La mente, esa rara forma del cuerpo

La mente, esa rara forma del cuerpo

 

Caminar por suelos pedregosos, sintiendo a cada paso el mordiente de la piedra, te obliga a conducirte a cada momento en una diferente disposición, para conseguir mantener el equilibrio y la bipedestación.

Así, el pensamiento, mientras rueda el cuerpo con la mente por entornos que, no nos engañemos, casi siempre tienen como mínimo un punto de hostiles, tiene que engranarse e ir modificando sus ejes para, simplemente, adaptarse.

Pero el pensamiento tiene una virtualidad añadida, que es la de aprehender, incorporar, hacer suyo, retazos del mundo, a través del encadenamiento de emociones y comportamientos, en constante rodar.

Al mismo tiempo, para no morir en el empeño, debe ir reduciendo, eliminando, desechando otros tantos retazos de mundo. Así, vivir humanamente sería fijar a cada instante el balance entre pretender o incorporar, y rebatir o desechar.

Intentemos analizar qué es hacer suyos, retazos de mundo. Sería lograr modificar el aspecto de una porción del mundo para hacerlo menos agreste y así adaptarlo al pensamiento, al tiempo que el pensamiento se adapta a este.

¿Y por qué no ir ampliando porciones del mundo domesticadas por el pensamiento hasta lograr hacer de este un jardín en la Tierra? Por una simple cuestión de homeostasis: la mente se coextiende con el cuerpo.

Y no puede virar ni bogar en otros mares que los que surque el cuerpo. Así, la mente tiene un tamaño determinado que no puede ser modificado sin demasiados riesgos. Si la mente crece, rehaciendo el mundo, debe, en la misma proporción disminuir de algún modo.

Así, en el plano más sencillo de las relaciones interpersonales, en las que el mundo se reduce, pongamos por caso, a la otra persona con la que se interactúa en ese instante, hay una relación biunívoca en la cual, simultáneamente, somos modificadores y modificados.

Esculpimos la relación al tiempo que esta nos esculpe a nosotros. Y el balance tiende necesariamente al equilibrio. Al final del día no hemos creado, o recreado el mundo, más de lo que este nos ha creado o recreado a nosotros.

Somos, realmente, sencillos aparatos, sin mucha precisión, que tienen por misión fundamental, caminar por un terreno pedregoso. Y somos piedra y somos otra cosa, al tiempo.

Desde otro punto de vista, podemos imaginarnos como una bomba que incorpora una mayor racionalidad y expulsa al tiempo una cierta proporción de irracionalidad. Al cabo, racionalidad e irracionalidad se componen de los mismos elementos.

Pero ese símil tiene algunos fallos. En primer lugar, y básicamente, cómo diferenciar radicalmente, racional de irracional. Ese es un punto que la filosofía no ha conseguido dilucidar hasta la fecha y dudo que la psicología lo consiga.

Pero caminar, siempre caminar por este mundo, que no por el otro. Y a través del Otro, que es este mundo.

Autor

José Zurriaga
Soy José Zurriaga. Nací y pasé mi infancia en Bilbao, el bachillerato y la Universidad en Barcelona y he pasado la mayor parte de mi vida laboral en Madrid. Esta triangulación de las Españas seguramente me define. Durante mucho tiempo me consideré ciudadano barcelonés, ahora cada vez me voy haciendo más madrileño aunque con resabios coquetos de aroma catalán. Siempre he trabajado a sueldo del Estado y por ello me considero incurso en las contradicciones que transitan entre lo público y lo privado. Esta sensación no deja de acompañarme en mi vida estrictamente privada, personal, siendo adepto a una curiosa forma de transparencia mental, en mis ensoñaciones más vívidas. Me han publicado poco y mal, lo que no deja de ofrecerme algún consuelo al pensar que he sufrido algo menos de lo que quizá me correspondiese, en una vida ideal, de las sempiternas soberbia y orgullo. Resido muy gustosamente en este continente-isla virtual que es Tarántula, que me acoge y me transporta de aquí para allá, en Internet.

2 comments

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    El cerebro es la máquina más asombrosa del Universo, gestiona los procesos automáticos por un lado, y por otro, los procesos conscientes como por ejemplo, una elección. Siempre creemos que la percepción nuestra es la correcta, sin embargo, es mejor .fiarnos de la intuición, considerada como un proceso de adaptación a la realidad. El pensamiento racional. Inconscientemente estamos preparados a actuar por un conjunto de recuerdos que guardamos en nuestro cerebro, nos permiten reaccionar ante los estímulos. Recibimos pistas de cómo somos y cómo es el mundo que nos rodea.

    A menudo nos preguntamos, ¿El mundo real es tal como lo vemos? No es exactamente lo mismo. La realidad es distinta de cómo la vemos. Pero si nos centramos en verdad real. a lo mejor podemos pensar que no sea tal cuál la vemos. La cognición y la interacción van unidas con el mundo. No se puede probar el mundo de ahí fuera. Es muy difícil. ¿Cómo se prueba y se refuta la realidad? Posiblemente podamos concluir que un ser pensante sea capaz a través del lenguaje de dar respuesta a la realidad, a lo que está ocurriendo o a la anticipación de ella.

    La previsión y la memoria nos acercan a lo incierto y lo que fue y dejó de ser.¿Y si el tiempo es infinito y siempre somos y nunca dejamos de “ser” y de existir? El tiempo es recuerdo y esperanza desde un presente perpetuo.Todo esa actividad mental de un ser indica que posee un pensamiento, induce al razonamiento y a una descripción del conocimiento en contraposición a la irracionalidad.

    Excelente artículo, inteligente y razonado como siempre, del pensador José Zurriaga.

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      Certera como siempre Almudena Mestre. La psicología cognitiva te sirve para llevarnos en volandas a la realidad del mundo (siempre en entredicho) y a la eternidad y la vida eterna de cada uno de nosotros. Muchas gracias de nuevo, querida amiga mía.

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