La ronda (o de la contemplación a la serenidad)

La ronda (o de la contemplación a la serenidad)

 

La contemplación requiere esfuerzo de concentración mientras que la acción requiere de esfuerzo expansivo. En conjunto, son la acción-reacción del pistón que mueve la vida.

Si sosiegas tu alma, tu cuerpo seguirá, si sosiegas tu cuerpo, tu alma te perseguirá.

La vida del contemplativo está plagada de sobresaltos, pequeños acontecimientos telúricos que le impiden contemplar.

La vida del activo hormiguea de vacíos y calma chicha que le impiden la acción.

En valores absolutos, la vocación del uno es la realidad del otro.

El sosiego es el camino de la paz, tanto como el cuerpo es el camino del alimento y del espíritu, la parada y fonda de la sal de la vida.

Contempla y tiene fe quien ha sabido sublimar su tendencia innata a la pasividad, en cambio actúa y disiente quien sigue su tendencia natural a la actividad.

Pero únicamente logra convencer y comprender quien sabe padecer pasivamente -valga la redundancia- su actividad, al tiempo que la hace padecer al mundo y a los demás.

En silencio.

El silencio es el puñal que mata todos los corazones, pero ten cuidado al empuñarlo porque su uso exagerado te hará mudo.

Y su corolario:

Para el vulgo, el silencio es la mejor de todas las respuestas con excepción de todas las demás. Para el sabio, el silencio es la peor de las respuestas con excepción de todas las demás.

Siempre, el sosiego es la paz merecida que sobreviene al espíritu cuando el cuerpo es invitado a ir de paseo. Pero esos campos de flores esmaltadas que pisa no son sino alfombras de pensamientos sensibles.

Y están veteados de nudos de dolor ordenados según un dibujo que recuerda mucho a lo mejor de uno mismo.

La serenidad es el arma con que nos batimos en duelo contra la eternidad, para tener alguna oportunidad de ser alcanzados por ella.

La serenidad es el punto de partida para ir en busca del conocimiento del alma, y algunas veces, cuando el alma es más sintiente, el punto de llegada.

La serenidad implica quietud absoluta, porque todo el universo se precipita en torno a ella.

Serenidad es llegar a oír el graznido del cisne, cuando los demás sólo te ven como un cisne que bate las alas en medio de un lago plácido.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

2 comments

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    Silencio, fe y serenidad llevan al ser humano a la más absoluta contemplación; a través del pensamiento y la sublimación de éste llegamos a una de las vías de la espiritualidad o pura contemplación de nuestro ser.. El Alma se relaja y se eleva, mira a lo más alto para contemplar la vida a través de la estética y la belleza. De ese modo el Alma es capaz de fundirse con el arte, con las filosofía, con otros mundos posibles, con la armonía de la VIDA.

    Zurriaga indaga en la contemplación hasta las últimas consecuencias donde mete el dedo en la llaga y llega a lo más profundo del ser humano, su Alma. Mente y cuerpo, Alma y espíritu se funden y ascienden por medio de la paz y del sosiego en una sociedad en la que nunca tenemos tiempo para nada. El paso de las horas, los relojes, las prisas y los atropellos, la actividad y la acción continua nos frenan, nos paralizan ante el acto de la creación artística o literaria y por tanto, de la paralización de los sentidos ante la pura belleza.

    Pararse, hacer un “alto” en el camino, observar y medir las distancias, ver los problemas de la vida desde fuera como meros observadores y adentrarse de forma objetiva y sutil en la mente de las gentes que nos rodean…induce a veces a percibir una nueva perspectiva del mundo.

    Me ha apasionado el artículo de José Zurriaga por el tema y por la forma tan elegante de abordarlo; me parece que es muy lógico, bien estructurado y denota una gran sensibilidad, belleza y armonía en cada una de sus palabras. Infunde paz, relax y tranquilidad.

    Muchas gracias pensador, José Zurriaga. Tus palabras me llegan al Alma.

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      Muchísimas gracias a la escritora Almudena Mestre, por sus bellas y hondas palabras que relacionan mi artículo con temas e ideas fundidos y refundidos para llegar a avistar la paz última que sobrevuela los escenarios del sosiego, el silencio y la serenidad. Blande nuestra comentadora el arma útil y poderosa de su verbo ahíto de sueños y realizaciones para dar forma nueva a temas antiguos y muy conocidos, tan conocidos que nos conforman a todos.

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