La Quinta Estación del Puto Vivaldi, de Carlos Atanes

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Marta Tímón escribe en el programa de mano: “La Quinta Estación del Puto Vivaldi, de Carlos Atanes, es un texto poético, sonoro, que nos acerca a la supervivencia, al deseo, al dolor, a la soledad, a la locura y también al amor de este personaje solitario que nos habla, nos tutea, nos vapulea y nos arenga desde el espacio escénico”.

De todo lo escrito por la directora Marta Timón,  me quedo con que es un texto sonoro. La Quinta Estación del Puto Vivaldi, de Carlos Atanes, es un diálogo infinito entre las varias voces que nos habitan y que conforman el Yo. Atanes muestra un personaje que ya ha consumido la parte grande de su vida y hace balance, pero como sigue vivo continúa disputando batallas abstractas sin continuidad lógica tal y como se estructura el propio pensamiento. Unos pensamientos en este caso verbalizados, que no alcanzan a tener mayor significado que la propia contradicción que habita en cada uno de nosotros y que nos asaltan sin previo aviso, de una manera aislada sin un antes ni un después, porque solo pertenecen a un suma y sigue de un material inasible. A veces se torna patético, a veces cómico, para darnos un respiro, siempre con vocación univoca, obsesiva y con un discurso repetitivo por mas que se vista con diferentes trajes. Es como un mantra en forma de conjugación verbal: si yo hubiera o hubiese, si tú fueras o fueses, si yo amara o amase, coherente dentro de la cadena de pensamiento, pero imposible de entender visto desde fuera, porque para el que lo expresa la importancia está en el matiz enriquecido y coloreando durante toda una vida, y para el que lo escucha no es más que la misma idea repetida.

La función no es fácil y la importancia la tiene la sonoridad del texto, y el como se dice. Un texto dicho, repetido y saboreado. Mata Timón, sitia a su personaje con acierto en un reducido espacio, iluminándolo con una luz mixta, por una parte la luz del foco escénico azul, y como ornamento o parte de la cotidianidad con una triste bombilla.

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Joaquín Hinojosa en un retrato esplendido de Jacobo Medrano, caracterizado para la función “La Quinta Estación del Puto Vivaldi” de Carlos Atanes, dirigida por Marta Timón

El personaje nos espera con unas gafas de aviador, y una indumentaria indefinida, sin tiempo, por más que nos recuerde a un superviviente perdido en un paraje indefinido, quizá la vida misma. El personaje único y suficiente lo representa Joaquín Hinojosa, un actor excepcional que se apodera del texto y lo hace suyo, reflejando en la mirada un viaje en el que va desnudando su verdad, con unos ojos marcados por la derrota, manejados con la destreza de los grandes actores que cuando se encaran al público, parece que están representado solo para ti, una difícil alquimia que solo a veces se consigue, y es el momento mágico del hecho teatral en que emisor y receptor son uno.

Joaquín Hinojosa, hipnotiza al púbico con este texto hermético de Atanes, que es un trabalenguas infinito, que en la boca del actor brota con una facilidad inexplicable que te hace seguirlo como si fuera un cochecito de en una montaña rusa, que la magnífica voz de Hinojosa, sube, baja poniendo el texto del derecho y del revés, con la misma facilidad de la estrategia del agua para colarse por las rendijas.

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Los efectos sonoros están bien logrados y cuentan con las voces de los actores Miguel Hermoso y Roberta Pasquinucci y de la directora Marta Timón.

El trío Atanes, Hinojos, Tarín, nombrados por riguroso orden alfabético,  ofrecen un función muy compacta en la que no queda delimitado donde acaba el trabjo de uno y donde da comienzo el trabajo del otro, quien da la cara es Joaquín Hinojosa, y el actor prende al público, por más que algún espectador al salir se pregunte, que me han contado, la respuesta sería, quizá nada porque la función para mi es un estímulo, una emoción como el colorido fugaz de un fuego artificial, y eso es suficiente.   

 

 

Título: La Quinta Estación del Puto Vivaldi / Texto: Carlos Atanes / Dirección escénica: Marta Timón / Interprete: Joaquín Hinojosa / Con las voces de Miguel Hermoso, Roberta Pasquinucci y Marta Timón / Con la colaboración de Marc Álvarez y Jacobo Medrano / Fotos: Jacobo Medrano

* Está crítica se escribió después de asistir a una función de el día  el 2 de noviembre de 2014, en la Sala El Umbral de Primavera -Madrid-

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Luis Muñoz Díez

Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador. Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo. Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.

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