La rueda del conocimiento

La rueda del conocimiento

 

¿Se podría decir quizá, que los dioses están aforados por los mitos? El fuero, que se transcribe en miles de aforismos…hasta dar lugar al huevo, que sería toda una ley hecha y derecha…

La ley, de derecho divino en origen, es propia del monarca absoluto. Una ocasión para mitificarse. Cuando el mito se abandona a sí mismo desde las alturas surge el reglamento, que desarrolla las leyes en época burguesa, ya sólo farragosas y técnicas estructuras…y que es la ocasión -el reglamento- para la mitificación de la burguesía.

En efecto, los entresijos de la burocracia administrativa supuran o están bañados en reglamentaciones que son el caldo de cultivo ideal para que la burguesía calque los mitos de antaño, del absolutismo, pero ya en tenue d´opéra (vestidos para la ópera).

La ópera, belcantista o verdiana, con sus teatros de herradura hechos para las pequeñeces burguesas sin olvidar el gallinero de la plebe, porque con astucia, la burguesía introduce pequeñas dosis de veneno para autoinmunizarse.

Pero los dioses ya no están en los escenarios como antaño hasta el XVIII, con sus ritos y mitos, transcritos como gotas, palabra a palabra, para destilar la hidromiel con que se sacian. Los dioses ya son humanos, demasiado humanos y si gustan del espectáculo es à huis clos (a puerta cerrada).

Hemos pasado de los dioses a los hombres, con el intermedio del rey absoluto, un semidiós, que es como hablar de la deconstrucción del fuero en sus miles de aforismos…pero, ¿llegaremos a ascender al huevo, ley hecha y derecha?

Quiero decir, ¿reconstruiremos la rueda del conocimiento ya no por norma interpuesta sino directamente, echando mano de los hombres hechos y derechos?

¿Qué sería ello? El superhombre nietzscheano es un ejemplo, ¿el nazismo, el stalinismo? ¿Será acaso nuestro tiempo posterior un intermezzo indefinido hasta que vuelva a girar la rueda?

Nuestro tiempo, ¿será del amor menesteroso, que es acompasar el corazón -preferiblemente sin taquicardia-, y los pies -de camino en trocha y de monte al río-, y el aliento, y las nubes que genera, llueva o haga sol, al otro?

¿Será amar solamente, nuestra condena? Nadie se tomaba en serio al amor en otras épocas, ni siquiera , aventuro, con el romanticismo que es, más que nada, un prurito, una reacción a siglos de entretejidos mitos y leyes.

¿Habremos nacido, en verdad, para amar y punto? Si no, ¿qué nos queda? La ciencia de nuestro tiempo se asemeja a la clepsidra en que le falta una gota de lluvia en las venas. La ciencia se ha burocratizado y estandarizado, las investigaciones se despliegan como grandes maniobras militares en el terreno del conocimiento…

Y si no podemos echar mano de la ciencia, último bastión de la milenaria rueda del conocimiento, será, repito, ¿que no nos queda otra salvo amar?

Y si es así, roguemos, hombres y mujeres, por la eterna salvación de nuestro cuerpo, último bastión del devenir humano, despojado del alma y aun del espíritu…sólo cuerpo.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

2 comments

  • Javier Ubach Belluga

    Como rueda de molino nos traslada José Zurriaga a través de distintas épocas y estratos sociales, mostrándonos sus luces y sombras. Su movimiento no carece de argumentos con los que girar y girar, siempre debidamente suministrados por la exquisitez de su autor.
    Opino que para alcanzar esa eterna salvación que nos citas quizá debamos regresar al primigenio ser humano, donde su espiritualidad era una solución de continuidad con su entorno. ¿Y la ciencia? Los avances en muchos aspectos cortaron el lastre que nos mantenía subyugados al irraciocinio como especie, condenándonos por otro lado a la disminución, y en ocasiones, carencia total de humanidad. Bueno sería su recorrido en paralelo (mamíferos y ciencia), para converger de manera natural cuando se demande y despojarnos del tic invasivo del que abusamos. Por supuesto, siempre nos quedará el amor, que en mantenida simbiosis por parte de sus miembros, posee la mágica cualidad de multiplicarse de forma análoga al procurado a los hijos.
    Y que la rueda siga girando y girando sabiamene aleccionada por José.

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      Muchas gracias Javier Ubach por tu enjundioso comentario. Recorres todos los temas y motivos del artículo dando razón de su articulación interna y avanzando posibles nuevos desarrollos…Muchas gracias de nuevo.

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