La sabiduría menguante

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¿Y si la evolución cultural humana fuese a la inversa de lo que nos han contado? ¿Y si la humanidad evolucionase de un mayor conocimiento y sabiduría a un menor conocimiento y sabiduría?

Bien pudiera ser. En el ámbito científico, ¿no se busca en física la teoría del todo? Que no sería sino la reducción a una sola fórmula matemática de todo el saber sobre el mundo físico.

Y en el plano de las humanidades, ¿acaso hemos avanzado algo desde los tiempos de Homero, pongamos por caso? ¿Y no se podría hablar mejor de un retroceso al repetir indefinidamente las mismas fórmulas básicas en la literatura?

¿O es que somos siempre los mismos? Yo creo en una evolución cultural, que ha ido decantando al ser humano desde tiempos prehistóricos con distintas fases y momentos hasta llegar…¿a qué?

La experiencia nos da la ocasión de errar. Esto es, a más experiencia, más supuestos conocimientos previos refutados. ¿Si llegamos a ser, poco a poco, lo suficientemente tontos, moriremos en paz?

¿No se reduce todo, acaso, a eso? Poder morir en paz.

Puesto que no somos inmortales, cada ser humano está condenado a repetir en su propia e intransferible vida los gestos, actitudes, emblemas y trasgos de todos sus antepasados… La ontogénesis repite la filogénesis.

Y la muerte de un hombre repite la del Hombre. Si esto es así, a cada nuevo paso nos iríamos desprendiendo de la ganga que nos envuelve hasta casi asfixiarnos para acabar, con la dosis de libertad justa para poder morir.

Vivir para una buena muerte…pero, ¿no habían quedado los tiempos modernos en que nada de todo esto era o iba a ser ya así? El ser humano, alado, libre de sus ataduras, ascendería a cada instante hacia los cielos del conocimiento propio y del mundo.

¿Habrá que repensar esta última fase de la Humanidad? ¿Volver grupas quizá?

Y aprender a concitar el sueño silente de los que no quieren soñar porque su vida diurna es lo suficientemente dadivosa como para tener que plantearse una propina nocturna.

Perder conocimiento y sabiduría a cambio de una vida nueva y feraz, casi sin presente, sólo con pasado y el futuro justo para que quepa en él nuestro ataúd.

Se suele decir que el amor es una enfermedad, pero yo añado, y que sólo a ratos parece que nos extingue. ¿El amor nos lleva en volandas desde el pasado hacia el futuro que queremos, que deseamos vivir?

Soñar que no moriremos…ese es el juego de la muerte. Mientras el amor nos hace jugar a otra cosa…a soñar otra cosa.

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José Zurriaga

Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

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