pletórico de hijos de puta, principalmente de la burocracia político-financiera , las fobias del vagabundo (y de tal), pero a su vez es amable, porque Viejo y Chaval son buena gente. Un anhelo, una realidad de los ojos ensangrentados del indigente tampoco necesariamente la haría mejor novela. Es un producto para estar bien, entretener el tiempo y saber lo que todos sabemos. Gana mucho cuando atracan bancos y está la metáfora de la un águila que se pasa todo el tiempo volando sobre ellos.

P.D. A Ray Loriga le moló mucho esta novela. Eduardo Iglesias es un escritor diferente y libre, puro, como lo fueron Jack London o Rubem Fonseca. 

Los elegidos, Eduardo Iglesias, Los libros del lince, 2014.

Autor

Javier Divisa
Javier Divisa. Mercader a tiempo parcial y escritor a intervalos fragmentarios. Autor de la novela Tres Hombres para Tres Ciudades, su segunda obra vio luz bajo el título Valientes Idiotas. Desarrolla su cáustica y rigor literario en reseñas literarias para Eñe y Revista Cultural Tarántula. Ejerce como articulista y cronista en CTXT y compagina la literatura con el business de la moda. Ha ganado algunos premios narrativos, todos sin la pertinente dotación económica, aunque eso es algo que podría lograr un mono con lobectomía cerebral. También ha sido incluido en diversas antologías de jóvenes autores de libros que están enterrados hace años en el cementerio de Père-Lachaise y no leyó nadie. Actualmente muere en Madrid, escribe varias veces todos los días a lapsos de quince minutos y nunca aparenta estar feliz en Facebook. Su tercera novela se llama Magdalena.

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