La segunda vida de Viola Wither, de Stella Gibbons

La segunda vida de Viola Wither, de Stella Gibbons

Las chicas de diecinueve años pueden clasificarse en dos grandes grupos: las que tienen claro que se casarán pronto y las que saben que existe una posibilidad bastante grande de que no se casen nunca. Viola Thompson, única hija de Howard Thompson, copropietario de Burguess and Thompson, Ropa de Señora, había pertenecido sin duda a esta última clase.

Stella Gibbons nos relata la historia de Viola, una vulgar dependienta, que, a pesar del desolador panorama citado, consigue casarse con Theodore Wither, un rollizo “joven” de 41 años perteneciente a la alta burguesía rural inglesa. Pero esto es sólo el principio: la escritora inglesa (Londres 1902) que alcanzó un éxito instantáneo con la novela La hija de Robert Poste, publicada en 1932 y galardonada con el Prix Femina- Vie Heureuse en 1934, consigue con esta sátira describir la situación de la mujer en la época de entreguerras e ironiza con humor británico sobre la sociedad de entonces.

La situación inicial es que, la joven Viola, un año después de su boda con Theodore, pierde a su padre y sólo recibe en herencia la poco respetable suma de 30 libras.. Sorprendida, Viola descubre que el señor Thompson, llevó su amor por el teatro en general y por Shakespeare en particular hasta el punto de bautizar a su hija con el nombre de la heroína de su comedia Noche de Reyes y le proporcionó una infancia feliz pero ha dilapidado los escasos dividendos de su negocio en ayudar a la Asociación de Actores de Chesterbourne, la localidad en la que viven.

Confusa y desorientada ante este comportamiento, Viola se gasta las 30 libras en trajes y fiestas pero repentinamente, también su marido muere atropellado y ella descubre horrorizada que, la herencia del que creía su rico su marido, consiste en 70 libras. Theodore heredero de una gran fortuna, no ha seguido los pasos de su padre, se ha conformado con un modesto empleo en el negocio de la familia y no ha ahorrado ni una mísera libra en toda su vida, despreocupado de todo una vez satisfecho el que fuera su mayor anhelo: que una joven bonita y sencilla como Viola estuviera dispuesta a formar una familia con él. Así es cómo Viola se ve obligada a aceptar la oferta de los Wither que se sienten moralmente obligados a invitar a su joven nuera a vivir con ellos en su hacienda The Eagles, una enorme casa de estuco gris en las afueras de Sible Pendle, cerca de Chesterbourne en el condado de Essex.

El señor y la señora Wither conviven en su mansión con sus dos hijas solteras: Madge, de 37 años, fornida joven amante del golf y del tenis y Tina, de 35, permanentemente ocupada en controlar sus rebeldes rizos, ambas temerosas y dependientes de su padre, un hombre con cierta renuencia a gastar dinero, siempre preocupado por el estado de sus acciones y depósitos, pero que no duda en gastar lo necesario para mantener dignamente a su familia y, por supuesto, su mansión, con la inestimable colaboración de su sumisa esposa que dispone de un servicio compuesto por tres sirvientas beatas de mediana edad, Fawcuss, Anne y Cook que con su fe, la radio y la desaprobación de casi todo, se dan por satisfechas. Cuando Viola llega a The Eagles, el señor Wither también acaba de contratar un chófer-jardinero, Saxon Caker, un joven de la localidad, ambicioso y vulgar pero con un atractivo sin rastro de afeminamiento que seduce a hombres y mujeres por igual y que se va a convertir en uno de los protagonistas de la historia.

Separada de la mansión de los Wither por un pequeño bosquecillo, se encuentra Grassmere, una casa elegante propiedad de Victor Spring, el joven más rico de la comarca, en la que se dan las mejores fiestas y con el que sueñan, o en algún momento han soñado, todas las mujeres de Chesterbourne. Siempre ocupado en amasar más dinero del que ya tiene, a los treintaitantos Victor no se ha casado aún pero mantiene una relación con su amiga de la niñez, Phyllys Barlow, una bellísima joven cuyo ideal de vida consiste en la búsqueda constante de placeres convencionales, placeres que rara vez duran demasiado y suelen costar una buena cantidad de dinero que espera pronto corran a cargo del que considera será indefectiblemente su marido. Grassmere está regentado por la viuda del padre de Victor, el Sr. Spring, del que heredó una desahogada posición económica, acrecentada diariamente por su hijo que le permite dedicarse exclusivamente a vivir sin más preocupaciones que el arreglo de la casa y el jardín, las compras de muebles o caprichos en la ciudad y, sobre todo la adquisición de vestidos y joyas para deslumbrar en la temporada social londinense que abarca de febrero a julio, coincidiendo con la reapertura del Parlamento, durante la cual se suceden los actos sociales y de entretenimiento para los políticos y sus familias que se congregan en la ciudad en estos meses.

El relato comienza con la llegada de Viola a la mansión de los Wither donde es recibida con indiferencia por parte de todos menos de Tina que anhela desesperadamente tener cerca a alguien con quién compartir sus inquietudes, últimamente muy acrecentadas por la lectura de Las hijas de Selene, un libro sobre psicología femenina escrito por la doctora Irene Hartmuller que aconseja a sus lectoras que deben enfrentarse a su propia naturaleza aunque advierte que la verdad sobre uno mismo puede avergonzarles, espantarles o provocarles rechazo.

La verdad sobre sí misma que Tina acaba de descubrir es que, al contrario de su hermana Madge, autoconvencida de que un perro en el que concentrar su afecto, podrá borrar el recuerdo de un novio militar que la abandonó para irse a la India, ella no aprecia en lo más mínimo a su familia, ni siquiera a su recientemente fallecido hermano Teddy y solo la presencia de Saxon, el atractivo chófer, parece colmar sus anhelos. Pero Viola, poseedora de un ingenuo snobismo, no contempla la idea de que alguien pueda enamorarse de Saxon, un hombre que tiene que trabajar para vivir y está sumergida en sus propios problemas. En su primer día con los Wither, después de tomar el té y conocer a la familia, como nadie le dice que puede hacer hasta la hora de la cena, se va a su habitación amueblada con todo tipo de armatostes procedentes del resto de la casa, abre la ventana y se dedica a contemplar el paisaje:

Hacía una noche preciosa. El viento había cesado y el sol se había puesto tras nubes de un rojo coral. El aire estaba templado y olía a hojas nuevas. Había salido una estrella y en el bosque, ya en penumbra, cantaba un tordo. Todo se conjugaba para partirle el alma a cualquiera con un mínimo de sensibilidad, así que Viola rompió a llorar.

Tal como nos indica la narradora, si esta fuera una historia realista, los anhelos serían igualmente desagradables, pero como estamos aquí para divertirnos y pasar un buen rato, debe dejarse claro desde ya que se trata de preocupaciones inocentes.

A pesar de esta declaración, Stella Gibbons muestra con lucidez y agudeza la situación de la mujer en la Inglaterra de entreguerras y consigue describir a la perfección una época añadiendo abundantes notas referentes a libros, canciones y poemas de éxito en esos años. Y al mismo tiempo que desgrana una romántica intriga, traza un retrato psicológico de los personajes que rezuma resabios de la mejor literatura inglesa.

De acuerdo: no es Jane Austen, ni Henry James, pero después de leer esta novela me he quedado con la misma agradable sensación que deja un After Eight, esa fina y mentolada chocolatina tan británica y deliciosa como la portada del libro, un elemento siempre destacable en los libros publicados por IMPEDIMENTA.

La segunda vida de Viola Wither, de Stella Gibbons, IMPEDIMENTA 2013

 

Autor

Concepción Muñoz Llorca
Nací en Barcelona. Desde niña, leía todo lo que caía en mis manos hasta que crecí y fui volviéndome selectiva. A los 40, entré a trabajar en una productora de cine (Tesauro) y llegué a ser productora ejecutiva de programas para la televisión pública y privada, pero no estaba satisfecha; En 2004 me fui a Guadalajara para encargarme de la Dirección de un Centro de Acogimiento Residencial para menores extranjeros. Durante seis años el trabajo social colmó todas mis expectativas, pero siempre encontré tiempo para seguir leyendo. Ahora, en Madrid, prejubilada y con 64 años, me gusta compartir con vosotros mis lecturas e impresiones a través de mis reseñas.

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