Las dos en punto de Esther F. Carrodeguas, dirigida por Natalia Menéndez

Las dos en punto de Esther F. Carrodeguas, dirigida por Natalia Menéndez

En la imagen las actrices Carmen BarrantesMona Martínez, Maruxa y Coralia en Las dos en punto, de Esther F. Carrodeguas, dirigida por Natalia Menéndez ©JesúsUgalde

 

Por Luis Muñoz Díez 

 

Las dos en punto, es un texto necesario escrito por la autora gallega Esther F. Carrodeguas, y dirigido por Natalia Menéndez. El nombre de la pieza se debe a la costumbre de las hermanas Maruxa y Coralia Fandiño Ricart, de salir a pasear por las calles de Santiago de Compostela cuando el reloj marcaba esa hora, con dos campanadas.

Las dos hermanas pertenecían al paisaje compostelano, eran una presencia familiar para los foráneos, y una curiosidad para los visitantes. Atraían las miradas por su extrema delgadez, su multicolor forma de vestir, sus caras empolvadas de blanco, y los labios pintados con rojo carmín.

F. Carrodeguas, despoja a las dos mujeres de su excéntrico aspecto, para que sepamos más de las dos personan que se escondían bajo sus personajes. Indagando en su drama, sin pretender que en ellas, veamos la alegoría romántica que, en su momento crearon los que las llamaban: Libertad, Igualdad y fraternidad, cuando aún vivía su otra hermana.

Maruxa y Coralia fueron dos víctimas de un avasallamiento inclemente, primero para sacarles información del paradero de sus hermanos pertenecientes a la CNT, huidos, y después para anularles socialmente. Cómo agravante por su condición femenina, fueron doblemente castigadas, convertidas en rehenes sin salida.  Los varones, aunque su final no fuera el deseable, tuvieron capacidad de decisión, de escapar, mientras ellas quedaron a merced de todo el aparato de represión que supuso el alzamiento, la guerra, y la victoria.

Las hermanas, ante el acoso y derribo aterrador que sufrieron, sé reinstalaron en el lugar que ocupaban antes de que pasara todo, cuando eran dos chicas jóvenes, hijas de una modista y un zapatero, que les insistían en la importancia de ir siempre arregladas. Para exorcizar todo el dolor y la humillación vivida, retornaron a esa edad para el resto de su vida. Saliendo a diario con su excéntrico aspecto, para coquetear con los estudiantes, para mofa de quien presenciaba sus manejos, sin entender ni en forma, ni en fondo su comportamiento.

Cuando en una obra se representan vidas reales, dificulta la apreciación del finísimo trabajo que se nos presenta en forma de función teatral. La información previa hace inexorable no cotejar a las personas reales, que ahora son personajes, y más si te has cruzado con ellas, y vivido el mismo tiempo, por lo voy a centrarme únicamente en la delicada función dirigida por Natalia Menéndez.

En la imagen las actrices Mona Martínez, Carmen Barrantes, Maruxa y Coralia en Las dos en punto, Esther F. Carrodeguas, dirigida por Natalia Menéndez

En la imagen las actrices Mona Martínez, Carmen Barrantes, Coralia y Maruxa y en Las dos en punto, de Esther F. Carrodeguas, dirigida por Natalia Menéndez ©JesúsUgalde

Aunque, aviso que la dicotomía de realidad y ficción no se produce en este caso, porque las hermanas eran únicamente dos iconos, totalmente reconocibles en la obra, y con la valiosa aportación de F. Carrodeguas, ahora conocemos mejor a las dos mujeres.

Natalia Menéndez respeta el entorno con total fidelidad, situando a las coloridas Maruxa y Coralia, en un espacio escénico oscuro, creado por Elisa Sanz e iluminado por Juanjo Llorens. Con un paredón de fondo que únicamente se ilumina en grises cuando aparece la imagen de algún chico que les alegra la vista, al que miran y ponderan como las dos adolescentes inocentes que aún preservan,  para exorcizar tanta humillación.

En el oscuro espacio destacan, como lo debieron hacer en la Compostela de represión e incienso, las figuras de las dos mujeres, vestidas con primor por la responsable del espacio escénico.

Menéndez ha usado un recurso que en este caso es oro molido, cuando por medio de una vídeo escena, realizada por Álvaro Luna, nos muestra a las hermanas en toda la dimensión que dispone el fondo del escenario, en una suerte de presentación previa, de cómo son. Por boca de MaruxaCarmen Barrantes-, la mayor de las hermanas, escucharemos una letanía de legados que les dejaron sus mayores, cómo que, a la calle se sale bien vestida y maquillada, que son guapas pero decentes, que Maruxa tiene la responsabilidad de cuidar de CoraliaMona Martínez, una responsabilidad que cansa, que las faldas han de ir por debajo de las rodillas, y que unas chicas decentes por la noche no pueden estar en la calle, jamás.

En la imagen las actrices Mona Martínez, Carmen Barrantes, Maruxa y Coralia en Las dos en punto, Esther F. Carrodeguas, dirigida por Natalia Menéndez

En la imagen las actrices Mona Martínez, Carmen Barrantes, Coralia y Maruxa en Las dos en punto, de Esther F. Carrodeguas, dirigida por Natalia Menéndez ©JesúsUgalde

Mona Martínez es Coralia y Carmen Barrantes es Maruxa bajo la dirección de Natalia Menéndez, calcan a las dos hermanas, en una función que oscila entre la desazón y la emoción impotente, con momentos cercanos al melancólico Chaplin, y con el humor que siempre nos rescata cuando rozamos el precipicio.

Es terrible como las víctimas se convierten en verdugos, en este caso de ellas mismas, las hermanas no se permiten nada, todo lo que hacen pertenece a un rito aprendido. Su fuerza reside en no salirse en absoluto de la norma de vestirse, pintarse y hacer lo que deben hacer dos modistillas de Santiago de Compostela.

Es un acierto rescatar la verdadera condición de unas mujeres que fueron leyenda sin pretenderlo, siendo centro de atención por hacer lo que creían correcto. Una atención que, en su necesidad de bálsamo curativo, veían como deseo y admiración.

La función si desazona, es por la verdad que transmite, llega a doler porque sientes su orfandad. Un dolor necesario para aprender a ver, más que a mirar, y que bajo una apariencia que se puede entender como provocación o locura, puede haber únicamente un clamoroso reclamo de redención.

Del montaje sería fácil decir que es una obra que habla de cicatrices, pero en el caso de las hermanas no se trata de heridas más o menos profundas, si no de una mutilación para la vida, dejando un dolor que se mitiga, pero sigue ahí, su manera de acallarlo fue tomar un trago de Sansón, y salir a pasear como las modistillas que fueron, que salían a ver, y a ser vistas por los chicos.

El trabajo de las actrices Mona Martínez y Carmen Barrantes es mimético, incluso cuando coinciden imágenes reales de las dos hermanas, con las actrices caracterizadas en el escenario, no percibes diferencia alguna.

En la imagen las actrices Carmen Barrantes y Mona Martínez, Maruxa y Coralia en Las dos en punto, Esther F. Carrodeguas, dirigida por Natalia Menéndez

En la imagen las actrices Carmen Barrantes y Mona Martínez, Maruxa y Coralia en Las dos en punto, de Esther F. Carrodeguas, dirigida por Natalia Menéndez ©JesúsUgalde

 

Las dos en punto se estrenó el 22 de abril de 2021 en la Nave Francisco Arrabal de las Naves del Español, más información de fechas y horarios pinchando aqui.

Autora Esther F. Carrodeguas Dirección Natalia Menéndez Con Mona Martínez y Carmen Barrantes Diseño de espacio escénico y Vestuario Elisa Sanz (AAPEE) Movimiento escénico y de actrices Mónica Runde (10&10) Espacio sonoro Ana Villa y Juanjo Valmorisco Diseño de iluminación Juanjo Llorens (AAI) Diseño de Videoescena Álvaro Luna (AAI) Ayte. de dirección Pilar Valenciano Ayte. escenografía y vestuario Lua Quiroga Paúl (AAPEE) Ayte. iluminación Rodrigo Ortega (AAI) Ayte. videoescena Elvira Ruiz Zurita Residencia de ayudantía de dirección Ana Barceló Fotografía Jesús Ugalde Producción ejecutiva Santiago Ayala Una coproducción de Teatro Español y Octubre Producciones

Autor

Luis Muñoz Díez
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez a los dieciséis años, he fechado los años por películas. Simultáneamente, empecé a escribir de Cine en una revista entrañable: Cine asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas y he sido muy afortunado porque he podido tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que me han emocionado antes como espectador. He trabajado de actor, he escrito novelas, guiones, retratado a toda cara interesante que se me ha puesto a tiro… Hay gente que nace sabiendo y yo prefiero morir aprendiendo.

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