Literatura, pasión que no acción

Literatura, pasión que no acción

 

La literatura es lo contrario de la acción, es lo que se padece, o sea pasión. También la memoria, pero no así la imaginación, que es el paso inmediatamente previo a la acción. La memoria sería un espejo que reflejaría acciones pasadas, a lo sumo.

Entonces están emparentadas literatura y memoria, buena alianza. Pero ¿y la imaginación? Se enlazaría indirectamente siempre a través de la memoria. Así la imaginación literaria sería memoria imaginada, una recreación de la memoria la cual ya de por sí es laberíntica.

Si esto es así, la literatura es una versión escrita de la memoria, de alguna de nuestras memorias, incluyendo a las que reflejan lo que no nos ha sucedido pero bien podría habernos sucedido.

El futuro le pertenece a la acción que alguna vez se hará memoria. La literatura no es imaginación pura sino filtrada por el pasado, repito que real o fantaseado. De este modo se acaba con la enfermedad romántica.

El romanticismo imaginaba ser imaginación pura destilada directamente en la literatura. Se engañaba por supuesto. Era, por así decirlo, una enfermedad del intelecto. Prueba de ello es que ha durado menos de doscientos años en vigor, cuando la literatura como memoria es, claramente, inmemorial.

Si el pasado es el terreno por antonomasia de la literatura y la acción es su contrario, situándose en el futuro, lo meramente hipotético no tiene tampoco lugar en la literatura que es, por contra, el lugar de lo adquirido, de lo ya sabido y asentado.

Esto no quiere decir que no se levanten, o al menos se planifiquen, edificios fantásticos en la literatura, pero siempre se podrá establecer una genealogía clara y directa con alguna de nuestras memorias.

Ello no ocurre en la acción, o no ocurre necesariamente. Así, la acción puede descalabrar, hacer tambalear el edificio del pasado, de cualquier pasado. Entonces, se le llama Revolución.

Las Revoluciones pueden ser científicas o políticas o sociales, pero no literarias, fuera del periodo de enfermedad llamado romanticismo. La perennidad, el valor del clásico es el sitio idóneo para la literatura.

La literatura narra, cuenta, y contar es una operación matemática simple, en principio. La literatura pesa, arrobas, quintales, lo que se tercie, pero es masa, carne del espíritu vaciada sobre una mesa.

Así, la literatura cuenta su propio poso, histórico y memorialístico, casi nunca del cero al infinito, sino más bien en intervalos tasados y bien medidos.

Esto nos lleva a pensar que la literatura puede intentar engañar a la memoria, pues quien cuenta puede equivocarse…

Finalmente, expreso mi deuda para con las ideas expuestas por el pensador Javier Gomá Lanzón.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

4 comments

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    El romanticismo como enfermedad del intelecto… Produce desazón oír eso, pero probablemente sea verdad. Y también “la literatura es una versión escrita de la memoria, de alguna de nuestras memorias, incluyendo a las que reflejan lo que no nos ha sucedido pero bien podría habernos sucedido”, porque bien sabemos que somos lo que hicimos pero también lo que no hicimos y se quedó en puro anhelo… Y terminamos confrontando dos caracteres, uno decidido, activo y otro tal vez temeroso, pero pasivo en cualquier caso.
    Y también, “la perennidad, el valor del clásico es el sitio idóneo para la literatura”. Me pregunto si la creencia en algún dios, en los dioses, no será propia de los espíritus literarios.

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    Espléndido artículo de un gran pensador como José Zurriaga. Si revisamos la literatura analizaremos términos como comunicación, interacción, transformación, comprensión etc. que nos conducen hacia una reflexión entre la acción y el pensamiento. Ese salto entre pensamiento y acción ocuparía la memoria y la creatividad, entre la imaginación y la experiencia. Existe por tanto una “Teoría del Conocimiento” de Habermas donde se relaciona la autorreflexión y la inteligencia instintiva, piedra angular del razonamiento humano.

    En la reflexión se conjugan intereses y conocimiento; de esa forma se controlan los comportamientos. Así a través de una acción y una acción crítica de la imaginación que influyen en el conocimiento se puede llegar a la literatura por medio de una motivación. Son términos relacionados con la educación sin duda en los que se abren nuevos espacios de conocimiento para acceder a la reflexión de las letras, la literatura, la crítica..Comprender a través de acción y reflexión por medio los mecanismos cerebrales y ambientales induce a entender mejor el concepto de literatura de una forma sincrónica y diacrónica.

    Enhorabuena al autor por su artículo.

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      Agradezco de corazón a Almudena Mestre su erudito y bien trabajado comentario. Asociamos la literatura con la comunicación, la interacción, la transformación, la comprensión…Siguiendo esa estela llegamos a la vía de unión, o por mejor decir, de contraposición entre acción y pensamiento.
      Esmerado pundonor trabaja Almudena para defender sus agudos puntos de vista.

      Muchas gracias.

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