LA JAULA DE LAS LOCAS se despide en Barcelona. 

LA JAULA DE LAS LOCAS se despide en Barcelona. 

Por NACHO CABANA

Hay varias formas de enfrentarse al montaje de La jaula de las locas que se estrenó hace algo más de dos años con éxito en Barcelona, viajó luego a Madrid y lleva desde septiembre esquivando el Covid (de nuevo) en la Ciudad Condal donde permanecerá en cartel hasta el día 10 de enero. 

La primera es verla como la segunda de las versiones españolas (la primera se estrenó en 2001 con Andrés Pajares y Joaquin Kremel) del musical de Broadway de 1983 (con libreto de Harvey Fierstein, y música y letras de Jerry Herman) que a su vez adaptaba la obra de teatro homónima de Jean Poiret que había dado lugar a la película (titulada en España Vicios pequeños) de Eduardo Molinaro de 1978 (con Ugo Tognazzi y Michel Serrault) y su remake estadounidense firmado por Mike Nichols en 1996 (con Nathan Lanen y Robin Williams), amén de a dos secuelas del film francés (de 1980 y 1985) y a una TV movie (con Christian Clavier y Didier Bourdon) en 2011. 

Así que, a pesar del fracaso de su antecedente hispano en el Apolo madrileño (menos de tres meses en cartel), La jaula de las locas es un espectáculo lo suficientemente testado como para que Nostromo live y el grupo Balañá apostaran por ella como espectáculo. 

En este sentido, la traducción y adaptación del texto que han hecho Roser Batalla y Roger Peña (con todas las reservas que supone ver la obra después de múltiples representaciones en las que, sin duda, se han ido añadiendo y eliminando texto), no siendo completamente fiel, al original tampoco cae en la banalización perpetrada, por ejemplo, el montaje español de Sister act de 2015. 

Los añadidos “hispánicos” a la historia primigenia (dudosos siempre ya que parten del supuesto que el público español solo va a entender y reírse con chistes españoles) se limitan a apartes y “morcilleo” sin ridiculizar (como ocurría en la adaptación de obra de Cheri y Bill Steinkellner) ni la época ni la localización en que se desarrolla la historia.

Las secuencias de texto están, en el montaje que nos ocupa, en general bien resueltas aunque se deberían cuidar más la dilatación temporal de algunas situaciones (el fragmento del kiwi con miel en el restaurante es interminable) como el ya citado uso y abuso de las “morcillas” más propias de una revista de la transición que de un musical de hoy en día. 

La parte musical de La jaula de las locas es, sin duda, la más acertada de manera que cuando el show empieza a hacer aguas (especialmente en el último tramo del primer acto) aparece un destello de genio que nos reconduce hacia lo que realmente hemos ido a ver. 

En este sentido, los temas La vida empieza hoy y, por supuesto, el himno LGTBI Soy lo que soy dan lugar a números espléndidos. Mención aparte merece el acierto de incluir en el cuerpo de baile, físicos de tallas por encima de la anorexia habitual que no por ello dejan de estar a la altura de sus compañeros y compañeras de volumen estándar. 

La segunda (y quizás más acertada) manera de enfrentarse a esta La jaula de las locas sea verla como un show de Àngel Llàcer quien se aprovecha de las canciones y el argumento de la función para poner unas y otros (y con ellos, al resto de los integrantes de la función) al servicio de su exclusivo lucimiento. Porque es Llàcer, no nos engañemos, la razón última de la existencia del espectáculo así como el principal reclamo para asistir a él de buena parte del público. 

 

Llàcer controla en todo momento la conexión con el respetable. No solo en el, ciertamente previsible, momento en el que interactúa con este fuera del escenario sino sobre todo en las escenas que aprovecha para dar rienda suelta a la drag que lleva (no tan) dentro. Aplauso aparte merece Llàcer cuando saca a relucir un chorro de voz que lo sitúa definitivamente lejos de lo que estamos acostumbrados verle hacer en Tu cara me suena. 

Pero hay una tercera manera de ver La jaula de las locas. Y es disfrutarla como el denodado esfuerzo de Ivan Labanda (estupendo como Georges) para que todo lo que le rodea no se salga definitiva e irreversiblemente de madre; para que sus compañeros lleguen al final de su texto sin reírse (aunque no tengo muy claro si esos momentos en los que a los actores se les olvidan sus líneas de lo bien que se lo están pasando están tan preparados como las coreografías) y la obra pueda finalizar dentro de un tiempo razonable. 

No ayuda a Labanda (en este sentido) Mireia Portas quien (sin la gracia ni el carisma de Llácer) prolonga hasta el bostezo sus intervenciones como Madame Renaud. Algo que no ocurre cuando la actriz se convierte en Marie Dindon, la esposa del Eduard Dindon interpretado por Jose Luis Mosquera (recordemos el espectacular trabajo de este actor en Priscilla), obligado a convertir con gracia su personaje de padre intolerante en un trasunto de cierto líder de la extrema derecha española que no seremos nosotros quien citemos aquí. 

En cualquier caso, es estupendo todo el apartado musical desde la dirección musical de Manu Guix y Andreu Gallén como toda la banda (más que un grupo de música, menos que una orquesta completa) a la que hay que añadir la correcta la escenografía de Enric Planas, el vestuario de Miriam Compte y la iluminación de Albert Faura. 

Un espectáculo, pues, con un pie en el respeto al original y otro en la irreverencia que cuando esta a punto de lanzarse al abismo del “todo vale” sabe contenerse y regresar a su razón de ser.  

Autor

Nacho Cabana
Escritor y guionista profesional desde 1993. Ha trabajado en éxitos televisivos como COLEGIO MAYOR, MÉDICO DE FAMILIA, COMPAÑEROS, POLICÍAS EN EL CORAZÓN DE LA CALLE, SIMULADORES, SMS y así hasta sumar más de 300 guiones. Así mismo ha escrito los largometrajes de ficción NO DEBES ESTAR AQUÍ (2002) de Jacobo Rispa, y PROYECTO DOS (2008) de Guillermo Groizard. Ha dirigido y producido el documental TRES CAÍDAS / LOCO FIGHTERS (2006) presentado en los festivales de Sitges, DocumentaMadrid, Fantasia Montreal, Cancún y exhibido en la Casa de América de Madrid. Ganó el premio Ciudad de Irún de cuento en castellano en 1993 con LOS QUE COMEN SOPA, el mismo premio de novela en castellano en el año 2003 con MOMENTOS ROBADOS y el L´H Confidencial de novela negra en 2014 con LA CHICA QUE LLEVABA UNA PISTOLA EN EL TANGA publicada por Roca Editorial. Acaba de publicar en México su nueva novela VERANO DE KALASHNIKOVS (Harper Collins). Su nueva serie, MATADERO, este año en Antena 3 y Amazon Prime.

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