La poesía de Miguel Veyrat: “Poniente”, lenguaje mismo y realidad franqueable.

La poesía de Miguel Veyrat: “Poniente”, lenguaje mismo y realidad franqueable.

La poesía comprende una forma de comunicarse que, Wittgenstein, incluía en lo místico; aquello que no se puede decir. Lo intraducible, sin embargo, necesita incluso de la lengua para manifestarse, para explorar sus límites expresivos en cuanto a significado y forma. Lo que sucede en la poesía de Veyrat, como en la poesía de románticos y malditos, es que la forma se convierte en expresión de un mundo con límites franqueables: “Ahonda la lengua/ un surco, afinando aquel acorde/ que te hará virgen de nuevo. / Ella se torna en yo –sin dejar de ser aquél, / en inocente alfabeto/ de lengua también muera” (pág. 47).

Es un mundo con límites franqueables porque la poesía de Veyrat prende en el mundo de los márgenes, donde las realidades no son enteramente fijas e inmutables, donde los referentes son dinámicos y adquieren una densidad semántica mayor según la forma del verso que el poeta maneja con técnica rigurosa, consciente porque la turbación está en la experiencia previa a la escritura: Expulsarme/ para siempre de este territorio/ que no pude elegor y no es el mío” (pág. 88) .

En la poesía de Veyrat, la estructura del verso se dirige con voluntad de no ser espontánea, sino de dejar firme constancia de la creación que asume el poeta en el mundo y en el pensamiento del mundo como una lengua propia: “Sí. Yo soy la Cosa y acaso/ el Otro primordial/ que alimentó tus peores sueños./  Soy quien arde solo/ bajo la zarza. Tu objeto/ perdido según Lacan. Yo/ el imposible(…)” (pág. 82) Escribió El Greco sobre la pintura de Tiziano que era “primera luz” y esa “primera luz” que refunda el mundo en Poniente proviene de un mundo increado que solamente existe desde la escritura personal de Veyrat, puesla realidad sostenida en los versos depende de la experiencia de la vida en el lenguaje  y del lenguaje mismo que lastra con inefable sensibilidad: “Deja/ que el lenguaje/ te domine –que/ penetren en ti los verbos/ como duras pedradas por los sesos.” (pág. 40).

Poniente, en Bartleby Editores, comprende el trabajo riguroso del creador que despierta a la experiencia desde el lenguaje y que reconoce el convencimiento de su derrota. Veyrat sabe que el hecho de profundizar en la totalidad con el lenguaje es inútil, y, sin embargo, necesario para explorar las posibilidades que resurgen desde la visión caótica y azarosa del mundo: “Querría interceptar este rayo que/ se alza desdeñoso ante la palabra perdida que aún/ no puede pronunciarse” (pág. 23).

La aceptación de esta derrota conviene que el poema, surgido de la conciencia, sea una experiencia interna que se verbaliza desde la carencia del lenguaje para expresar lo sentido, aunque Veyrat supera esa pérdida  desde la virtualidad de su intuición y de su técnica. En palabras de George Steiner, la poesía, pese a su incapacidad para nombrarlo todo, dará al hombre una morada: “(…) Y prácticos verbos/ para recrear dolor/ o amor sobre distintos objetos./ Y creer así que existimos,/ hasta quedar mudos para siempre” (pág. 69).

Fiel a su simbolismo de resonancias clásicas y anglosajonas, sus versos, con un acentuado progreso de depuración a lo largo del tiempo, fundan el  mundo desde la metáfora y desde la intertextualidad. Lo que conduce a Veyrat a su convicción de que el verbo destaca sobre lo visible, pues precisamente el mundo es in-visible a través de la palabra como forma, como reverberación de otra palabra que intenta definirlo real: “Fango fango negro adán. Fallaba/ el instrumento: Apelaron más poetas/ para medir lo exacto. Más voces/ mal traducidas transitan turbia/ rapsodia gas cristalizado.Abolida/ John Donne tu profecía. Thoushaltnot die!” (pág. 115).

Nada es accidental en la poesía de Poniente. Todo está sustantivado bajo la querencia y la imposibilidad; en ese conflicto madura su lenguaje incandescente, de barrocas resonancias: “Si pensar el mundo fuera hacerlo de nuevo/ más valdría saltar la página –y ni/ siquiera escribirlo. Quiero/ hoy pensar contra mí mismo/ y borrar hasta mi nombre”. (pág. 88)

Sus anotaciones, sus ecos metaliterarios, sus citas, el uso del inglés, por ejemplo, evocan esa mismidad literaria que el verso de Veyrat necesita para comunicar el-más-allá-de-la-vida, el-más-allá-de supropia literatura desde otras voces como Pound, Leopardi, Mallarmé o Machado. La búsqueda en vano de los profusos significados que no distinguen lo real de la experiencia literaria aleja a Veyrat de todo sentimentalismo y tono elegiaco. Su poesía pertenece a la incertidumbre, a esa necesaria revelación por averiguar, sin conciencia del tiempo, la capacidad del verbo. Su epifanía, cuando prende su voz auténtica en la memoria de unas páginas escritas por un desasosiego silencioso: “Sobre un arco de mente en mente funda/ las formas de alzar techos/ al viento con la luz pautada en palabras/ o cifras de febril amargura./ Así elevaste tú estos cantos en su honra” (pág. 131).

Poniente, Miguel Veyrat, Bartleby Editores (2012). 

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Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED. Fue Premio Nacional Fin de Carrera en 2000 y Premio Nacional de Poesía Creación Joven de Murcia en 1998. Ha publicado varios libros sobre temas educativos. Es redactor de la revista Empireuma y autor de la novela infantil Terra d´espirits. Ha publicado una novela de terror psicológico para adolescentes (La memoria del cuervo); otra dirigida tanto a jóvenes y adultos (Rostros de tiza) y en breve publicará un libro infantil: Una semana con Buchú.

One comment

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    En este excelente artículo de Manuel García Pérez se hace una fuerte referencia al carácter de la forma rigurosa en la poética de Miguel Veyrat.
    En efecto, es precisamente ésta, la que según mi punto de vista, adquiere la extraña y misteriosa experiencia que los matemáticos y topólogos, August F. Möbius y Johann B. Listing dieron a la torsión de una simple banda o cinta.
    Es entonces cuando la potencia de su “mundo interior”, que no puede decirse que es tal desde el momento que ha comulgado con voces como “Pound, Leopardi, Mallarmé o Machado” y desde luego los clásicos, junto a ensayos filosóficos destacados como los de María Zambrano; o las experiencias como corresponsal en zona de conflicto o el mismo exilio, signifiquen ese “mundo exterior” al cual puede apelarse en la construcción de la forma poética.
    Desmentida esa dicotomía, en el sentido de mundo interior-mundo exterior, Miguel Veyrat hace de su forma poética un mundo. Como asevera Manuel García Pérez “…En la poesía de Veyrat, la estructura del verso se dirige con voluntad de no ser espontánea, sino de dejar firme constancia de la creación que asume el poeta en el mundo y en el pensamiento del mundo como una lengua propia: “Sí. Yo soy la Cosa y acaso/ el Otro primordial/ que alimentó tus peores sueños/ Soy quien arde solo/ bajo la zarza. Tu objeto/ perdido según Lacan. Yo/ el imposible (…)” (pág. 82) “
    Y agrega: “Es un mundo con límites franqueables porque la poesía de Veyrat prende en el mundo de los márgenes, donde las realidades no son enteramente fijas e inmutables, donde los referentes son dinámicos y adquieren una densidad semántica mayor según la forma del verso que el poeta maneja con técnica rigurosa, consciente porque la turbación está en la experiencia previa a la escritura: Expulsarme/ para siempre de este territorio/ que no pude elegir y no es el mío” (pág. 88).”
    El camino de hormigas que imaginara el artista holandés Maurits Cornelis Escher nos pone en la pista de ese mundo, el de la construcción de la arquitectura poética de Miguel Veyrat donde el deslizamiento de la palabra supone una superficie no orientable, es decir que el sentido del vector normal no se mantiene. De ahí la pura incertidumbre en la odisea.

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