Lennon

Lennon

David Foenkinos ha escrito una biografía novelada de John Lennon de la que lo mejor que se puede decir es que su personaje conmueve. Dudo que el lector empatice o se identifique con el Lennon que construye este autor francés en su obra, pero es más probable que sí le emocione una historia que resulta trágica de principio a fin.

Y eso pese a que la elección del género novelístico para contarla inhabilita el libro como fuente documental, lo cual es grave. Desde luego, ser novela la hace muy entretenida y seguramente más vendible, además de quitarle al autor la pesada carga del rigor factual que habría soportado en el caso de haber optado por una biografía histórica, pues siempre podrá argumentar ante posibles críticas a la veracidad del texto que su «Lennon» (así se llama el libro, publicado en castellano por Alfaguara –ayer Prisa, hoy Penguin Random House) fue objeto de ficcionalización. Pero esa carga que se quita como mota de polvo en la solapa arrastra cualquier atisbo de relevancia que este libro pudiera tener y lo relega al ámbito del mero entretenimiento, sin que pueda creerse siquiera una palabra de lo que sus páginas recojan, aunque quizá todo sea verdad absoluta y datos contrastados. Y no solo eso: por muy bueno que sea Foenkinos como escritor (y lo es), por elevado que sea su talento (y lo demuestra con su prosa de ritmo rápido y su capacidad para sintetizar una vida intensísima en unas pocas decenas de páginas con estilo y sin que parezca una sinopsis o una cronología), no puede evitar caer en los más manidos clichés del género novelístico (quizá porque a la hora de elegir dicho género se está renunciando a sortearlos). Así, no importa que el texto trate de resultar verosímil fingiendo ser la transcripción de unas sesiones de psicoanálisis de Lennon con un vecino suyo, pues el autor destrozará toda la verosimilitud cuando anticipa información para crear expectativa pero se guarda el grueso de la historia para después (no se vayan todavía que todavía queda lo mejor) o cuando pone en boca del personaje ciertas expresiones y ciertas maneras de organizar el discurso tan literarias que casan poco con la oralidad que se espera en un paciente que se confiesa a su analista. En fin, casi cada detalle de esta novela constituye un infatigable empeño por dinamitar la verdad que seguramente constituyó su punto de partida.

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Verdad manipulada sí, artefacto espectacular, mercancía pura y dura, pero no menos mercancía que los discos del propio Lennon y los Beatles. Así que dejemos de lado inanes disquisiciones sobre la invalidez o la inutilidad de emplear la ficción literaria para mostrar la realidad (la lamentable contradicción que supone hacer novela histórica), y consideremos este libro como una curiosa introducción a la persona de John Lennon y por extensión a su música. Si es cierto, como dice el personaje en un momento del texto, que todas sus canciones son autobiográficas, habrá que sumergirse en su biografía, y este libro puede considerarse una aceptable puerta de entrada, que luego tendrá no obstante que ser ampliada con la lectura de una biografía «rigurosa» (y cuidado, porque las apariencias engañan y quizá en el caso de Lennon los textos biográficos aparentemente serios no lo son tanto). Porque, además, si una cosa buena puede atribuirse al género novelístico es su disposición a reflexionar sobre los aspectos más íntimos de la condición humana, algo que tal vez solo pueda lograrse de manera iluminadora, qué paradoja, mediante la ficción. En «Lennon» hay bastante anecdotario del rock y del estrellato, pero el autor se centra sobre todo (por medio del recurso a la privacidad del diván) en los sentimientos de un hombre que difícilmente pudo tener una vida más perra. Por supuesto satisface las pulsiones rumorológicas leer sobre el decepcionante encuentro de los Beatles con Elvis en Estados Unidos, las noches locas en el Nueva York de los setenta o la reacción de estupor de Brian Wilson tras escuchar el «Sgt. Pepper’s» (y eso que de su mente salió el genial «Pet Sounds», la cima indiscutible del pop; pero la cuestión es que los Beatles van más allá del pop: en el camino que va de «Good Night» a «Revolution 9» pasando por «Helter Skelter» cabe absolutamente todo). Pero es mucho más gratificante llegar a entender algo mejor el estremecimiento que provoca la voz de Lennon en una canción como «Mother», recogida en «Plastic Ono Band», en la que subyace una falta de afecto casi insoportable. Algo de eso roza el libro, así como las desmesuras del personaje: su ego desmesurado, su amor desmesurado, su desmesurada agresividad… Hace falta la literatura para asomarse a ese abismo. La pregunta que queda sin resolver es si asimismo resultaba tan necesaria la ficción.

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