Las secuelas de Irene

Las secuelas de Irene

Se llama Irene, y tiene ojos como de corza en celo. El pianista sale al escenario aún embebido en ella y va esculpiendo su desnudo a golpes de tecla rápidos y calientes. Los acordes forman un vórtice, ascienden hasta el techo y desde allí se precipitan sobre el público que llena el auditorio. Clavan al joven pelirrojo al aroma de la desconocida sentada junto a él. El alumno del conservatorio se abandona a la mano de su compañera de clase, que sin previo aviso cabrillea por sus muslos. Las notas vuelan en tropel buscando una salida, y en su camino anudan a los acomodadores en el beso que hace tanto guardaban bajo llave. La melodía planea sobre las avenidas, dejando tras de sí un rastro de caricias y suspiros. Sale de la ciudad y viene a dar a un huerto. Mientras los pepinos requiebran con pasión a las lechugas, en un último envite se hunde profundamente en tierra bajo las tomateras.

Días después, durante su almuerzo de trabajo, justo al probar la ensalada, el Director General advierte con sobresalto que el Asesor Delegado tiene ojos como de corza en celo.

Autor

Ana Fúster
Nací en Cartagena, donde trabajo como profesora de inglés en la enseñanza pública. La escritura me aporta aprendizaje, pulveriza la rutina, me permite asomarme a otros mundos y me ha traído amistades, así que no me imagino sin ella. Algunos de mis textos han sido ganadores o finalistas en certámenes de microrrelatos como Esta Noche Te Cuento, La Microbiblioteca, El Secreter o el Encuentro Literario de Autores en Cartagena, y han aparecido en varias antologías y revistas. También colaboro en la sección “Inglés para cinéfilos” de la Revista Salitre de Alicante, donde una vez al mes me dejan sumergirme en mi otra gran pasión, el cine.

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