En la imagen los actores Daniel Grao y Carlos Serrano La máquina de Turing, de Benoit Solès, dirigida por Claudio Tolcachir Foto Javier Naval
Se ha estrenado La máquina de Turing de Benoit Solès, con traducción de Alicia Macías y dirigida por Claudio Tolcachir, la pieza es una mirada del autor sobre una personalidad tan singular como apasionante, como es Alan Turing
Alan Turing fue un genio, como pide que le llame el sargento Ross. Aclarando “Genio sí, como el enanito del cuento de Blancanieves”. Colaborador imprescindible para encontrar la clave para descifrar el código alemán Enigma en Bletchley Park durante la Segunda Guerra Mundial, y precursor del procesamiento de datos, ancestro de la sofisticada informática de la que es hoy es impensable prescindir.
Pero los logros y la peculiar forma de ser de Turing, figura en todas las enciclopedias. Sobre su fundamental proeza se han escrito artículos, libros, teatro, como figura en el programa de mano, donde reflejan el árbol genealógico de la pieza La máquina de Turing de Benoit Solès con dirección de Claudio Tolcachir. Inspirada en la obra teatral “Breaking The Code”, de Hugh Whitemore, a su vez basada en el libro de Andrew Hodges titulado “Alan Turing: The Enigma”.
Es fascinante el punto de mira de Benoit Solès, trasciende de la historia con mayúsculas del genio. Ahonda sin juicio de valor alguno, en la soledad de su diferencia por genio y por homosexual, que reinando la misma soberana que reina en Inglaterra a día de hoy de 2020, es condenado por su condición de homosexual, dándole a elegir entre la prisión o el manicomio.
El Turing de Solès es un juguete roto, la inclemente máquina del poder no lo olvida, en un malabar ético, para que no cuente lo que le obligaron a hacer. Únicamente le redime la capacidad de aislamiento de su genialidad, que le permite andar por encima de convencionalismos, no reparando en las ofensas que se le infringen, dando solo importancia al placer logrado.
Una persona de fe, con una familia y que les guste el fútbol, tiene todas las papeletas para ser feliz, tomando gambas a la plancha y cerveza los fines de semana con sus amigos, o familia.
Turing reclama soledad para trabajar, su naturaleza no le permite disimular, ni distraerse de un fuego de artificio que fluye únicamente por su cabeza, incomprensible para otro ser humano, que puede ver el resultado, pero jamás el proceso.
La soledad de la diferente flota en la obra, una soledad que han sentido científicos, músicos y artistas, sin exclusión de los reconocidos, porque se magnifica su obra, pero no su persona.
Las dotes marginan tanto como las minusvalías, porque lo diferente suscita un miedo inexplicable, creando un estado de animadversión como si se tratase de algo contagioso.
Daniel Grao y Carlos Serrano son Alan Turing y el sargento Ross, en La máquina de Turing, de Benoit Solès, dirigida por Claudio Tolcachir Foto Javier Naval
El dramaturgo Benoit Solès imagina un quiebro del genio, que le lleva a denunciar un robo falso, porque sus dos secretos guardados en soledad pesan de manera insoportable. Su aspecto y su forma de comunicase incitan al sargento, que le interroga, a sentir desprecio. Un sentimiento que le dicta la jerarquía de su ego, al sentirse superior, pero una llamada de los servicios secretos revaloriza al denunciante, ese aval que le otorga el ente superior le sitúa en un raíl que le llevará del desprecio a la admiración.
La carpintería es excelente, juega con los tiempos logrando que la historia cale en el espectador, construye tres personajes que sazonan la pieza, propiciando situaciones para conocer el abanico de respuestas del peculiar personaje, y creando una trama que mantiene arriba el interés.
La dirección de Claudio Tolcachir es impecable, en un montaje en que la única arma es la palabra bien dicha, sin recurrir a efectos luminotécnicos o circenses con los que se colorean otras funciones, de las que yo también disfruto.
El ejercicio es tan limpio que emociona, porque recorrer el alambre con tan buen equilibrio durante toda la función, es imprescindible contar con unos buenos actores, y un director con un pulso muy firme.
Daniel Grao y Carlos Serrano, son Alan Turing y su Chulo en La máquina de Turing, de Benoit Solès, dirigida por Claudio Tolcachir Foto Javier Naval
Conozco las buenas condiciones de voz y gesto, y el buen entrenamiento del actor Daniel Grao, pero en esta función me ha asombrado su trabajo físico, afronta un personaje muy rígido por su intensa vida interior y su condición. Realizando un alarde de control de brazos y manos, que mueve con gestos suaves y precisos. Un trabajo delicado, muy elaborado, para un personaje con riesgo de caer en la caricatura, algo que en el trabajo de Grao, no hay ni asomo. Creo que quien asista a ver una función de La máquina de Turing, grabará la imagen de Turing con el físico de Daniel caracterizado del genio.
Alan Turing -Daniel Grao-, necesitaba un buen sparring, y lo tiene en el actor Carlos Serrano, que se hace cargo de tres personajes. Por los tres personajes conoceremos el abanico de reacciones y peculiaridades de Turing. Carlos compone e interpreta los tres personajes marcando bien su diferencia, pero de dos hace una recreación primorosa, el autor los perfila mejor también. Uno es el sargento Ross, de entrada, prepotente con maneras de quien está acostumbrado a interrogar, y humillar sin posibilidad de réplica. Tratando con el genio le surgen dudas sobre sus más firmes creencias, y con la vulnerabilidad de la sana “duda” muestra toda su humanidad. Otra creación es la del chulo de Turing, un pobre diablo sinvergüenza, atractivo y sensual. Una tentación a la que no puede resistirse, ni el genio quiere hacerlo, llegando a reconocerlo ante un tribunal con su inmaculada ética, en la que no hay condicionante moral, únicamente resultados.
La escenografía Emilio Valenzuela es muy eficaz, con unas proyecciones muy simples nos hace entrar en la evolución de los pensamientos del genio, sin salir del austero despacho del Sargento, o saldremos a la calle para que Turing conozca a su chulo, y conoceremos lo que exhibe en el pub Joker, un antro para homosexuales. La iluminación de Juan Gómez Cornejo se alterna sin sobresaltos con las pinceladas de imagen ideadas por Valenzuela, la música de Gaby Glodman, y el vestuario de Almudena Bautista, completan con armonía la calidad de la puesta en escena.
En La máquina de Turing de Benoit Solès, dirigida por Claudio Tolcachir se alinean los planetas que, en este caso son: los actores Daniel Grao y Carlos Serrano, escenografía, imágenes, iluminación, música y vestuario, para recordar que en el teatro la palabra sigue siendo uno potente arma para llegar, y quedarse con el espectador, y partiendo de cualquier punto estimula sentimientos opacos hasta ese momento.
Daniel Grao y Carlos Serrano, dos actores sólidos para La máquina de Turing, de Benoit Solès, dirigida por Claudio Tolcachir Foto Javier Naval
La máquina de Turing se estrenó el 22 de octubre de 2020 en Los Teatros del Canal de Madrid / Autor Benoit Solès Dirección: Claudio Tolcachir Reparto: Daniel Grao y Carlos Serrano Diseño de iluminación: Juan Gómez Cornejo Diseño de escenografía y vídeo: Emilio Valenzuela Asistencia en vídeo: Joan Rodón Diseño de vestuario: Almudena Bautista Música: Gaby Goldman Ayudante de dirección: Carlos Montalvo Traducción: Alicia Macías Casting: Rosa Estévez Comunicación: Ángel Galán Fotografías y diseño gráfico: Javier Naval Fotografías de función: Elena C. Graiño Producción ejecutiva: Olvido Orovio Dirección de producción: Ana Jelin
Desde que me puse delante de una cámara por primera vez, a los dieciséis años, he ido fechando mi vida por las películas y las obras de teatro. Casi al mismo tiempo empecé a escribir de cine en una revista entrañable, Cine Asesor. He visto kilómetros de celuloide en casi todos los idiomas, he pasado buena parte de mi vida en el teatro —sobre el escenario o sentado en una butaca— y he tenido la suerte de tratar, trabajar y entrevistar a muchos de los que antes me emocionaron como espectador.
Creo firmemente que algunas premoniciones se cumplen cuando quien las pronuncia tiene el ascendiente suficiente; y a mí, la persona con más autoridad en mi vida me dijo: “Vas a ser alumno de todo y maestro de nada”. Y así ha sido. He estudiado cine y teatro, he leído todo lo que ha caído en mis manos, he trabajado como actor y como ayudante de dirección, he escrito novelas y guiones, he retratado a toda persona interesante que se me ha puesto a tiro… y la verdad, ni tan mal. Hay quien nace sabiendo; yo prefiero morir aprendiendo.
Y aquí estoy ahora, en la Cultural Tarántula, con la intención de animaros a leer, ver cine o acudir al teatro, donde siempre nos espera una emoción irrepetible que, por un instante, nos hace creer que en la vida lo mejor está siempre por venir.
¿Puede el amor sobrevivir a la distancia y a una madre controladora? Analizamos “La tierra herida”, la nueva novela de Clare Leslie Hall ambientada en Dorset.
Crítica de María Magdalena en la Sala Gran del Teatre Nacional de Catalunya: un montaje dirigido por Carme Portacelli e Inés Boza que aplica una mirada histórica y crítica al mito cristiano, combinando discurso, escenografía espectacular y una interpretación destacada de Ariadna Gil.
Para ofrecer las mejores experiencias, utilizamos tecnologías como las cookies para almacenar y/o acceder a la información del dispositivo. El consentimiento de estas tecnologías nos permitirá procesar datos como el comportamiento de navegación o las identificaciones únicas en este sitio. No consentir o retirar el consentimiento, puede afectar negativamente a ciertas características y funciones.
Funcional
Siempre activo
El almacenamiento o acceso técnico es estrictamente necesario para el propósito legítimo de permitir el uso de un servicio específico explícitamente solicitado por el abonado o usuario, o con el único propósito de llevar a cabo la transmisión de una comunicación a través de una red de comunicaciones electrónicas.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Estadísticas
El almacenamiento o acceso técnico que es utilizado exclusivamente con fines estadísticos.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para crear perfiles de usuario para enviar publicidad, o para rastrear al usuario en una web o en varias web con fines de marketing similares.