“Lady Turbio” Un gran personaje para el espectáculo.

“Lady Turbio” Un  gran personaje para el espectáculo.

“Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal”

F. Nietzsche

En la presentación de Lady Turbio, dice así: es una mujer, un hombre, un ente, ¿un símbolo?…

Quizás esto sea lo de menos. Lady Turbio es. Lady Turbio está con prestancia en escena. Lady Turbio tiene todos los ingredientes de un gran personaje, de esos que enamoran por los contrastes y la versatilidad que representa.

Lady Turbio: el dolor hecho movimiento y palabra. Pero un dolor necesario, un dolor que nace de tomar la vida a grandes tragos, apurando cada hora, minuto, segundo para disfrutarla en toda su plenitud. Un dolor gradual, con diferentes escalas de magnitud, a veces suave, a veces punzante, a veces frío, y otras insoportablemente simpático.

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José Luis Marín es Lady Turbio en su «casita» de La Nao 8 teatro Foto Isaac D´Aubeterre

Para aguantar el dolor de estar tan vivo la Lady repasa su biografía, baila volviéndose loca con un ritmo que te deja boquiabierto, te increpa o bebe de una botella eterna.

Para meternos en el mundo interior de la/lo Turbio, José Luís Marín ha escrito un monologo que suena a dialogo, porque es tan trepidante, tan envolvente, divertido, sensitivo y lleno de cinismo que aunque no te deje respiro, la cabeza se llena de imágenes que contestan al que está en la piel de ese hombre vestido con corsé y collar que dice que no le hace juego con los pendientes.

José Luís Marín se convierte en Lady Turbio para escenificar un dolor sereno que viene del amor. Dice: cómo convertir el amor en odio…y lanza dardos venenosos para sentirse en paz o para convivir con la decepción. Lady Turbio es amor. Amor por los cuatro costados, gritado a los cuatro vientos, y un amor del tres al cuarto en un mercado donde ya no parece que queden oportunidades, aunque la Lady mitad crédula, mitad desengañada vive inmersa en la esperanza.

Ahí radica su encanto: en lo esperanzador del subtexto, bajo una apariencia de decadencia. Las bocanadas de aire fresco que respira, la fuerza que le pone a lo bueno y a lo malo, sin hacer distingos, disfrutando de ambos en igual medida. Lady Turbio se autodenomina mal cantante, pero canta porque le da la gana y eso le hace grande.

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José Luis Marín es Lady Turbio en La Nao 8 teatro Foto Isaac D´Aubeterre

Lady Turbio llena de energía el escenario cuando baila y recomienda que deberíamos bailar más en el mundo; de hecho su movimiento impecable te invita a querer mover los pies. Lady Turbio baila y nuestra esencia se mueve con su trepidante cadencia, sensual y desgarradora.

Un espectáculo unipersonal en el que José Luis Marín hace un trabajo actoral excelente, implicando y seduciendo con su cuerpo y con sus hábiles palabras a cada uno de los espectadores.

Como anécdota cuando salí a la calle, después de asistir a la catarsis del elegante barbudo encorsetado, una señora me preguntó: ¿qué pasa ahí, que sale la gente de tan buen humor? Fui simple en mi respuesta: un espectáculo teatral.

Ella no tiene porque saber todo lo que para mi conlleva la palabra espectáculo y puedo asegurar que Lady Turbio lleva el gen del sentido espectacular en su puesta en escena.

Lady Turbio es un chute de buena energía, colocada en un lugar nada fácil porque se encuentra al filo de las miserias de cada uno.

Titulo: Lady Turbio / Texto, Dirección e Interpretación: José Luis Marín/Producción ejecutiva: María Deutor/ Escenografía: Carpinteria Pemar

La Nao 8 Teatro C/Nao, 8

Viernes 22:30

Autor

Coral Igualador Poveda
Desde que me recuerdo me han gustado los actos de narración: teatro, literatura, cine... Me apasiona la narración, la psicología y la comunicación y por eso de los caminos no rectos, pero que conducen a lo mismo, acabe estudiando logopedia. He tenido la oportunidad de formarme y trabajar como consultora de comunicación, voz, teatro creatividad y desarrollo personal para diversas entidades y personas. También escribo guiones, obras de teatro, dirijo y actuó. Otra oportunidad que me ha brindado la vida es la de escribir sobre el teatro que se sigue vivo, eternamente vivo, y poder difundirlo.

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